A Ivan Perisic lo apodaban Koka (gallina, en croata) en su infancia.

El sobrenombre no estaba relacionado con su similitud física con el animal y tampoco porque fuera cobarde. Tenía que ver con el oficio de Ante, su padre, un campesino que era propietario de una granja de gallinas y pollos en Split, una localidad a más de 300 kilómetros al sur de la capital, Zagreb.

La granja era el único sustento económico de los Perisic.

En esa localidad conoció el futbol. Siempre le gustó jugar al ataque, por eso alternó como extremo y delantero. Cuando cumplió 11 años se inscribió en el Hajuk Split, el equipo de su localidad, que entonces militaba en la segunda división croata. Estuvo en todas las divisiones juveniles hasta que cumplió 17 años y se convirtió en una de las futuras estrellas del equipo.

Pero iniciaron los problemas.

El Hajuk Split siempre lo mantuvo con un contrato de jugador juvenil; por eso, cuando los visores del Sochaux francés le ofrecieron un convenio de miles de euros, lo aceptó. A los pocos días, él, su madre y otros miembros de su familia viajaron a Francia, donde se estableció.

Los directivos del equipo croata se negaron a dejarlo ir gratis, pese a que nunca lo firmaron con un contrato profesional. Apelaron ante la UEFA y lograron un acuerdo. El Sochaux le pagó 360,000 euros por concepto de formación de jugador.

Pero había algo que no entendían los directivos del Hajuk Split: ¿por qué Perisic se fue con su familia casi inmediatamente a Sochaux cuando firmó el convenio?

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Zlatko Dalic, el entrenador de Croacia, coloca a Perisic como extremo en la semifinal ante Inglaterra. Hasta el minuto 67, los croatas se preocupan más por interrumpir los ataques de los ingleses con faltas y por reclamarle al árbitro, que por tratar de empatar el partido.

Todo cambia con un centro por la banda derecha.

El balón viaja, pero Mario Mandzukic, el centro delantero, no se encuentra en el área. Perisic arranca el costado izquierdo del área inglesa. Le gana la posición a Harry Maguire y, cuando Kyle Walker va a cabecear, se adelanta a él e impacta el balón. Nada detiene su disparo.

Es el empate en el marcador.

Perisic es el rescatista de la Selección y aún le quedan fuerzas para pelear una pelota en el aire en el segundo tiempo extra. No sólo la pelea, la gana. Y su victoria se transforma en una asistencia para Mario Mandzukic, quien anota el gol más importante de la historia de la Selección croata. El tanto es más importante que los seis que anotó Davor Suker en Francia 98.

El gol vale una final y Perisic es el autor intelectual.

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Ante no tuvo otra opción, o al menos eso es lo que dijo al diario The Guardian.

Llegó a un acuerdo con su hijo, entonces un menor de edad, para que aceptara el contrato del Sochaux. ¿El motivo? Las cosas no iban bien en la granja. Estaba a punto de caer en bancarrota y una parte de ese dinero era perfecto para que pudiera salvarla.

El muchacho aceptó.

Ante utilizó ese porcentaje para inyectarle dinero a la granja y Perisic destinó el resto del dinero para que él y otros miembros de su familia viajaran con él a Francia. Ante no quiso acompañarlos, porque dijo que debía salvar el negocio, que era el corazón del patrimonio familiar.

Al tiempo, las cosas no salieron bien para Perisic, al menos, en los primeros dos años. En Sochaux ni siquiera pudo ascender al primer equipo. Por eso se fue cedido al Roeselare, de la segunda división belga. Ahí anotó cinco goles en 17 partidos, suficientes para que llamara la atención del Brujas. Con su nuevo club tuvo su explosión goleadora. Marcó 31 tantos en 70 partidos, que le permitieron fichar con el Borussia Dortmund.

Pero en Alemania volvió a perder el protagonismo. Apenas marcó nueve veces en 42 partidos y Jürgen Klopp, entonces entrenador del BVB, lo sentó en el banquillo de suplentes.

“Cuando me siento en el banco me muero”, diría después. Klopp no tomó bien su declaración y le dijo que “cerrara la boca” y le recomendó que se comportara como un adulto. Su traspaso era inminente.

El Dortmund lo dejó en libertad en el 2013. Fichó con el Wolfsburg y luego, en el 2015, se estableció con el Inter de Milán. Ahí se reencontró con el gol. Anotó 29 desde entonces, que lo impulsaron a jugar en Rusia su segundo Mundial.

Perisic es protagonista en esta Copa del Mundo. Participó en todos los partidos y, ante Inglaterra, rescató a Croacia de la eliminación. Tal y como rescató la granja de su padre en su adolescencia.