Rolando Villazón es una gloria nacional. De los mejores tenores líricos del momento (y así ha sido durante años), Villazón vive en París, actúa en Milán, es amado en Berlín, popstar en Viena y eternamente deseado por la Met Opera de Nueva York.

En México tiene una fiel fanaticada que no sólo emerge del público operístico. A diferencia de otros tenores (inclusive de nuestra otra gloria nacional, Ramón Vargas), Villazón es un tipo increíblemente accesible. Está lejos del estereotipo del tenor pedante, y aunque se deja ver poco por el público mexicano, hoy viene dispuesto a robarse el corazón de la audiencia.

Para mí todos los mexicanos son héroes declaró en la conferencia de prensa. En ese tenor será toda la noche: romántica en el amplio sentido del término. Es un día para la epopeya.

Deslizándose en un bolero

El repertorio del concierto que dio la noche del jueves en el Auditorio Nacional, es lo mejor de México, su música popular. Los boleros mexicanos, especialmente los de Agustín Lara y María Griver, deben estar entre las canciones más bellas que se han compuesto.

Pero, fíjese usted, son música popular, cuya gracia es que debe cantarse como si cualquiera pudiera cantarlas y por eso cuando otros cantante de ópera las exploran (Plácido Domingo y otros) quedan muy, cómo decirlo, feas. La voz sobrada, engolada, unos arreglos afectados y vulgares… vaya, eso acaba siendo música de fondo para consultorio de dentista.

Ahí la maravilla de Rolando Villazón: es capaz de cantar, como buen tenor lírico, con muchos cambios de voz y con gran suavidad. Su voz es potente y reposada a la vez. Es como oír a Jorge Negrete pero con mucho más músculo en la garganta.

La voz de Villazón se desliza sobre las letras como quien baila en el malecón veracruzano. Qué manera de cantar Júrame , qué memorable versión de Muñequita linda , que erizante es esta Noche de ronda .

Y qué grandes son los Bolívar Soloist, la orquesta de cámara que acompaña esta noche a Villazón, la misma con la que grabó ¡México!, su nuevo disco como artista exclusivo de la Deutsche Grammophon, la disquera más respetada en el ámbito clásico.

Como dice su nombre, cada uno de los Bolívar son solistas, unos verdaderos virtuosos. Maravillosa la trompeta en Granada , hermosas las percusiones en Bésame mucho , pero se roban la noche (por un momento) con su versión instrumental de La Bikina , una mezcla de bossanova y bolero deliciosa.

Pero no fue una noche para la solemnidad. Villazón presentó a su orquesta cada uno por su nacionalidad (tres venezolanos, un ruso, un galés, un argentino), dice también hay cuatro mexicanos que reciben su ovación. Pero qué digo cuatro, ¡somos un chingo! y recibe por ello un baño de aplausos y alguien que grita ¡2-0! por el triunfo de México frente a Francia en el Mundial.

Y en medio de la fiesta, Villazón decide que ha llegado la hora de despeinarse (más) y sale con su bandera tricolor y dice Chin-chin al que no cante conmigo . Por supuesto, es Cielito lindo , canción con la que cierra ¡México! y con la que se despide el recital… Pero no, Villazón ( Roli como le grita su porra de amigos y familiares) decide regresar y dedicar una canción a sus pequeños Darío y Mateo. Es La cucaracha , en una versión divertida y pachanguera.

Los tenores también se divierten, ¿cómo no?