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Esplendor del Teotlachco revive en el Museo del Templo Mayor
La exposición "El juego de pelota en Tenochtitlan" exhibe los hallazgos arqueológicos derivados de las excavaciones del Teotlachco, como se denominaba al espacio ritual del recinto sagrado mexica, localizado bajo la calle de República de Guatemala en el Centro Histórico, así como 130 piezas de gran valor, procedentes de otros acervos, como dos pelotas de hule con más de 3,000 años, recuperadas en Veracruz.

Exposición "El juego de pelota en Tenochtitlan".
En el imaginario contemporáneo, el juego de pelota mesoamericano suele asociarse con una narrativa simplificada: un espectáculo ritual cuyo desenlace inevitable era el sacrificio humano. No obstante, la evidencia arqueológica ha matizado de forma significativa esa interpretación. La exposición "El juego de pelota en Tenochtitlan", inaugurada este miércoles 8 de julio en el Museo del Templo Mayor ofrece una lectura más amplia y compleja de esta práctica: un fenómeno cultural de larga duración, con múltiples dimensiones simbólicas, sociales y políticas.
Por otro lado, nos gusta asociar el juego de pelota prehispánico con el moderno futbol, y más en estos días en que se celebra la Copa Mundial, pero nada tienen que ver uno y otro y lo único que los asemeja es la pelota. "Al juego de pelota se le ha querido vincular con el futbol, pero es importante decir que son dos actividades que no tienen un vínculo entre sí, ni semejanza alguna, más allá de que se juega con una pelota", dice la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín, investigadora del Programa de Arqueología Urbana (PAU), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), integrante del equipo curatorial de la exposición.
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El juego de pelota era una práctica ritual y lúdica común a todos los pueblos mesoamericanos, con distintos nombres y variantes, que se remonta a por lo menos 3,000 años de antigüedad, que está asociada al orden cósmico y, al mismo tiempo, era un espacio sagrado donde tenían lugar las artes y las apuestas, amplía la investigadora.

Arqueóloga Lorena Vázquez Vallín, co-curadora.
Para el caso de Tenochtitlan, fray Diego Durán, quien relató en su "Historia de las Indias" (1581) "haber visto muchas veces jugar este juego" y lo definió como "cosa maravillosa", detalla que el Teotlachco (juego de pelota mexica) poseía paredes bien labradas, suelos encalados y una forma más ancha en los extremos que en el centro, con anillos de piedra situados en su parte más estrecha.
Y describe así la forma en que lo ejecutaban: "La juegan [la pelota] con las asentaderas o con las rodillas, teniendo por falla el tocarla con las manos, ni con otra parte del cuerpo, excepto con las dos parte dichas, de asentaderas y rodillas ..."
Durante la ceremonia de inauguración de la exposición, celebrada al pie de la diosa Tlaltecuhtli, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU), rememoró el largo trayecto que ha implicado lograr el conocimiento que hoy se tiene del principal juego de pelota en Tenochtitlan: Teotlachco.
Recordó que en las excavaciones hechas en 1900, el pionero de la arqueología mexicana Leopoldo Batres halló ofrendas asociadas al juego de pelota, y posteriormente, en 1967, durante la construcción de la Línea 2 del Metro, el arqueólogo Jordi Gussinyer encontró otra ofrenda dedicada a este mismo espacio.

Raúl Barrera Rodríguez, director del PAU.
El titular del PAU añadió que en 1997 se encontraron ofrendas asociadas al Teotlachco, pero que sería hasta 2014, durante las excavaciones en el predio de Guatemala 16, donde también se liberó el Templo de Ehécatl, se detectaron los restos de la plataforma del costado norte del juego de pelota, cuyas etapas constructivas posiblemente datan de 1440 a 1521 d.C.
Gracias al trabajo de los arqueólogos a lo largo de un siglo, y a las recientes excavaciones del PAU, hoy sabemos que la cancha principal del juego de pelota mexica corre de oriente a poniente bajo la calle República de Guatemala, y se ubica detrás del Tzompantli localizado en 2015, como lo graficó fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI en "Los primeros memoriales".

Gráfico Primeros memoriales.
Para concluir su alocución, el arqueólogo Barrera Rodríguez expresó un agradecimiento a los empresarios que se han sumado desde hace más de una década al rescate y conservación de estos vestigios.
"Quiero manifestar mi más sincero agradecimiento a los co-propietarios del Hotel Catedral, y en especial al señor Francisco Santoella, que ha sido un aliado de nosotros, con quienes mucho hemos trabajado, nos hemos coordinado. Lo que tenemos ahí abajo, en este espacio, es un esfuerzo que ya nos ha llevado tiempo, pero que vale la pena, que se haya logrado preservar estos vestigios arqueológicos, y que ellos hayan modificado su edificio, su construcción, para brindar la protección de los vestigios arqueológicos".
Entre el juego y el rito
Lejos de ser exclusiva de los mexicas, la actividad del juego de pelota se practicó a lo largo de un vasto territorio que abarcó desde el suroeste de Estados Unidos hasta Centroamérica y el Caribe. Hoy se tienen registradas más de 1,200 canchas en México, aunque las estimaciones sugieren que pudieron existir entre 2,500 y 3,000 en toda la región, comparte la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín.
Las evidencias son diversas: desde estructuras arquitectónicas hasta maquetas cerámicas que muestran escenas de juego con espectadores. En estas miniaturas —explica—, se percibe una atmósfera que trasciende lo ritual: “No parecen estar en una actitud de pasividad… están en una actitud dinámica”, lo que sugiere que el juego también era, sencillamente, entretenido".
Esa dimensión lúdica convive, sin embargo, con un profundo simbolismo. El espacio mismo donde se jugaba tenía una carga cosmológica. “La cancha del juego de pelota es una suerte de portal al inframundo”, detalla Vázquez Vallín. Para algunos especialistas, el terreno representaba la tierra; para otros, el punto central era un umbral hacia un espacio de transformación donde la muerte y la regeneración se imbrican.

Pelota de hule del Manatí, de más de 3,700 años.
El material de la pelota refuerza esta dimensión simbólica. El hule —extraído del látex de ciertos árboles— no sólo aportaba elasticidad, sino que estaba cargado de significados. “Existe una analogía simbólica entre el hule y sustancias vitales como la sangre, el semen o la saliva”, apunta la arqueóloga. “Sustancias que generan y que permiten la vida”.
Así, cada elemento del juego participaba de un complejo entramado ritual. La pelota podía representar cuerpos celestes en movimiento —el Sol, la Luna o Venus— dentro de una narrativa cósmica que simbolizaba la lucha de fuerzas opuestas.
"Las fuentes históricas, para el caso mexica, narran que cuando se jugaba a la pelota se hacían apuestas tanto por parte de los jugadores o de los señores que traían a los jugadores, como de los espectadores. Y además, las crónicas mencionan hasta cómo se molestaban entre ellos al haber apostado", detalla Vázquez Vallín.
"Se apostaban mucho las mantas de algodón, que eran un bien muy valioso, incluso se hacían bromas entre los apostadores: 'ándale, vele diciendo a tu señora que se ponga a tejer porque va a tener que pagar muchas mantas'", asegura la especialista. También se apostaban plumas de aves preciosas, sartales de cuentas de piedra verde, cacao y hasta oro.
La muestra reúne evidencia arqueológica
La muestra "El juego de pelota en Tenochtitlan", que se exhibirá hasta finales de septiembre, contó con la curaduría de los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma, fundador del Proyecto Templo Mayor e investigador emérito del INAH; Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU), y Lorena Vázquez Vallín, investigadora del PAU, y está integrada por más de 130 piezas provenientes de distintos acervos, entre ellos el Museo Nacional de Antropología, Museo de Antropología de Xalapa, Museo Regional de Nayarit, Museo Guillermo Spratling, Museo de sitio Teotihuacan, algunas colecciones del estado de Guerrero, y el propio Museo del Templo Mayor; tiene como eje el Teotlachco de Tenochtitlan, espacio destinado a la práctica del juego en el recinto sagrado mexica. Su comprensión, advierte la especialista, exige un marco interpretativo más amplio: “El juego de pelota en Tenochtitlan no podría entenderse sin estar enmarcado dentro de la tradición mesoamericana”, explica.
De las piezas exhibidas, 64 elementos corresponden a descubrimientos realizados por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) que se asocian con el Teotlachco, “juego de pelota de los dioses”, donde el mismísimo Moctezuma II midió su destreza contra el señor de Texcoco y el tlatoani Axayácatl hizo lo propio frente al gobernante de Xochimilco, refiere la arqueóloga.
Entre los hallazgos que se muestran figuran miniaturas de mármol que representan instrumentos musicales y algunos teponaxtles del Posclásico Tardío (1325-1520 d.C.) —como evidencia de que los juegos se acompañaban de música, dice la arqueóloga—, pelotas de basalto, obsidiana y travertino, maquetas de la cancha del juego de pelota labradas en piedra verde y una figura de ave, entre otras.

El juego de pelota en Tenochtitlan.
Resaltan también unas pelotas de hule que datan del periodo Preclásico (2000-1000 a.C.), encontradas en el sitio olmeca El Manatí, Veracruz; un yugo labrado en piedra verde del periodo Clásico (200-900 d.C.); figurillas de jugadores del juego de pelota procedentes de Isla de Jaina y de Nayarit; y una lápida de jugador de pelota del Posclásico Temprano (850-1250 d.C.), procedente de Tula, Hidalgo.
Al respecto de las pelotas de hule traídas de Veracruz, piezas estelares de la exposición, la restauradora Thalía Velasco Castelán, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, expuso que las dos piezas que se muestran en ella forman parte de un conjunto de 14 pelotas de hule, encontradas a finales de los años 80 en una serie de entierros en El Manatí, que las más antiguas tienen 3,700 años y es la primera vez que se exhiben al público.
"A los restauradores nos resulta asombroso cómo es que estos objetos de hule sobrevivieron más de 3,000 años en un contexto de alta humedad", dijo Velasco Castelán, asegurando su óptimo estado pero advirtiendo que su exhibición requirió cuidados minuciosos y "alineados con estándares internacionales de conservación".
Con base en las últimas evidencias arqueológicas y el apoyo del arquitecto Luis Rosey Bermúdez, se muestra también una reconstrucción hipotética del Teotlachco, estructura en forma de I, que debió medir 50 metros de longitud y 34 metros de ancho.

Maqueta del juego de pelota, del arquitecto Luis Rosey.
Para la arqueóloga Vázquez Vallín, uno de los contextos más sorprendentes fue el registro, en la base de una escalinata remetida en la plataforma del Teotlachco, de 32 conjuntos de cervicales humanas sobre las que se esparcieron fragmentos de huesos de cráneos y colocaron un par de navajillas.
Uno de los aportes centrales de la muestra es la reunificación de ofrendas procedentes del área del Teotlachco, localizadas en distintas etapas de excavación y actualmente dispersas en diversos acervos. Su presentación conjunta permite una aproximación más integral al conjunto ritual del juego de pelota.
“El visitante va a poder ver el conjunto… en un solo lugar”, explica Vázquez. Estas piezas no sólo documentan prácticas específicas, sino que contribuyen a reconstruir la complejidad del espacio sagrado en el contexto de Tenochtitlan.
Sacrificio humano y juego de pelota
La relación entre el juego de pelota y el sacrificio humano ha sido uno de los temas más debatidos en la historiografía mesoamericana. Sin embargo, las investigaciones recientes, apoyadas en fuentes coloniales del siglo XVI y en el registro arqueológico, han puesto en duda una asociación sistemática entre ambos fenómenos.
“Está claro… que es un espacio de sacrificio sin mención de juego”, afirma Vázquez. “Por otro lado, ¿puede ser que haya habido sacrificios como resultado del juego? Sí puede ser… pero no hay contundencia sobre que se sacrificara a jugadores”.
La evidencia iconográfica —particularmente en sitios como El Tajín o Chichén Itzá— ha contribuido a consolidar una imagen ampliamente difundida del sacrificio vinculado al juego. No obstante, dicha representación podría responder más a construcciones simbólicas o a contextos rituales específicos que a una práctica generalizada. “No tenemos suficiente evidencia para decir ni una cosa ni la otra”, precisa la investigadora.
Lo que sí está suficientemente documentado es que más allá de su carácter ritual, el juego de pelota desempeñó funciones sociales y políticas relevantes. En Tenochtitlan, existen registros de su práctica en espacios no ceremoniales, cercanos a mercados, donde prevalecía un carácter recreativo, así como la presencia de apuestas.

El juego de pelota en las fuentes históricas.
Asimismo, la cancha funcionó como un espacio de mediación y resolución de conflictos. Diversas fuentes históricas documentan enfrentamientos entre gobernantes que recurrieron al juego como mecanismo alternativo a la guerra. “Es un enfrentamiento regulado, con menos violencia”, explica Vázquez Vallín, en referencia a su dimensión como práctica institucionalizada.
En ciertos casos, incluso se le atribuyó un valor adivinatorio. Las crónicas señalan que Moctezuma II habría recurrido al juego para interpretar presagios sobre el destino del imperio, en un contexto en el que el resultado adverso fue leído como señal de inminente derrota.
A pesar de los avances en las investigaciones, el juego de pelota continúa planteando más interrogantes que respuestas, pero esa cautela epistemológica no implica debilidad, sino rigor. La propia disciplina arqueológica reconoce sus límites interpretativos, reconoce la arqueóloga.
“A veces quisiéramos saber y poder afirmar cosas”, admite la investigadora. “Pero no siempre se puede”, concluye.

Cartel de la exposición "El juego de pelota en Tenochtitlan".
"El juego de pelota en Tenochtitlan"
- Museo del Templo Mayor
- Del 8 de julio al 30 de septiembre de 2026
- Seminario 8, Centro Histórico, Ciudad de México
- Equipo curatorial: arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma, Raúl Barrera Rodríguez, Lorena Vázquez Vallín
Entidades que participan:
- Museo Nacional de Antropología
- Museo de Antropología de Xalapa
- Centro INAH Veracruz
- Museo Regional de Nayarit
- Museo Guillermo Spratling
- Museo de sitio Teotihuacan
- Museo del Templo Mayor
- Hotel Catedral
- Horarios: De martes a domingo de 9:00 a 17:00 hrs.
- Entrada a nacionales y residentes: 105 pesos (acceso libre los domingos)
- Extranjeros: 210 pesos



