En estos días oscuros de nuestro país se tiene derecho a preguntar qué diablos celebramos el 16 de septiembre, si México es un desastre. Si hay narco, secuestros, gobernantes que se roban la ayuda a los damnificados para repartirlas como despensas electoreras, feminicidios y etcétera.

¿Qué es México? ¿Por qué habría que estar feliz de ser mexicano?

Yo me di cuenta hace unos años de que México no es eso que nos contaron en la primaria. No es la bandera tricolor ni el himno ni el saludo bien derechito. O sea, sí, todo eso nos representa, pero a últimas cuentas ése no es mi país.

México es el lugar donde aprendí a leer. Son mis papás y mis hermanos, mis amigos tan nerds, el Estadio Olímpico de CU, donde he gritado, llorado y me he emborrachado. México es mis viajes al Festival de Cine de Morelia o mi amada FIL de Minería. Es este chilangoñol en el que hablo y escribo, güey. México es todo eso, porque al país hay que tomárselo de manera personal: es parte de quienes somos, se pega a la piel como el sudor del Metro o el smog de Insurgentes.

México también es el lugar donde asesinaron a Mara Castilla, a tantas otras, por ser mujer, por tener un cuerpo de mujer y el lugar donde tantos justifican su muerte diciendo que se lo buscó porque qué muchacha decente anda a las 5 am en la calle.

Mara: tú eres México también.