Brazos en jarra, respiración entrecortada, tos, deshidratación, mirada perdida... Los Cavaliers perdieron el miércoles el quinto encuentro de la final de la Conferencia Este ante los Celtics y, a pesar de quedar a un partido de la eliminación, lo más preocupante es que LeBron James pareció humano por un día.

El estelar alero de Cleveland, de 33 años, ha disputado una de las mejores temporadas de su carrera y está firmando uno de los mejores playoffs de siempre, pero ante Boston mostró una cara desconocida hasta entonces: la de la mortalidad.

“Tuve mis momentos (de cansancio), pero pienso que todo el mundo en este punto está cansado o agotado, sea cual sea el caso. Estoy bien”, dijo tras el partido en conferencia de prensa.

James, en su decimoquinta campaña como profesional, jugó por primera vez los 82 partidos de la temporada regular, lideró la liga en minutos disputados y en las eliminatorias por el título apenas ha gozado de descanso.

El alero arrancó el choque totalmente imparable, con 16 tantos al descanso y una serie de 7/9 en el lanzamiento, pero finalizó con 26 luego de terminar con 11/22, 4/13 a partir de entonces.

Además, perdió seis balones y, con él sobre la pista, Cleveland fue 11 puntos peor que sus rivales. Su estado físico no pasó inadvertido tampoco para sus contrincantes.

“Sí, lo vi (que estaba cansado). Le lanzamos un montón de jugadores (para defenderle). Tiene que hacer mucho por su equipo, obviamente todos lo saben. Estos partidos se están jugando bastante deprisa. Al final del día, todo el mundo está cansado”, comentó Marcus Morris tras el choque.

Un caso único

La historia del torneo demuestra que, a punto de cumplir 34 años, los deportistas ya han comenzado una marcada cuesta abajo; no obstante, en el caso de LeBron, ha parecido todo lo contrario... hasta el miércoles.

En esta postemporada promedia 33.2 puntos, 8.8 rebotes y 8.8 asistencias en 40.6 minutos con un acierto de 54,7% en sus lanzamientos, mejorando los registros de su carrera.

James fue drafteado en la primera posición en el 2003, pero sus compañeros de clase ocupan hoy en día roles muy diferentes al suyo: Carmelo Anthony, elegido en el tercer lugar, se quedó en 11.8 puntos y 5.7 rebotes en la decepcionante postemporada de Oklahoma City Thunder, eliminado en primera ronda por Utah Jazz, mientras Chris Bosh, cuarto, está fuera de la NBA por problemas de salud; Dwyane Wade, quinto, baraja estos días la posibilidad de retirarse luego de haber sido suplente en los Cavs y los Heat durante esta campaña.

Lebron es humano pero, a pesar de ello, está a dos victorias de disputar la octava final consecutiva de su carrera, la novena en total, acompañado del posiblemente peor elenco desde hace casi una década.

Él solo fue capaz de superar en primera ronda a Indiana Pacers (4-3) y de barrer a los Toronto Raptors (4-0), el mejor equipo del este en temporada regular.

Ahora, a pesar de la tos y la falta de aire, nadie es capaz de apostar en contra del Rey, que el viernes intentará disfrazarse de héroe una jornada más para llevar la serie al séptimo y definitivo encuentro, el de los superhombres.