El premio FIL de Literatura 2016 fue otorgado a Norman Manea. El escritor de origen rumano es autor de cuentos, novelas y ensayos, donde su tema principal y recurrente es la vida cotidiana de su país, el Holocausto, el comunismo y el exilio.

Una de las características de la obra de Manea es que además de ser inmensa, no se puede definir al 100% por las categorías tradicionales de la literatura. Entre sus páginas se van hilando historias de violencia abordadas desde la memoria, el pasado y el presente, además de una constante referencia a la identidad del ser itinerante.

Los personajes de sus escritos hacen una clara referencia al arquetipo del judio errante, uno de multiples personalidades y epocas, que es dibujado con una buena dosis de sentido del humor, normalmente negro.

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Alberto Manguel, escritor argentino, hizo una presentación del laureado: "El premio FIL premia a un escritor que se destaque con una obra sin la cual el mundo seria mas pobre", haciendo referencia a una cita de Jorge Luis Borges.

El premio, insistió Manguel, es una reafirmación de la importancia del la lengua y la literatura en el mundo. El también traductor y editor aprovechó el espacio para compartir la anécdota de cómo Norman Manea terminó prendado de la literatura. Fue al ser liberado de un campo de concentración nazi, al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando los familiares de Manea que lo acogieron siendo apenas un niño, que le regalaron un libro de cuentos de hadas.

Su paso por el Partido Comunista rumano puso al descubierto la desilusión de Manea con los dogmas del sistema. "La necesidad de ficción del adolescente que no había sido alimentado a tiempo con cuentos llevó a la atracción hacia la Utopía", comparte Manea. Su subsecuente residencia en Alemania completa la fórmula de su estilo y su voz irónica y lúcida, con la que pone al descubierto la imbecilidad del ser humano.

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Manea escribe porque encuentra una especie de conciliación en el acto, y según Manguel, esto responde a la necesidad del individuo de encontrar algo mas allá de la realidad cotidiana.

Manea decide ser fiel a su lengua natal. Su estilo es elegante e inesperado, con un sentido del humor perspicaz y oscuro. "Su preocupación al escribir es evitar las etiquetas, los lugares comunes y las prácticas perezosas", cierra Manguel.

Luego de la presentación, Norman Manea hizo uso del micrófono. Habló en su lengua natal, siendo fiel a su idea de que el lenguaje es la forma más pura de identidad. "Como única lengua latina en un gran territorio eslavo, la lengua rumana tuvo que enfrentar muchas presiones internas y externas que tendían a diversificar y desviar sus opciones y sus valencias; la raíz latina resistió heroicamente a las tensiones", explica el escritor.

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El escritor cerró su participación contando al público asistente sobre su relación con México. "Hoy en Guadalajara disfruto de un importante reencuentro. En enero de 1990 participé en Ciudad de México en la primera y más amplia conferencia internacional dedicada a la libertad, junto con los más importantes representantes de la disidencia anti-comunista de Europa del Este y la intelectualidad occidental", recuerda. "Fue un encuentro de una elevada vibración espiritual y profundo compromiso cívico. Entonces y ahora, en México, fui rejuvenecido por la amistad y la hospitalidad y el humor de los anfitriones, por la energía y la jovialidad latina, la fidelidad a los altos valores del humanismo".

mariana.ampudia@eleconomista.mx