Hermosa, ingobernable, traidora, intensa, genial. Le dijeron de todo. Pero también hizo de todo: teatro, danza, coreografía, prensa y activismo. Sin embrago, su oficio verdadero fue escribir. Y así, frase a frase, alejándose y regresando, se convirtió en la escritora más controversial de México. Se llamaba Elena Garro.

Hija de padre español y madre mexicana, Elena Delfina Garro Navarro, nació en Puebla el 11 de diciembre de 1916. Fiel a su cualidad de partícula revoltosa , como alguna vez se describió a sí misma, inauguró la polémica desde la fecha de su llegada al mundo. Biógrafos, críticos y ella misma le pusieron y le quitaron años, pero su original hermosura, combinada con una inteligencia feroz y un innegable poder de seducción, dejaron la cuestión de su edad en segundo término. Porque en primer plano, lamentablemente y casi siempre, estuvo su relación con Octavio Paz.

Dicen que Elena Garro pasó sus primeros nueve años en la Ciudad de México, pero que cuando hablaba de su infancia, siempre se refería a una temporada vivida en Iguala, Guerrero donde llegó con su familia alrededor de 1926, a inicios de la Guerra Cristera. La sombra de la Revolución Mexicana y el haber estado al cuidado de nanas indígenas le enseñaron nuevas y prodigiosas costumbres y le presentaron a otros santos. También determinaron buena parte de su quehacer literario. Garro volvió a la ciudad de México a los 18 años y se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También se puso a estudiar danza y le gustó tanto y lo hacía tan bien que acabó participando en el espectáculo dancístico El treinta-treinta de Nellie Campobello.

Garro no terminó la carrera de Letras pero su estancia en la Universidad Nacional la formó de mil maneras: fue alumna aventajada de Samuel Ramos, Julio Jiménez Rueda y Rodolfo Usigli, quienes le enseñaron artes escénicas. Se convirtió en pupila favorita de Julio Torri y Enrique González Martínez y ellos le compartieron el gusto por la poesía, las letras, y hasta le enseñaron un poco de francés. Todavía estudiaba, cuando contrajo matrimonio con Octavio Paz. Con él estaría veintidós años, de 1937 a 1959.

Narrando cómo lo conoció, Elena Garro contaba: En casa de mi tía Marga. Junto al piano había algunos jóvenes que cuchicheaban y me miraban. Uno se acercó a invitarme a bailar. ‘No bailo’, le dije y me tiró del brazo: ‘La conozco muy bien’ dijo aquel joven con insolencia. Era ?Octavio Paz.

Y sí, la figura de nuestro único Premio Nobel de Literatura sería determinante en la obra, vida y destino de Elena Garro. Ella misma confesó en una entrevista: Yo vivo contra él estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo lo que soy es contra él. En la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz .

Tendrían que pasar los años para reconocer la aportación de Elena Garro a las letras nacionales, escribirse muchas página para que por fin alguien dijera con justeza que revolucionó la literatura hispanoamericana del siglo XX y la dramaturgia mexicana como ningún otro autor lo había logrado antes. Y para que, alejada de la sombra de Paz, la consideraran la segunda escritora más importante de México después de Sor Juana .

Dedicada a casi todos los géneros literarios, como dramaturga Elena Garro rompió el molde. Cuando en 1957 presentó sus tres primeras obras en un acto, Los pilares de Doña Blanca, Andarse por las ramas y Un hogar sólido, provocó admiración y asombro. Se había apartado del teatro clásico y costumbrista que hasta entonces se montaba en México y nunca antes habían cohabitado en la escena nacional la fantasía con el realismo más crudo. Como cuentista publicó varios libros. En La semana de colores aparecieron sus más gustados relatos, entre ellos La culpa es de los tlaxcaltecas, una narración insuperable donde amalgama el presente con el pasado, y lleva al lector en un viaje hasta los tiempos de la Conquista de México.

En 1963 apareció Los recuerdos del porvenir, considerada como la obra maestra de Elena Garro. Galardonada con el premio Xavier Villaurrutia. En sus páginas Garro rompe con el realismo de la literatura de la Revolución e incorpora lo fantástico en voces de personajes tan insólitos como el mismo pueblo de Ixtepec, donde se desarrolla la historia. El amor, el poder y el abandono son tratados desde un ángulo insólito hasta entonces y apenas atisbado en Pedro Páramo de Rulfo.

Poco antes de su muerte, en 1996, se publicó la novela Un corazón en un bote de basura. Salieron a la luz recopilaciones, antologías y entrevistas inéditas.

En aquellos momentos Elena ?Poniatowska, escribió: Elena Garro fue un ser lleno de contradicciones y enigmas. Para ella nunca hubo medias tintas.