Casi 20 años tuvieron que pasar para que la sangre de un hombre que sobrevivió a un brote de ébola en 1995 en Kikwit, República Democrática del Congo, ayudara a un grupo de científicos encabezados por Nancy Sullivan, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EU en Bethesda, Maryland, a desarrollar un tratamiento contra la enfermedad.

En aquel entonces, el donante de los anticuerpos enfermó gravemente y, tras semanas de luchar contra la enfermedad, se recuperó y volvió a las salas de hospital para ayudar a cuidar a otros pacientes.

El ébola es altamente letal, con tasas que van de 25 a 90% de mortalidad, puede causar una enfermedad grave caracterizada por la rápida aparición de fiebre, vómitos, diarrea y diátesis hemorrágica.

Por ello, los desafíos de un gran brote y el fracaso de la cuarentena tradicional y medidas de localización de los contactos para controlar el brote del 2014 en África Occidental ponen de relieve la urgencia de terapias innovadoras, se lee en uno de dos artículos publicados en la revista Science.

Los primeros intentos de crear una vacuna fracasaron y no existe ningún tratamiento con licencia contra el virus, lo que subraya la necesidad de contramedidas eficaces.

Los experimentos

En el primer estudio, presentado a finales de febrero, se demostró que un ser humano superviviente del ébola produjo algunas proteínas protectoras o anticuerpos más fuertes encontrados hasta ahora contra la glicoproteína de superficie del virus del ébola y sigue circulando después de la infección.

A partir de este sobreviviente se aislaron anticuerpos monoclonales (mAb) que neutralizan recientes y anteriores variantes de brotes del virus y median la citotoxicidad de células dependientes de anticuerpos in vitro.

El tratamiento con un solo mAb humano sugiere una estrategia terapéutica para la infección simplificada del ébola humano. Es realmente sorprendente que un único anticuerpo pueda proteger contra el ébola , dijo Sullivan, quien identificó el anticuerpo.

Además, estos mAb mostraron actividad neutralizante potente contra variantes del ébola GP que han evolucionado en 40 años. En conjunto, estos datos demuestran el potencial terapéutico de estos mAb y contribuyen a la comprensión de los mecanismos de protección mediada por anticuerpos contra la enfermedad del virus del ébola.

Además, uno de estos anticuerpos, conocido como mAb114, es capaz de salvar monos infectados con ébola.

Luego de 11 años, los científicos extrajeron la sangre del sujeto y aislaron el anticuerpo mAb114. En pruebas posteriores, los anticuerpos purificados salvaron la vida de seis monos infectados. Algunos de los animales se recuperaron a pesar de no recibir el tratamiento hasta cinco días después de la infección, se lee en una publicación de Nature.

Tras examinar la estructura del mAb114, Sullivan y sus colegas concluyeron que su potencia probablemente se debe a su capacidad para detener el secuestro de las defensas inmunitarias del organismo por parte del virus del ébola.

Y explican: el ébola se ancla a los receptores de las proteínas dentro de las células, lo que permite al virus reproducirse; oculta la proteína que utiliza para unirse a estos receptores y la revela sólo después de obtener acceso al interior de la célula, donde se encuentra el receptor. Normalmente, esto impide que los anticuerpos que se unen al ébola fuera de las células detengan la reproducción del virus.

Pero Sullivan y sus colegas encontraron que el mAb114 se une a los virus del ébola, los sigue dentro de las células y evita que liberen su carga mortal dentro de la célula.

La doctora expresó que su equipo ahora planea seguir trabajando para probar si el mAb114 es seguro en humanos e investigarán si las dosis más bajas del medicamento ZMapp son eficaces.

nelly.toche@eleconomista.mx