México se encuentra en plena discusión sobre la inclusión del etiquetado de alimentos, muchos son los puntos aún sobre la mesa y los especialistas han presentado diversos enfoques.

En entrevista, la doctora Susana Socolovsky, presidenta de la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios, asegura que para lograr una discusión adecuada la sociedad y los tomadores de decisiones deberían conocer a fondo las propuestas.

Para empezar, dijo, hay muchos tipos de gráficos para el etiquetado frontal. En el mundo entero, hace 30 años que distintos países han ido implementando de forma voluntaria estas medidas. Por ejemplo, Francia, España y Bélgica comparten un etiquetado de colores denominado Nutriscore; Nueva Zelanda y Australia tienen un ranking de estrellas del uno al cinco y la Unión Europea ha admitido un etiquetado llamado GDA. Los únicos países que lo hacen de manera obligatoria son Ecuador, Perú, Chile y ahora México.

Sin embargo, el gráfico es una cosa y otra es el set de parámetros que promueve la aparición de cierta información, explica la especialista. Lo que se está proponiendo en México no es igual al etiquetado chileno, sólo comparten el gráfico frontal de advertencia, pero los parámetros son completamente distintos.

En Chile y Perú, los parámetros son en gramos del nutriente que es necesario controlar o desalentar el consumo, como grasas saturadas, sodio y azúcares respecto de 100 gramos o mililitros de ese alimento, esto ha llevado a reformular alrededor de 1,600 productos.

En México, lo que se está proponiendo es un modelo de perfil de nutrientes basado en un documento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y que es muy distinto, éste se basa en calorías aportadas por el nutriente azúcar, respecto de las calorías del alimento. la especialista es contundente: “éste es un set de parámetros completamente equivocado y es absolutamente inutilizable, está mal concebido desde el principio”.

El problema es que cuando uno utiliza este modelo basado en la relación de calorías del nutriente que es necesario disminuir, respecto de las calorías de un alimento, se anula la posibilidad de mostrarle al consumidor la mejora que el industrial haya podido hacer en el perfil nutricional de ese alimento, es decir, en su composición química.

Entonces, un queso manchego reducido en grasa quedaría con la misma etiqueta de grasas saturadas que el regular. “En este caso el industrial diría: ‘¿para qué gasto en nuevos nutrientes y tecnología si la mejora no se puede mostrar al consumidor’”.

Dijo que es necesario apelar a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que tiene dos propósitos: uno, que el consumidor elija productos de mejor composición nutrimental (reformulado para mejorar), “esto el perfil de OPS no lo permite”; el segundo objetivo es que obligue o estimule la reformulación por parte de la industria, “esto tampoco se permite e incumple los dos objetivos de la OMS”.

“En México me di cuenta de que quienes impulsan este modelo de nutrientes no entienden que es inadecuado y en las discusiones indican que sí se puede reformular”, la especialista sostiene que no se puede.

La iniciativa mexicana está por llevarse a la consulta pública, por lo que la especialista asegura que es deseable que universidades, institutos y los grupos de la sociedad envíen los comentarios para transparentar la incorrección de este modelo que presenta muchos inconvenientes.

El etiquetado no alcanza

“Creo que México de ningún modo va a solucionar el problema de la obesidad con una alerta frontal y un pueblo absolutamente ignorante; además, el problema es múltiple. Yo me sorprendo de la cantidad de alimentos que se venden en las calles”.

En México, dijo, una enorme cantidad de alimentos se consume en restaurantes, locales, callejeros o en casa, “si el ciudadano no es educado respecto de lo que es necesario comer y evitar para controlar la ingesta de calorías, ¿cómo pueden esperar que una sola medida de etiquetas de alerta en productos envasados vaya a tener resultado? lo que hay que hacer es gastar en campañas de nutrición en las escuelas”.

Otro problema grande del proyecto, agrega, es que el etiquetado exime a los ingredientes culinarios; es decir, mantequilla, manteca de cerdo, miel; esto da la sensación de que cocinar en el hogar y hacer refritos está perfecto, pero es mentira que la comida hecha en el hogar no afecta el consumo calórico del día.

Esto ya pasó en Chile, donde hace tres años se tiene la norma, pero la obesidad continúa, incluso ha crecido 3.6%, porque tampoco hay campañas de educación y el etiquetado no alcanza.

“Lo que debería generarse son promotores de la salud, tales como las amas de casa, encargados de cocina, chefs o cualquier encargado de la alimentación”.

Por último, recordó que en las rondas de discusión se deben incluir a todos los actores, incluyendo la industria, “en México constantemente se está dirigiendo el tema hacia los conflictos de intereses, obviamente ellos tienen conflictos de intereses, pero en muchos casos no se tiene mala fe y están dispuestos a colaborar porque son parte del problema de la obesidad, desautorizarlos es ridículo, pues ¿a quién van a llamar para discutir las reformulaciones? esta discusión es ridícula, en ningún país esto ha ocurrido y está impidiendo una buena conversación”.

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