Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

El Laboratorio Arte Alameda vuelve a latir

La reapertura el inmueble del siglo XVI transforma sus muros, una antigua tramoya del Palacio de Bellas Artes y los restos de su propia restauración en un recorrido sobre memoria, patrimonio y arte contemporáneo

main image

Pentimento, de Pablo Rasgado, arqueología especulativa. Foto: Especial

Ricardo Quiroga

Hay un corazón latiendo en el Laboratorio Arte Alameda. Desde la nave principal se escucha un pulso constante que proviene del claustro bajo. Seguramente es el audio de una de las tres exposiciones que acompañan la reapertura del recinto, pero resulta inevitable asociarlo con los latidos de este edificio del siglo XVI, que vuelve a respirar tras cuatro meses y medio de restauración.

La intervención recuperó la luz que entra por la cúpula y, con ella, una nueva forma de recorrer el antiguo Ex-Templo y Convento de San Diego. El espacio dejó atrás la penumbra que durante años caracterizó al laboratorio para exhibir algo poco habitual: sus propias cicatrices.

La primera parada es "Pentimento", de Pablo Rasgado. Entre capas de pintura, grietas y muros intervenidos, el artista convierte la nave principal en una arqueología especulativa. Reproduce pinturas virreinales que alguna vez ocuparon el recinto, perfora sus bastidores, incrusta ajolotes, arcoíris y rostros de esculturas prehispánicas en escenas religiosas y deja espacios vacíos donde pareciera que una obra acaba de desaparecer.

"Empezó como una residencia durante la restauración para hacer un ejercicio de arqueología especulativa", explica el director del recinto, Xavier de la Riva. "Pablo trabaja con las capas históricas del edificio y recupera incluso el cascajo que iba saliendo de la obra para convertirlo en bancas y otros dispositivos de la exposición".

Uno de los gestos más sugerentes aparece en las llamadas ventanas arqueológicas. En lugar de reliquias antiguas contienen mosaicos retirados de la cúpula porque su deterioro permitía filtraciones que comprometían la conservación del inmueble.

La escena plantea una pregunta poco frecuente: ¿todo lo antiguo debe volver a su lugar? Aquí la respuesta es negativa. Los mosaicos dejan de ser parte de la arquitectura para convertirse en patrimonio museográfico, evidencia de que preservar un edificio también implica decidir qué ya no puede seguir formando parte de él.

La maquinaria que hace la magia

El latido conduce al claustro bajo, donde una estructura de poleas, sinfines y engranes ocupa el espacio como una escultura monumental. En realidad es la primera tramoya del Palacio de Bellas Artes, rescatada de las bodegas del INBAL por el colectivo TRES —Ilana Boltvinik y Rodrigo Viñas— para la instalación "Estado suspendido".

El sonido del corazón se mezcla con aplausos, murmullos y violines afinando antes de un concierto: el eco de lo que esta maquinaria escuchó durante décadas detrás del escenario.

image

La primera tramoya de Bellas Artes, instalación de colectivo. Foto: Especial

La pieza hace visible aquello que normalmente permanece oculto y recuerda que el patrimonio también puede ser técnico e industrial. Más de un siglo después de Marcel Duchamp, la vieja tramoya demuestra que un ready made sigue siendo eficaz cuando cambia nuestra forma de mirar un objeto cotidiano.

"Muchas veces pensamos que el patrimonio del INBAL son sólo las obras de arte, pero esto también es patrimonio tecnológico", señala De la Riva. "La intención era sacar a la luz esa infraestructura que normalmente permanece oculta y hacer visible el trabajo de generaciones que hicieron posible el funcionamiento cotidiano del teatro".

Una pedagogía para soñar

La última parada cambia el ritmo. En la Capilla de Dolores, un círculo rojo invita al visitante a recostarse mientras sobre su cabeza giran imágenes tomadas de los libros utilizados en las escuelas nocturnas de las décadas de 1930 y 1940. Hoces, banderas, obreros y poemas reaparecen en "Fábulas para dormir", de Josué Mejía, como una constelación de las utopías educativas del siglo pasado.

image

Fábulas para dormir, de Josué Mejía. Foto: Ricardo Quiroga

La instalación dialoga con el mural Los informantes de Sahagún, de Federico Cantú, y con lecturas grabadas de esos mismos textos. Escucharlas acostado, bajo las proyecciones, recuerda por momentos una liturgia laica donde la alfabetización ocupa el lugar del sermón.

La reapertura del Laboratorio Arte Alameda no sólo devuelve un espacio al circuito cultural de la ciudad. También convierte al edificio en una pieza más de la exposición: un lugar que recuperó la luz y decidió mostrar, en vez de ocultar, las marcas de su historia.

Laboratorio Arte Alameda

Dr. Mora 7, Centro Histórico

De martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas

Último ingreso 16:40 h

Público en general: 50 pesos

Entrada libre los domingos

Exposiciones

“Pentimento”

Pablo Rasgado

“Fábulas para dormir”

Josué Mejía

“Estado suspendido”

Colectivo TRES (Ilana Boltvinik y Rodrigo Viñas)

Abiertas hasta el 18 de octubre

tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete