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Arte e Ideas

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Abel Quezada vuelve a la cancha con retratos de un México vigente, en el Museo Kaluz

Con 82 obras, varias de ellas inéditas, "¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte" explora cómo el dibujante utilizó el futbol como espejo de la política, la sociedad y la identidad nacional, justo cuando el Mundial 2026 vuelve a disputarse en México.

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La ciudad y el futbol de Abel Quezada.Foto EE: Cortesía

Ricardo Quiroga

Mientras la selección mexicana hizo historia la noche de este domingo y antes se preparaba para una disputa sin precedentes en su paso por los mundiales, el Museo Kaluz, ubicado precisamente en el centro de la Ciudad de México, un punto boyante en celebraciones y aficionados del deporte más popular del mundo, propone mirar el deporte desde otra tribuna: la del humor político y la crítica social de Abel Quezada (1920-1991), uno de los caricaturistas más influyentes del siglo XX mexicano.

La exposición "¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte", inaugurada este domingo y abierta hasta el 31 de agosto, reúne 82 piezas —entre cartones, pinturas, acuarelas y material documental— para mostrar que el futbol fue, para el autor, mucho más que un espectáculo deportivo: un escenario privilegiado para observar los excesos, contradicciones y entusiasmos de la sociedad mexicana.

La muestra se inserta en las fases finales, pero también las más emocionantes de la Copa Mundial a México y recupera un título tomado de uno de los cartones más conocidos del propio Quezada, con la intención de releer una obra cuya ironía conserva actualidad, incluso varias décadas después de haber sido publicada.

"Hoy creo que lo que dice del futbol es algo muy vigente", afirmó durante el recorrido para medios el curador Ery Camara, responsable del concepto museográfico. A su juicio, muchas de las caricaturas podrían publicarse nuevamente porque siguen dialogando con el presente.

La exposición se articula en tres núcleos. El primero reconstruye la trayectoria del artista mediante fotografías, documentos, cuadernos de viaje y obras tempranas; el segundo explora su faceta como pintor autodidacta, interesado en disciplinas como el béisbol, el boxeo, el tenis y las carreras; mientras que el tercero reúne cartones y pinturas dedicados al futbol, donde el deporte aparece como metáfora de la política, los medios y el comportamiento colectivo.

Camara recordó que Quezada, siendo ya un consagrado del dibujo, comenzó a pintar hasta los 45 años y nunca se asumió como un pintor profesional. "Decía que era un pintor de domingos", explicó el curador.

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Retrato de Abel Quezada joven.Foto EE: Cortesía

La modestia del monero fue tal que durante años evitó comercializar sus obras y prefería prestarlas a museos o amigos. Incluso, relató Ery Camara, en el reverso de una de las pinturas escribió que la prestaba al Museo Tamayo "por 99 años".

Paradójicamente, esa reserva contribuyó a que su producción pictórica permaneciera menos conocida que su trabajo periodístico.

Los inéditos, el deporte y las formas de poder

Entre las novedades de la exposición destacan varios cartones inéditos conservados por la familia, entre ellos “La fiesta del alarido”, una sátira donde una bruja observa una multitud que desborda un estadio mientras advierte: "Todo hueco en tu vida llénalo con deportes", una crítica a los mecanismos de evasión colectiva que el caricaturista desarrolló durante los años ochenta.

Gran parte de este material proviene del archivo familiar, integrado por más de 16 mil piezas, que continúa revelando documentos, dibujos y textos inéditos. "Nosotros mismos nos sorprendemos de encontrar cosas seguido. Es muy rica la obra que dejó", comentó Abel Quezada Rueda, hijo del caricaturista.

Aunque reconoció que su padre era más aficionado al béisbol que al futbol, sostuvo que seguramente habría encontrado en el ambiente mundialista materia suficiente para nuevos cartones. "No creo que se hubiera quedado callado", comentó.

El director del Museo Kaluz, Miguel Fernández Félix, consideró que uno de los mayores valores de la muestra consiste precisamente en recuperar el archivo preservado por la familia y demostrar que la obra de Quezada rebasa el ámbito deportivo.

"No decidimos que solamente fuera el tema del futbol. Quezada tiene una riqueza mucho mayor; es el deporte, pero también es México", señaló.

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El boxeador, de Abel Quezada.Foto EE: Cortesía

Para Fernández Félix, el artista entendía que los estadios, igual que la política, eran espacios donde podían observarse las conductas colectivas y las formas del poder, una lectura que mantiene vigencia frente a los grandes acontecimientos deportivos contemporáneos.

Un Quezada interactivo

La exposición también incorpora una sala participativa donde los visitantes pueden consultar publicaciones históricas, revisar catálogos de exposiciones anteriores e intervenir reproducciones de personajes creados por Quezada para integrarlas a un mural colectivo.

Camara recordó además que la retrospectiva organizada por el Museo Tamayo en 1984 recibió alrededor de 121 mil visitantes, cifra que se convirtió entonces en un récord para ese recinto y que marcó el reconocimiento público de una faceta artística que el propio autor había mantenido en segundo plano.

Con esta nueva revisión, el Museo Kaluz no sólo recupera la relación de Abel Quezada con el deporte, sino que plantea una pregunta que atraviesa toda la exposición: si las caricaturas siguen pareciendo contemporáneas, ¿es porque su mirada fue excepcional o porque el país continúa repitiendo muchas de las mismas escenas que él dibujó hace más de medio siglo?

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México vs Estados Unidos.Foto EE: Cortesía

“¡México, México, México! Abel Quezada. Entre arte y deporte”

-Museo Kaluz

  • Av. Hidalgo 85, Centro Histórico
  • Sala Polivalente, Planta Baja
  • Del 5 de julio al 31 de agosto
  • Miércoles entrada libre.

- Entrada:

  • $60 público general
  • $30 personas de la tercera edad con identificación

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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