En escalada. Es así como se va dando la nueva novela de Eloy Urroz, Nudo de alacranes (Alfaguara, 2019), la historia de Fernando Alday, un profesor universitario, padre de familia y novelista, un tanto estancado después de vivir por seis años en Carolina del Sur, cuya narrativa es una suma gradual de complejidades que, finalmente, desemboca en una tragedia.

Desde un inicio o, es más, desde antes de leer las primeras páginas, el lector se entera de antemano que el protagonista es el asesino confeso de Irene Dávila Cienfuegos, la prostituta de la que se enamoró 25 años atrás y por quien, hastiado de una sociedad esclerotizada, abandona a su familia y emprende una búsqueda en la que nada termina bien.

Pero la novela no avanza sola. El relato de Fernando Alday, sobre el descenso de la vida inmersa en un sueño americano parsimonioso a una ruindad irrevocable, es intercalado con un tratado sobre la vida del escritor inglés D.H. Lawrence, a quien idolatra el protagonista y termina siendo el motivo para dejarlo todo, dispuesto a instalar su propia comuna en la ciudad de Oaxaca, tal como Lawrence pretendió en los años 20.

Una distancia simbólica

Hay bastante semejanza entre Eloy Urroz y Fernando Alday, principalmente en la primera parte de la historia, donde todo es más introspectivo y menos vehemente; sin embargo, recomienda el autor en entrevista, hay que tener criterio para discernir entre la vida misma y el ejercicio de la ficción.

“De alguna manera, uno, al escribir una novela de esta naturaleza, exorciza, como diría (Ernesto) Sabato, ciertas pulsiones tanáticas”, reconoce Urroz. “En el fondo, si vas al psicoanálisis te das cuenta de que nada es casualidad. Yo me estaba divorciando y estaba escribiendo esta novela. Pero ahí es donde no todo lector entiende, solamente el más preparado: lo que mi psicoanalista llama la distancia simbólica. Hay que crear una distancia simbólica porque si no ‘¡ah! ¡Entonces Urroz es Fernando Alday!’, pero esto no es así; son alter egos, mecanismos a través de los cuales uno desplaza esas pulsiones”.

Añade que, con sus años de escritor, ha dominado el ejercicio de ficcionalizar y ha encontrado un gusto por enredar al lector y dotar a sus personajes con rasgos del autor. Asegura que ese ejercicio, simple en apariencia, ha sido uno de los grandes descubrimientos de la novela del siglo XX. Comparte que en cada novela que escribe quiere ser un autor diferente; es un principio de su trabajo el no repetir siquiera las fórmulas probadas de los libros que han tenido éxito.

“A mí me cansan esos autores”, expone, aunque, dice, “eso no quiere decir que no tenga temas constantes, leit motivs, en mis novelas: me interesan las relaciones humanas, me interesa todo lo que implica la condición humana, el amor, la sexualidad; celos, traición, desamor, odio, peleas, fricción. Ése es mi tema, el ser humano por excelencia”.

La utopía de Lawrence

La narrativa sobe las peripecias de Fernando Alday y las propias de D.H. Lawrence están bien diferenciadas. Mientras una fue escrita en primera persona, la segunda fue pensada en tercera persona, en una novela que, entre más avanza, más entreteje ambos relatos y, al mismo tiempo, más delirante convierte a la parte ficcionada.

“Fernando se cansa (de su vida en Estados Unidos), viene el hastío y piensa que ahora el espejismo está en México, específicamente, Oaxaca; ahí, siguiendo los pasos de Lawrence, es donde debe estar la utopía. Entonces se hace añicos el espejismo, termina en tragedia. La búsqueda del personaje se parece a la de Lawrence, quien se la pasó buscando ese lugar por todas partes del planeta. La pregunta es si existe o no ese lugar, dónde está o si está dentro de nosotros mismos”, comenta.

“Algo de lo que no me había dado cuenta al escribir la novela, sino ya hacia el final, es que es un viaje hacia ab origine. Se van dejando todas estas instituciones: la familia, la religión, la sociedad, la escuela, el matrimonio”.

Si bien Urroz no sabe cómo es que se detonó la idea de escribir Nudo de alacranes, comparte que ya rondaba por su mente el relato de un uxoricidio (el asesinato de una mujer a manos del cónyuge). “La otra cosa que sucedió es que Jorge Volpi y yo estábamos en un congreso en Estados Unidos, fuimos a una librería de viejo y estaban unas biografías de Lawrence; empecé a hojearlas y me dice: ‘caray, Eloy, tú que conoces tan bien a Lawrence, ¿por qué no te lanzas a escribir una novela sobre él?’. Él fue quien me animó, casi que me desafió. Siempre me está poniendo desafíos”, comparte.

¿Quién es Eloy Urroz?

El escritor mexicano nacido en Nueva York, en 1967, es autor de una decena de novelas, cinco libros de poesía y tiene otras seis publicaciones de ensayo, incluyendo Las formas de la inteligencia amorosa: D. H. Lawrence y James Joyce (1999) y Forma y contrautopía en las novelas de Jorge Volpi (2000), además de un libro que reúne su obra poética. Lo han traducido al inglés, francés, italiano alemán y portugués. Actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en The Citadel College, en Charleston, South Carolina. Junto con Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez Castañeda y Vicente Herrasti, es miembro detonador de la Generación del crack.

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