Con una fuerte presencia en la teoría de las artes, Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania, 1937) es además pintor, poeta visual, crítico y docente. En su participación el pasado miércoles en el Foro de Empresas Culturales del Instituto Veracruzano de la Cultura, regaló al público una extensa reflexión sobre el papel que juega el mecenas en el quehacer artístico a nivel global.

La charla empezó duro y a la cabeza, con una posición política por parte de Camnitzer, diciendo que se maneja "menos con cosas del arte que con una serie de cuatro preguntas", las cuales sirvieron como esqueleto de su exposición: ¿Quién tiene el poder?, ¿por qué tiene el poder?, ¿por qué no lo tengo yo?, y ¿cómo se puede distribuir equitativamente?

A partir de ahí, el maestro explico que los artistas se encuentran inmersos en los conflictos que crean la producción de objetos "inútiles" (las piezas de arte). Llamar así a una obra choca con el hecho de que dichos objetos son comerciables, en una dinámica de intercambio entre productores, consumidores y compradores.

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El mecenazgo es el modelo de adquisición de arte que permite al artista vivir de la compra de sus piezas. En este esquema caben desde los compradores ocasionales hasta los apoyos gubernamentales, pasando por las corporaciones. El mecenazgo empresarial, por su parte, es también conocido como "responsabilidad social". Entonces, ¿quién se beneficia de la filantropía?

Según Camnitzer, el artista aspira a generar conocimiento, a fomentar la reflexión a partir de su trabajo, con lo que hace un importante aporte a la cultura colectiva, lo cual no significa que tenga mayor poder, pues sigue dependiendo del sistema, pero "el arte es solamente una de las manifestaciones de la cultura", sentencia.

Así, la financiación de la cultura solo puede ser considerada como verdadera filantropía cuando no se limita a satisfacer el "coleccionismo fetichista". Su función es refinar el gusto general al acercar ella creación artística a la gente, lo que evidencia la marcada diferencia entre el arte erudito y el popular. La intención es buena y hasta democrática, pero va marcando cánones que luego son difíciles de cambiar. Los tecnócratas que se abocan a la filantropía terminan entonces controlando los gustos, con lo que la producción que no se acomode al canon queda excluido del mercado.

Los artistas, entonces, muchas veces terminan compitiendo dentro de un mercado en el que no creen, ese es el caso de Camnitzer, quien dice que "nos gustaría que nuestra obra tenga un efecto transformador en toda la sociedad y que no se reduzca a objetos que señalan un estatus cultural que ornamenta a los que poseen el poder".

La responsabilidad social

Camnitzer señala que las instituciones que se amparan en la categoría "sin afán de lucro", no se pagan impuestos sobre los ingresos de la venta de obra. Esto equivale a que el ciudadano normal que sí paga impuestos, vaya o no al museo, está ayudando a financiar a las instituciones privadas. Incluso, si asiste al museo, debe pagar una entrada, pero el gasto no es reembolsable.

El modelo de mecenazgo entendido como responsabilidad social es entonces otro de los fallos del sistema de intercambio artístico. Esto es, las empresas que utilizan la cultura dentro del ámbito social para ganar renombre, que adquieren obra, no sin antes regatear, como una inversión, pero que termina siendo "una estructura administrativa", lo que refuerza la idea del arte como no utilitario y fetichista.

Aunque estos modelos tienes algunas ventajas, pues "hay que reconocerlo, esa responsabilidad privada también es una forma de restituir dineros previamente extraídos del ámbito social", el ejercicio de poder de los coleccionistas obliga a los creadores a producir arte para una ocasión, con lo que terminan repitiéndose y de nuevo, reforzando el canon.

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"La diferencia mayor está en la proveniencia del dinero, ya que los tecnócratas que realizan las compras tienden a ser los mismos (...) el elitismo, generalmente, está en manos de esos tecnócratas y entra el conflicto de tener la conciencia política por un lado y el gusto estético por el otro".

El coleccionismo como inversión

En el arte, la especulación es una moneda constante en los circuitos del coleccionismo como inversión. Luis Camnitzer explica que "existen fondos financieros que especulan exclusivamente con los precios de las obras". Estas pasan a ser parte del fondo de inversión y los inversionistas pueden pedirlas prestadas para decorar las paredes de sus hogares y oficinas.

Ejemplo de estos fondos es el Fine Art Found Group, que llego a tener un contrato por un total de 500 millones de dólares. Para participar, la entrada era de 500 mil a un millón de dólares. En este mismo año, los fondos alcanzaron un 9% de ganancia.

Esto demuestra que el arte puede ser un buen negocio, pero apenas para algunos artistas que alcanzan el renombre, o la representación necesarios para jugar en estas ligas mayores. De nuevo, una de las contradicciones es que la parte discursiva y estética de la obra, es decir, la voz del artistas, queda en segundo plano, supeditada a las tendencias y cánones que producen una mejor ganancia para el inversionista.

La importancia de la educación

En entrevista con El Economista, Luis Camnitzer recuerda la importancia de haber participado como militante estudiantil en la escuela de Bellas Artes de Uruguay. Es en los años de formación en los que comenzó a criticar el régimen desde las institución de la escuela, incluso antes de saber cómo iba a ser su formación artística.

"Cuando medio me encontré en mi lenguaje, siempre pensé también que mi obra no era la obra misma, sino que se trataba de empoderar al que la viera. Por lo tanto, siempre vi mi producción como una obra pedagógica y por lo tanto política".

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Camnitzer expresó que ahora, menos que nunca, le interesa producir objetos. Está firme en que la energía que le queda está mejor invertida en discutir problemas de educación que conciernen a todo el mundo, más allá de las problemáticas del arte, que son apreciadas apenas por una élite mínima.

"En el mundo del arte hay un movimiento que acepta la educación como problema importante, el llamado 'giro de la educación', pero probablemente yo piense más radicalmente que eso, porque no me interesa crear artistas-educadores, sino que me interesa que la educación misma absorba la metodología artística como parte fundamental de la adquisición y expansión del conocimiento".

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