Buscar
Bistronomie

Lectura5:00 min

No todo fermento es probiótico: Lo que debes saber antes de tomar kombucha o kéfir

image

La kombucha, el kéfir y otros fermentados ganaron fama por su relación con la salud intestinal, pero no todos contienen microorganismos vivos ni todos pueden llamarse probióticos.

Miriam Lira

La palabra “fermentado” comenzó a ocupar un lugar privilegiado en etiquetas, menús, refrigeradores de tiendas saludables y conversaciones sobre microbiota. Kombucha, kéfir, kimchi, yogurt, masa madre, tepache, chucrut o encurtidos aparecen con frecuencia como alimentos “buenos para el intestino”. El problema es que, en medio de esa popularidad, una idea se repite sin demasiados matices: que todo alimento fermentado es automáticamente probiótico.

Un alimento puede haber pasado por fermentación y, aun así, no contener microorganismos vivos al momento de consumirse. También puede tener bacterias vivas, pero no en cantidades suficientes o con beneficios comprobados para cumplir con la definición científica de probiótico. La International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (ISAPP) define a los probióticos como microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped

 Fermentado no significa probiótico

La fermentación es un proceso antiguo de conservación y transformación de alimentos. Gracias a la acción de bacterias, levaduras u otros microorganismos, los ingredientes cambian de sabor, textura, aroma y composición. Así nacen alimentos ácidos, burbujeantes, complejos o más duraderos, como el yogurt, el kéfir, el pan de masa madre, la kombucha o algunos vegetales fermentados.

image

fermentosFreepik

Pero el hecho de que un producto haya sido elaborado con microorganismos no significa que esos microorganismos sigan vivos cuando llega al consumidor. La ISAPP señala que todos los alimentos fermentados requieren microbios para su elaboración, pero no todos contienen microorganismos vivos al momento de consumirse; esto puede depender del procesamiento, la pasteurización, el calor, el almacenamiento y la vida de anaquel.

Por eso una kombucha pasteurizada, un encurtido hecho con vinagre o un pan de masa madre horneado pueden tener una historia fermentada, pero no necesariamente aportar microorganismos vivos. En cambio, algunos productos refrigerados, sin pasteurizar y con cultivos vivos pueden conservar actividad microbiana, aunque eso tampoco los convierte automáticamente en probióticos. 

La etiqueta importa más que la moda

Para que un alimento pueda presentarse como probiótico no basta con decir “artesanal”, “natural”, “fermentado” o “con cultivos”. Debe contener microorganismos vivos, identificados y en cantidades adecuadas, además de contar con evidencia de un beneficio específico. La Organización Mundial de la Salud también distingue entre probióticos y prebióticos, y subraya que sus efectos dependen del tipo de microorganismo, la dosis y la condición para la que se utilizan.

Esto vuelve importante leer etiquetas. En el caso del yogurt o el kéfir, conviene buscar menciones como “cultivos vivos y activos”. En kombucha, además de revisar si fue pasteurizada, también vale la pena observar la cantidad de azúcar añadida. En encurtidos, hay que distinguir entre vegetales fermentados y productos simplemente acidificados con vinagre. Stanford Medicine advierte que muchos productos estables en anaquel, como ciertos pepinillos o chucruts comerciales, no necesariamente están fermentados ni contienen cultivos vivos.

image

kombuchaFreepik

La salud intestinal no se define por una botella. Comprar kombucha o kéfir puede ser parte de una alimentación diversa, pero no reemplaza lo que una dieta con fibra, frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales y alimentos poco procesados puede hacer por la microbiota. Lo que sí pueden aportar los fermentados

Los fermentados no necesitan llamarse probióticos para tener valor. Durante la fermentación pueden formarse compuestos que modifican el alimento, mejoran su sabor, ayudan a conservarlo y, en algunos casos, pueden hacerlo más fácil de digerir. Además, ciertos fermentados vivos pueden contribuir a la diversidad microbiana cuando se consumen dentro de una dieta equilibrada.

Un estudio publicado en Cell por investigadores de Stanford observó que una dieta alta en alimentos fermentados durante 10 semanas aumentó la diversidad de la microbiota intestinal y redujo marcadores inflamatorios en adultos sanos. El hallazgo ayudó a reforzar el interés científico por estos alimentos, aunque no significa que curen enfermedades ni que funcionen igual en todas las personas.

El punto no es abandonar la kombucha, el kéfir o el yogurt, sino entender qué se está consumiendo. Un fermentado puede ser interesante por su sabor, por su tradición, por su acidez, por su relación con técnicas antiguas de conservación o por su posible aporte a la diversidad alimentaria. Pero llamarlo probiótico exige más precisión.  

Tomar kombucha todos los días no compensa una dieta pobre en fibra. Comer kéfir no vuelve saludable un patrón alimentario dominado por ultraprocesados. La microbiota responde a la constancia y a la diversidad de la dieta, no a un solo producto. 

image

xamnesiacx84Foto: Shutterstock

Por eso, antes de tomar kombucha o kéfir con la expectativa de “reparar” el intestino, conviene hacer preguntas más básicas: ¿tiene cultivos vivos?, ¿fue pasteurizado?, ¿cuánta azúcar contiene?, ¿lo consumo como complemento o como promesa milagro?, ¿mi dieta incluye suficiente fibra? La microbiota se cuida con más que fermentos.

En términos prácticos, eso significa que un plato con frijoles, verduras, tortilla de maíz, avena, frutas, semillas o leguminosas también puede ser una estrategia para la microbiota. Quizá menos vistosa que una botella de kombucha, pero más cercana a la cocina diaria.

Miriam Lira

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete