Sí, estamos saturados. Ahora los descendientes de Drácula están por todos lados y empiezan a resultar empalagosos o aburridos.

Pero entonces aparece Los Radley de Matt Haig y le da una tremenda refrescada al género. No es exageración, es una estupenda novela juvenil.

Lo que hace Haig es tomar al vampirismo como una forma de exagerar los vicios, los defectos que todos tenemos y los deseos oscuros que quisiéramos esconder.

Así, comenzamos con una cita del Manual del abstemio, pero no del abstemio de alcohol sino de sangre, pues muchos vampiros han decidido ser civilizados y mal vivir sin sangre humana; la carne y la sangre de otros mamíferos les permiten sobrevivir pero no tener sus fantásticos poderes.

Los Radley, papá, mamá, Rowan y Clara, son abstemios, y en el pueblo Ochard Lane nadie sabe que son vampiros.

Su vida es rutinaria y desagradable, lejos de las ciudades donde abundan los bebedores de sangre, como Londres.

Papá y mamá son abstemios por decisión propia. Sus razones tienen. Pero Rowan y Clara no saben la verdad, no saben que son. Y son adolescentes. ¿Inadaptados? La palabra se queda corta. Débiles, con erupciones cada vez que no consiguen protector solar de factor suficientemente grande, la escuela es más que una tortura para ellos.

Clara, que para colmo quiere ser vegetariana, al menos tiene una amiga, Eve, hija de un alcohólico. Pero Rowan es víctima constante de los dos bullys de la escuela y no tiene ningún amigo.

Los papás desde luego no sirven para eso ni para casi nada más. Igual que cualquier adolescente, Clara y Rown sienten que sus papás no entienden sus problemas. Igual que cualquier padre o madre de adolescentes, éstos tienen una idea bastante cercana de qué les pasa a sus hijos pero no encuentran la manera de ayudarlos.

No, la vida de esta familia no se parece ni un poco a la de célebres vampiros. Su vida apesta hasta que alguien es mordido, muere y comienzan los problemas de verdad…

Y cuando eso sucede, ¿quien llegará a echarles una mano (a los problemas)? El tío Will, un vampiro hecho y derecho, más malo que la peste, pero que, la verdad, con sus poderes y su vida disipada, resulta súper cool. Sí, no cabe duda de que los vampiros necesitaban sangre fresca. Ya la tienen.

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