Ante la cancelación del futuro, sólo nos queda recurrir al pasado. Esta es la tesis de “Remake” (Aristas Martínez, 2020), la novela reciente de Bruno Galindo, cuyos personajes navegan transidos de melancolía y vertidos a “la obsesión de la onomástica”.

Bruno Galindo (Buenos Aires, 1968) es un escritor, periodista cultural, poeta, productor y crítico musical, afincado en España desde su infancia, que está de visita en México, invitado por Fundación Telefónica Movistar, para participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en otros foros, cuya temática gira en torno a “repensar el mañana”.

Galindo accede a charlar desde Madrid con El Economista, previo a su presentación este viernes en la FIL Guadalajara, sobre su novela y de cómo advierte el futuro de la literatura.

“’Remake’ es una novela ensayo que recoge un sentimiento de nostalgia por el pasado.  Donde ese sentimiento es como el personaje central -dice-. Los personajes viven en una melancolía cultural, van a exposiciones sobre la copia, sobre el remake, donde todo gira en torno a exposiciones históricas espontáneas que hacen grupos de personas jubiladas, conocidos como ‘renagmants’, que saben todo sobre la batalla de Waterloo, por ejemplo, y van los fines de semana, caracterizados, a recrear la batalla. Viven en el mundo de la onomástica”, resume.

Bruno lo explica: “De repente todo se volvió ‘hace un tiempo X’ que…”, y empezamos a ver cómo la gente rememora en sus redes sociales acontecimientos del pasado. 

“Todos los días es un aniversario de algo: El disco de David Bowie, el estreno tal, hace tanto que murió Freddie Mercury o que salió este libro…y empezamos a vivir cada vez más dentro de eso”.

Remake apareció justo antes de que se declarara la pandemia, a principio de 2020, “y aunque en la novela no se percibe nada que pudiera anticiparla, muchos de los hábitos pandémicos le han dado la razón a esta tesis: como no podíamos salir, no podíamos viajar, o proyectar el futuro, hemos tenido que desempolvar nuestro pasado, y esto se ha visto mucho en redes sociales, hemos cultivado la onomástica como un nuevo género literario o periodístico”, apunta.

Autor de más de una decena de obras, Galindo ha sido un observador y narrador privilegiado del advenimiento del tercer milenio, tanto de lo que esperábamos que llegara y no llegó o, por lo menos no ha ocurrido, como de los cambios que están transformando al mundo y a sus sociedades.

Recuerda que ya desde el primer año, el milenio se mostró belicoso y desalentador, cita por ejemplo el atentado a las torres gemelas en Nueva York, el crack financiero de 2008, equivalente a la crisis de 1929, y ahora la plaga del Covid-19. Y en ese contexto de un futuro desolador surge la sensación de desasosiego y melancolía, porque no vemos un futuro alentador, nos dan vértigo los cambios, o no comprendemos el mundo que estamos viviendo, explica.

“A partir de esta hipótesis, subjetivamente real, se crea una trama donde los personajes navegan con la melancolía de mirar hacia atrás. Hay toda una miríada, una constelación de cosas o de eventos cotidianos que se manifiestan en forma de recreación, de remake, en lo cultural, de repeticiones onomásticas, con todo eso yo quise hacer una novela, y entonces todos estos personajes que navegan en esas aguas, aplican todo este mundo de la onomástica a una relación de sus propios sucesos”.

Adelanto sin spoiler

Bruno Galindo, como escritor todoterreno, también es guionista y nos traslada al mundo del cine, “que es el mundo de recreación y la fantasía”, para presentarnos a un poderoso productor cinematográfico, cuyas películas ya no emocionan como antes ni consiguen la taquilla deseada, que decide celebrar su cumpleaños haciendo un “Renagmant Birthday”, una especie de fiesta de los recuerdos, y recrear a lo largo de la noche todos los hitos de su vida, década por década.

De tal suerte que este personaje paga una fiesta en la que hay varias salas, en su gran mansión, y en cada sala hay un letrero que indica el año que corresponde a lo que quiere recrear. Hay un DJ poniendo determinada música y gente vestida de determinada manera.

“Entonces en la novela tienes a personajes que empiezan repetir con todo lujo de detalles cosas de su pasado, en una especie de extraña, distópica y perversa satisfacción. Es decir, repetir desesperadamente para sentir que están vivos porque ya es lo único que les queda”.

¿Estamos condenados a una felicidad imposible?

Bruno reflexiona que esta ancla existencial con el pasado puede deberse a la insatisfacción, al desconcierto que nos genera haber llenado nuestra vida de cosas que supuestamente iban a ser imprescindibles para nosotros, que nos iban a hacer la vida mejor, nos íbamos a llenar de gadgets actualizables, pero finalmente nos han convertido en personas más aisladas, más vulnerables, más frías, y con una salud mental bastante comprometida.

“Hay una enfermedad del alma y la había antes de la pandemia, también quisiera matizar que esta melancolía que tenemos es humana y nos hace humanos, y no creo que debamos sacar el látigo y fustigarnos”.

Le recuerdo que aunque Joaquín Sabina dice que ‘al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver’, siempre volvemos, porque muchos crecimos con la idea de que la felicidad es inalcanzable, que nadie puede ser feliz totalmente todo el tiempo, y entonces nos convertimos en coleccionistas de momentos felices, y hacemos todo lo que está a nuestro alcance para atesorarlos o volver a ellos de alguna manera. Pero también hay momentos de epifanía, de conmoción, como dicen los filósofos, o momentos de gracia que sabemos irrepetibles, pero que nos aferramos a ellos y queremos recrearlos a toda costa.

Bruno escucha paciente mi perorata, y después de una meditada pausa responde: “Y fíjate hasta qué punto, que estamos dispuestos a ir no sólo a donde fuimos felices sino a donde fueron felices nuestros antepasados”, dice. Estamos hechos de repetición. Una repetición traumática en el mejor de los sentidos, como un fuego sagrado al que siempre queremos volver, como a Ítaca, como a la infancia”.

Y añade que todos buscamos ser felices y que hay una parte de la felicidad que está en reencontrarnos con las personas y los eventos que nos han hecho felices.

“Nos gusta reencontrarnos con las mismas cosas, es humano, es bello, por ejemplo cuando volvemos a una ciudad donde fuimos felices, cuando vamos a casa de un familiar que nos preparaba tal comida, cuando volvemos a ver a un amigo, etcétera, hay algo en la repetición y en la melancolía que forma parte de lo humano que somos”.

¿El eterno retorno?

La tesis de Remake me recuerda a la del eterno retorno de Nietzsche. Se lo digo, y me confirma que "Remake es un cuento sobre el eterno retorno", aunque…  “tendría que ser una persona muy privilegiada quien decidiera repetir toda su vida tal y como fue, porque todos tenemos sucesos terribles, siempre hay cicatrices, y justamente esas cicatrices es a donde uno vuelve para arreglarlo, ‘esta vez sí, esta vez no me va a pasar’, y resulta que a veces sí se puede y eso es un gran regalo de la vida.

-¿Les das esa oportunidad a los personajes de tu novela?

¡Ah, sí claro!, hay personajes que quedan condenados a la melancolía, hay otros que encuentran la redención y hay otros que financian una repetición magnifica. Incluso hay personajes que financian la reconstrucción de su vida con arreglos que no le gustaron, como el productor cinematográfico. Es un trampantojo poscapitalista que tiene la novela en determinado momento. Pero al final la vida suele dar tregua o hay que intentar que la dé”.

El futuro de la literatura

Bruno Galindo sabe de literatura. Además de autor, ha sido colaborador en diarios como El País, El Mundo y La Vanguardia y en la revista Rolling Stone, y desde su vasta experiencia opina que la literatura se encuentra ahora con un enemigo que no contaba, que es la pérdida de atención.

“A lo mejor tu libro es una novela que has estado escribiendo durante años, pero el lector se pregunta, ¿me da respuestas?, ¿narra lo que me pasa?, ¿narra lo que veo?, ¿me representa?, ¿me ayuda a decodificar las señales que hay a mi alrededor?. Y aun así, fíjate,  que sigue habiendo grandes éxitos en el público más joven, aunque también, ahora el público más joven tiene libros, pero también tiene Tik Tok, tiene redes sociales y también tiene grandes problemas laborales y para irse fuera de casa de sus padres”.

“Decimos que la gente no lee y que los libros están en crisis, y eso es verdad de cierto modo, pero también la literatura está evolucionado a la oralidad, hay muchas historias en busca de formato, ahora las historias están en el audiolibro, en los audiovisuales, en el podcast, hay historias por todas partes. No pasa un día sin que nos detengamos a escuchar una historia a través de múltiples plataformas”.

“Entonces, hay crisis y no la hay. Los libros ya no tienen el mismo tirón, pero a la información le pasa lo mismo, hemos salido de la lógica del triángulo prensa, radio y televisión, como vehículos exclusivos de la narración del mundo, y ahora eso, que sigue existiendo, está amplificado y vehiculado por las redes sociales y todas las plataformas on line y auditivas. 

Ante los pesimistas o escépticos que vienen cantando exequias desde hace años al libro físico, considera que éste sigue teniendo su “papel totémico” y “para la gente sigue siendo tan importante como tener un hijo o plantar un árbol, y la pandemia lo demostró, aunque eso puede ser coyuntural, o no, yo en este momento hablaría del libro como un objeto vivo y poderoso”.

Por otro lado, declara que al libro no hay que salvarlo, “ya está salvado, la Biblioteca de Alejandría existe. Y el conocimiento está almacenado, lo que ocurre es que el conocimiento está almacenado entre todo lo demás, entre todo el ruido, toda la basura y toda la distorsión, pero está.”

Bruno se refiere a las nuevas generaciones de lectores con quienes seguramente se encontrará este viernes 3 de diciembre a las 6 de la tarde, en el Salón A del área internacional de la FIL Guadalajara, para presentar un adelanto de la revista Telos, en cuyo número 18 colabora. 

“No me extrañaría que de repente se viviera un inesperado renacimiento cultural, a la manera del Cinquecento italiano, porque las nuevas generaciones están actuando contundentemente respecto a qué mundo quieren tener. Y quieren vivir en un mundo bastante mejor que el que hemos tenido nosotros. El talento de las nuevas generaciones es espectacular en todos los sentidos, hay una renovación bárbara, y pienso que a pesar de la fatalidad estamos viviendo tiempo de renovación social y cultural, casi te diría que a la altura de los años 60 (siglo XX), hay un cambio de mentalidad y de sensibilidad respecto a la sexualidad, el género, el medio ambiente, de relación entre las personas y con los animales, eso lo veo con optimismo”.

Y concluye: “Uno puede escoger entre optimismo y pesimismo, entre depresión o entusiasmo, creo que hoy el mundo es más inquietante, es más incómodo, pero la partida sigue y está interesante. Yo trato de estar a la altura, trato de comprenderlo y de no morir idiota.”

Para saber más:

  • Bruno Galindo también conversará con Daniela Franco en la Casa del Lago, de la UNAM, el próximo 10 de diciembre a las 5 de la tarde.