Pónchate el que sigue, que hoy hasta los polis nos echan aguas le dijo un chavo con look de Bob Marley de la Guerrero a otro que traía una máscara de Rey Mysterio y una pancarta que rezaba Grifos Acatlán, por mi raza hablará el espíritu .

Y así es. Mientras los chavos lían a una mano el próximo cigarro de mariguana, dos o tres oficiales los miran sin intervenir. Hoy fumar es un acto de libertad de expresión.

Es el 7 de mayo, el primer sábado de este mes, fecha en la que desde hace más de una década se realiza la Marcha Mundial por la Legalización de la Marihuana. Estamos en pleno Zócalo, a la 1 de la tarde, rodeados del pequeño, pero orgulloso contingente de los autodenominados pachecos de México.

Una chava activista toma el micrófono: Venimos no sólo a proponer la legalización de la cannabis sativa para acabar con esta guerra absurda contra el narco dice, mirando de frente a Palacio Nacional como retando, también exigimos que se acabe la discriminación contra los que fumamos, queremos que dejen de llamarnos delincuentes y marihuanos . La última parte del discurso se lleva la rechifla de las más o menos 3,000 personas con la que comenzó la manifestación. ¡Marihuanos a huevo! le grita un joven de unos 18 años.

La marcha es organizada en México sobre todo por el Colectivo por una Política Integral hacia la Drogas (CUPIHD), una ONG que lleva varios años investigando, reuniendo información médica y apoyando propuestas legislativas para la legalización del consumo, cultivo y comercio de la marihuana, además de proponer una relación diferente del status quo con las sustancias enervantes ilegales.

Leopoldo Rivera, de la Asociación Mexicana de Estudio del Cannabis (Ameca), desde la pequeña carpa que sirve para presidir la manifestación, lo explica así: La marihuana es una planta con usos medicinales, rituales e industriales. Con ella se puede hacer papel, se pueden hacer analgésicos, hasta cremas . Y añade si quieren sus cremas, ahorita se las doy y el público ruge una carcajada.

El ambiente es completamente festivo y presto para ese tipo de bromas gandallas, pero tanto CUPIHD como Ameca y los demás organizadores de la marcha, se toman el asunto muy en serio. CUPIHD reparte entre los asistentes un bien documentado folleto titulado El VIH/SIDA y las drogas: una relación íntima en el que advierten de la importancia de ser responsable al usar cualquier sustancia que altere el juicio especialmente cuando se sostienen relaciones sexuales.

Responsabilidad es una palabra muy escuchada en esta marcha. Una de las consignas más gritadas: Estamos dispuestos a pagar impuestos . Uno de los activistas me dice: La verdad sí queremos que nos tomen en serio ya basta de movernos en la clandestinidad, en la subversión. Fumar mota debe ser como echarte una cerveza. Si el chupe y el cigarro pagan impuestos, nosotros también. Que la mota se socialice y el dinero dé impuestos se use para tratar a los adictos .

Los grupos en favor de la legalización de la marihuana argumentan con claridad, están informados, se apoyan en legisladores, se desmarcan del narcotráfico ( ¡A darle en la madre a los capos y al gobierno! grita una joven que lleva la pancarta: No a la guerra de Calderón, sí a la legalización ). Atrás quedaron los años hippies. Hay mejores argumentos para apoyar la legalización total o parcial, que para continuar con la simple criminalización.

Pero esta marcha es un evento de conversos. Todos traen su pipa, su hitter o sus cigarros torcidos. Son cuidadosos de que los policías vean que se trata de consumo personal, pocos comparten, nadie vende (aunque por los rincones anda un chavo que susurra Acá traigo ganja de calidad a 50 varos ).

Todos los presentes saben que a las 4:20 de la tarde es el tiempo mundial para quemar (fumar) marihuana, y así lo harán en cuanto dé la hora y la marcha llegue a la Alameda Central. Al fin, hoy es el día de la mota libre. Hoy María flota embriagante por los aires.

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Fue organizada en México por el Colectivo por una Política Integral hacia la Drogas

Una de las consignas más gritadas: ‘Estamos dispuestos a pagar impuestos’. Uno de los activistas me dice: ‘La verdad si

queremos que nos tomen en serio, ya basta de movernos en la clandestinidad’ .