Es posible que no tengamos héroe más simpático que Pancho Villa. A la gente?le cae bien, a pesar de que sabemos de su crueldad con sus enemigos. Últimamente?ha sido una figura de controversia, pues historiadores?y pseudohistoriadores se ?pelean por el lugar en donde?colocar la cabeza de Villa, por decirlo así.

La discusión no cabe en este breve espacio, pero diré que yo estoy del lado de los que afirman la importancia de la rebelión social y agraria que representaron Villa y Zapata. Es falso afirmar que ninguno de los dos tenía un plan de gobierno, que eran un par de bravos que nada más salieron a echar bala.

Estaba pensando que Villa es un símbolo de masculinidad en México, algo así como el macho alfa perfecto. El imaginario popular lo tiene como un borracho mujeriego y jugador, no muy diferente?a Pedro Infante. No dudo que haya por ahí un tequila con el nombre de Centauro del Norte.

La verdad es ésta: a Pancho Villa le gustaba la malteada de fresa. Era su bebida favorita. Dicen que le gustaba pasarse al otro lado para ir a las fuentes de sodas gringas a pedir su licuado.

¿Será posible que Pancho?Villa haya tomado Columbus, Texas, para robarse unas malteadas? Eso ya es pura?chunga de mi parte. Pero imagínense a esa fuerza de la naturaleza que fue Villa echándose su malteada de fresa. ¿A poco no se les entibia el corazón un poquito?

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