Por más de 80 años, México y Cuba han construido un puente de éxito forjado no solo en la música y la medicina, sino también en el deporte, con talentos en disciplinas como atletismo, beisbol y hasta futbol.

Una prueba de este legado es la canción que compuso Benny Moré en la década de los 40, un cubano que encontró en México sus mejores notas: “Pero qué bonito y sabroso bailan el mambo los mexicanos, mueven los hombros y la cintura igualito que los cubanos”.

Benny y José Martí son dos de las referencias que utiliza Alejandro Laberdesque, entrenador del multicampeón mexicano en lanzamiento de martillo, Diego Del Real, cuando habla acerca de la conexión que existe entre México y Cuba en diversos aspectos.

“Hay una identificación cultural entre el pueblo mexicano y cubano; como latinos, tenemos muchas cosas: el cubano se ríe de sus problemas y en México es igual. Somos pueblos alegres, luchadores y trabajadores. México es un país en desarrollo y me siento excelente aquí”.

El profe Laba, como le conocen, ha ganado más de 200 medallas entre campeonatos estudiantiles y Olimpiadas Nacionales dirigiendo disciplinas de atletismo en México. Nació en Cuba, pero radica en Monterrey desde 1993 y es mexicano por naturalización desde 2009.

El pasado y el presente unen a México y Cuba. También hay otras historias más recientes, como las de los hermanos Randy y Raiko Arozarena. El primero, beisbolista, encontró en México la plataforma ideal para llegar a las Grandes Ligas, pasando desde una liga semiprofesional de Mérida hasta los Rays de Tampa Bay, con quienes disputó la Serie Mundial del 2020. Su hermano Raiko es actualmente el portero titular de Cafetaleros de Chiapas en la Liga Premier (Tercera División), siendo el único futbolista cubano en nuestro país.

Randy, nombrado MVP de la Serie de Campeonato de la Liga Americana 2020 en la MLB, sorprendió al declarar que le gustaría representar a México a nivel selección en su deporte. No obstante, tras de él se encuentran casos como los de Bredni Roque, Lilián Allen y el propio Alejandro Laberdesque, otros cubanos que han sembrado y cosechado éxito para México. El Economista entrevistó a dos de estos personajes en conmemoración del Día del Migrante.

Alejandro Laberdesque: Lanzador de figuras

México apareció por primera vez en los Juegos Olímpicos en la disciplina de lanzamiento de martillo en 2016 con un ‘chamaco’ de 22 años: Diego Del Real. En ese deporte dominado históricamente por soviéticos y estadounidenses, el joven regiomontano consiguió el cuarto lugar en su primera participación con un 76.05 metros lanzados.

Eso fue posible gracias a la disciplina de Alejandro Laberdesque, nacido el 3 de marzo de 1956 en La Habana, Cuba, y quien llegó a México como entrenador de atletismo en 1993. Descubrió a Diego entrenando futbol americano universitario y lo incentivó hasta convertirlo en la carta más fuerte del lanzamiento de martillo nacional.

Como el caso de Diego, el profe Laba acumula más de 150 medallas en competencias universitarias, más de 50 en Olimpiadas Nacionales, además de la participación de sus pupilos en Juegos Centroamericanos, Universiadas y Campeonatos Mundiales, así como en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Es un parteaguas en la historia de dicha disciplina en México y, a su vez, el viaje a nuestro país fue un parteaguas en su vida. Llegó contratado a través de un convenio de entrenadores con Cuba, en el que cientos de sus paisanos emigraban alrededor del mundo para enseñar diferentes disciplinas deportivas. Aquí formó su familia y decidió naturalizarse en 2009, un proceso que le costó entre cuatro y cinco meses y en el que tuvo que presentar un examen de cinco preguntas. Aprobó cuatro.

Explica que en Cuba existe un programa nacional de deporte llamado ‘Subsistema’, que consiste en captar talentos desde la infancia para pulirlos en alguna especialidad. Esos niños reciben atención nutrimental y psicológica especializada con el objetivo de convertirse en medallistas; los entrenadores, por su parte, están obligados a tomar cursos de capacitación cada año “y la competencia es muy alta”, por lo que él incluso estudió una maestría.

“Cuba es una maquinaria de hacer atletas, médicos y músicos, es ahí donde hay oportunidades de salir y destacar. Salir de Cuba es bastante difícil”, describe Laberdesque, mientras recuerda con nostalgia que no pudo viajar a su país natal cuando su padre murió debido a restricciones políticas.

El deporte representa algo positivo que se puede mostrar al mundo desde la isla, explica: “En los países socialistas, hay renglones que se tienen que destacar. Es como si vives en tu casa y todo está mal, pero por lo menos la cocina tiene que lucir bien aunque lo demás esté en llamas”.

Laberdesque encontró en México no solo la oportunidad de formar una familia, sino de mejorar sus condiciones económicas. De acuerdo con un reporte del diario As, el salario mensual promedio de un atleta cubano en su país es de 39 dólares (772 pesos, aproximadamente), mientras que como entrenador de una universidad en Monterrey su sueldo rondaría un mínimo de 10, 000 pesos mensuales.

Apenas en septiembre de 2013, el gobierno cubano permitió que sus atletas firmaran contratos con clubes profesionales extranjeros y tuvieran la oportunidad de salir e incrementar sus ingresos, ya que esto no era posible desde 1962 debido a una reforma que establecía que el deporte no era una actividad profesional en la isla.

Raiko Arozarena: el guardián de sueños

El beisbol y el atletismo no son las únicas disciplinas en las que los cubanos han encontrado cabida en México, sino también el futbol. De hecho, Raiko Arozarena señala que este deporte es más jugado que el beisbol en su país: “el futbol es el deporte que más le gusta jugar a la gente en Cuba, pero el beisbol es el deporte nacional, el más atendido, con más condiciones y mejores estadios. Los niños ponen cuatro piedras en medio de la calle y se ponen a patear”.

Raiko fue uno de los dos cubanos registrados en el futbol mexicano profesional en 2020 y el único que terminó activo en la portería de los Cafetaleros de Chiapas, equipo de la Liga Premier. El otro era el delantero Alessandro Amador, de los Arroceros de Cuautla (también de Liga Premier), que fue asesinado en septiembre en el estado de Morelos.

El apellido Arozarena sonó en México por primera vez en 2015, cuando Randy, el hermano mayor de Raiko, desembarcó en Isla Mujeres a sus 20 años y con la ilusión de convertirse en beisbolista profesional. Se estableció en 2017, el año en el que Raiko, su madre y su otro hermano deciden también viajar a México “todo de forma legal”.

La historia de Randy llegó hasta el subcampeonato de la Serie Mundial 2020. Raiko, por su parte, comienza su camino en el futbol mexicano. Aunque en la temporada 2018-19 estuvo registrado en Venados de Mérida en la Liga de Ascenso (hoy, Liga de Expansión), no encontró regularidad como ahora en la portería de Cafetaleros.

A pesar de que radica en la tercera liga en jerarquía del futbol profesional mexicano, sueña con llegar a defender las camisetas de clubes como América, Tigres o Rayados en Primera División, así como jugar en Europa y defender a Cuba en un Mundial.

“México representa mucho, es el país donde estamos viviendo, donde nos sentimos muy bien de vivir, acá hay muchas posibilidades de muchas cosas que en Cuba no podemos tener. Estoy muy contento con este país, las personas que me han tocado nos han tratado bien”, relata el arquero que es admirador del mexicano Armando Navarrete y del costarricense Keilor Navas.

Por el momento, Raiko no piensa en naturalizarse, al contrario de su hermano Randy, quien previo a la Serie Mundial contra Dodgers, describió que le gustaría representar a México “porque tengo una hija ahí y por la parte de mi carrera que pasé”.

De concretarse, Randy emularía a Bredni Roque, halterista nacido en Pinar del Río que representó a México en los Juegos Olímpicos de 2016, obteniendo el cuarto lugar, así como a la velocista Lilián Allen, quien fue semifinalista de 100 metros planos en los Juegos Olímpicos de 2004. Así, ya sea en el beisbol, futbol o atletismo, como atletas o entrenadores, los cubanos siguen encontrando en México una segunda casa.

El deporte representa algo positivo que se puede mostrar al mundo desde la isla, explica: “En los países socialistas, hay renglones que se tienen que destacar. Es como si vives en tu casa y todo está mal, pero por lo menos la cocina tiene que lucir bien aunque lo demás esté en llamas”.

Laberdesque encontró en México no solo la oportunidad de formar una familia, sino de mejorar sus condiciones económicas. De acuerdo con un reporte del diario As, el salario mensual promedio de un atleta cubano en su país es de 39 dólares (772 pesos, aproximadamente), mientras que como entrenador de una universidad en Monterrey su sueldo rondaría un mínimo de 10, 000 pesos mensuales.

Apenas en septiembre de 2013, el gobierno cubano permitió que sus atletas firmaran contratos con clubes profesionales extranjeros y tuvieran la oportunidad de salir e incrementar sus ingresos, ya que esto no era posible desde 1962 debido a una reforma que establecía que el deporte no era una actividad profesional en la isla.

Raiko Arozarena: el guardián de sueños

El beisbol y el atletismo no son las únicas disciplinas en las que los cubanos han encontrado cabida en México, sino también el futbol. De hecho, Raiko Arozarena señala que este deporte es más jugado que el beisbol en su país: “el futbol es el deporte que más le gusta jugar a la gente en Cuba, pero el beisbol es el deporte nacional, el más atendido, con más condiciones y mejores estadios. Los niños ponen cuatro piedras en medio de la calle y se ponen a patear”.

Raiko fue uno de los dos cubanos registrados en el futbol mexicano profesional en 2020 y el único que terminó activo en la portería de los Cafetaleros de Chiapas, equipo de la Liga Premier. El otro era el delantero Alessandro Amador, de los Arroceros de Cuautla (también de Liga Premier), que fue asesinado en septiembre en el estado de Morelos.

El apellido Arozarena sonó en México por primera vez en 2015, cuando Randy, el hermano mayor de Raiko, desembarcó en Isla Mujeres a sus 20 años y con la ilusión de convertirse en beisbolista profesional. Se estableció en 2017, el año en el que Raiko, su madre y su otro hermano deciden también viajar a México “todo de forma legal”.

La historia de Randy llegó hasta el subcampeonato de la Serie Mundial 2020. Raiko, por su parte, comienza su camino en el futbol mexicano. Aunque en la temporada 2018-19 estuvo registrado en Venados de Mérida en la Liga de Ascenso (hoy, Liga de Expansión), no encontró regularidad como ahora en la portería de Cafetaleros.

A pesar de que radica en la tercera liga en jerarquía del futbol profesional mexicano, sueña con llegar a defender las camisetas de clubes como América, Tigres o Rayados en Primera División, así como jugar en Europa y defender a Cuba en un Mundial.

“México representa mucho, es el país donde estamos viviendo, donde nos sentimos muy bien de vivir, acá hay muchas posibilidades de muchas cosas que en Cuba no podemos tener. Estoy muy contento con este país, las personas que me han tocado nos han tratado bien”, relata el arquero que es admirador del mexicano Armando Navarrete y del costarricense Keilor Navas.

Por el momento, Raiko no piensa en naturalizarse, al contrario de su hermano Randy, quien previo a la Serie Mundial contra Dodgers, describió que le gustaría representar a México “porque tengo una hija ahí y por la parte de mi carrera que pasé”.

De concretarse, Randy emularía a Bredni Roque, halterista nacido en Pinar del Río que representó a México en los Juegos Olímpicos de 2016, obteniendo el cuarto lugar, así como a la velocista Lilián Allen, quien fue semifinalista de 100 metros planos en los Juegos Olímpicos de 2004. Así, ya sea en el beisbol, futbol o atletismo, como atletas o entrenadores, los cubanos siguen encontrando en México una segunda casa.

fredi.figueroa@eleconomista.mx