Cuando Gabriel Vargas tenía 12 años, guardaba una certeza: sabía dibujar. Era, de verdad, pobre y de familia numerosa: se quedó huérfano a los 4 años, uno más de los 12 hijos de su madre.

A su madre eso de hacer monitos no le parecía la mejor manera de escapar del hambre. Gabriel dibujaba a escondidas, en las bolsas del pan, en periódicos viejos, en donde fuera. Cuando su mamá lo descubría, le escondía los lápices.

Gabriel, por rebeldía o nomás por inercia, mandó un dibujo a un concurso convocado sobre el Día del Tráfico. Y que gana. Y que le dan una beca para estudiar en Francia. Y que la rechaza. ¿Por qué? Porque no quería que su mamá lo regañara por irse a otros país.

Así, de ocurrencia en ocurrencia, Gabriel entró a Excélsior y cuando todavía era un adolescente se convirtió en el jefe de dibujantes. Después se convirtió en uno de los más importantes caricaturistas del país, creó su propia revista, se volvió un imprescindible del panorama editorial mexicano.

Quizá esa mamá tan recia fue la inspiración de la inmortal Borola Tacuche de Burrón, la protagonista del que muchos consideran el gran cómic mexicano: La familia Burrón.

Digámoslo así: lo que son hoy Los Simpson para la cultura pop norteamericana, han sido para México La familia Burrón durante más de 60 años. Un registro idiosincrático, anecdótico y crítico de la realidad de un país a través de las décadas. Los Burrón han pasado del tranvía de mulitas al metrobús. Desde 1948 la revista se ha publicado sin falta, llueve, truene o suba de precio el papel.

Con los Burrón, Gabriel Vargas dibujó a la familia mexicana moderna: pobre, honrada, crítica del gobierno, unida a pesar de todo. Regino Burrón, peluquero chaparrito y honesto hasta el tuétano, dueño de El rizo de oro. Su esposa, la exótica Borola Tacuche, hija de una familia rica, renunció a su herencia cuando se casó. Sus dos hijos biológicos, Regino chico y Macuca, y el hijo adoptivo, Foforito, hijo de Susano Cantarranas, el borracho de la vecindad. Ah y no hay que olvidar al omnipresente Wilson, el perro de la familia.

Junto a ellos, una multitud de personajes: Ruperto Tacuche, alguna vez ratero, hoy panadero, Avelino Pilongano, poeta y flojonazo, su madre Gamusita Pilongano, que lava ropa ajena para sostener la casa, Satán Carroña, vampiro aristocrático que protagonizaba la historieta cada Día de Muertos, su esposa Calaverina, Briagoberto Memelas y su compadre Juanón Teporochas, caciques pulqueros, parodias priistas, Alubia Salpicón, pequeña genio del tololoche y su mecenas, la gran Cristeta Tacuche, tía de Borola, Más un largo etcétera que recorría la realidad mexicana de arriba a abajo.

Aún cuando no fue su único cómic (de su autoría es también Los Súperlocos, otra piedra de toque de la historieta mexicana) don Gabriel quedará en la memoria nacional como el cronista popular que convirtió la vida de México en las aventuras de los Burrón.

En paz descanse, Gabriel Vargas Burrón. O como diría Borola: San Nabor lo ampare.

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