Para hacer arte no se necesita dinero, se necesita una idea , dice Antonio Ochoa, artista autodidacta. Lleno de ideas está el maestro. Muchas de esas ideas le llegan cuando camina.

Desde hace tres años comencé el ejercicio de caminar y observar. Me di cuenta que en la calle encontraba símbolos parecidos a los de mi obra. Me gustó ese juego con las otredades , explicó.

La obra de Ochoa es sobre todo de gráfica y dibujo. Dice que los críticos lo han llamado creador de arte sacro contemporáneo. De tipo más bien sobrio y abstracto, el arte de Ochoa cambió para volverse más gestual y violento .

En esos paseos urbanos Ochoa comenzó a pergeñar esa nueva obra. Pasear, escribió alguna vez Henry David Thoreau, es una forma de meditación sagrada.

Para Ochoa fue una manera de crear.

El grafitero Ochoa

Nacido en el Estado de México en 1967, Ochoa vive lo que puede ser un año simbólico. Dice que así es: cumplir 50 años con un discurso artístico renovado es, puede ser, una aventura.

Y sí, Ochoa ha emprendido esa aventura. Se llama Caminando y es una intervención completa del Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas (MACT). Completa, es decir, de todo el museo. Lo que quiere: llevar la calle al museo. Lleva piezas de madera para crear plataformas parecidas a las de las construcciones. Aclara que 95% de la intervención se conforma de material reciclado. Por eso aquello de que el arte no requiere dinero, sino ideas.

Cita a Joseph Kosuth, a quien llama padre del arte conceptual: el arte es la idea, no el resultado.

A su vez, está influido por el arte callejero, sobre todo el grafiti y calcomanías. Los grafiteros tienen que dibujar con prisa porque lo que hacen es vandálico. Yo estoy haciendo algo así como grafiti de estudio, con todo el tiempo. En la calle todo cambia. Usted sabe que cuando va por ahí ve un grafiti y al día siguiente está cubierto, deje usted que por el dueño de la pared, sino por otro grafitero .

¿De dónde nace esta intervención completa del MACT? Es una buena anécdota. Estaba Ochoa dando unos talleres de gráfica en Matamoros. El museo estaba vacío, como nuevo, en transición entre exposiciones.

En cuanto vio las paredes desnudas se le metió en la cabeza una idea: llenar las paredes de grafitis. Síndrome de la hoja en blanco que Ochoa liberó esa misma noche, su última en la ciudad, para armar su propuesta para intervenir todo el recinto.

Le tocó una época de cambio de autoridades culturales. Pero su carpeta no se perdió. Alguien del nuevo equipo vio el proyecto. Y hecho: lo invitaron a llenar el museo con su obra.

Estoy ansioso de llegar al museo , dice. Recorre mentalmente sus piezas y el plano del museo y las configuraciones cambian en su cabeza, como si se tratara de un cubo de rubik.

La calle está llena de artistas anónimos. Hay gente qué sólo colecciona firmas. Yo prefiero observar el arte de la calle , concluye.

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