No hay que ser ballena para entender Moby Dick , respondió Jorge Ayala Blanco cuando le preguntaron si había que ser cineasta para hacer crítica de cine. Lo mismo se aplica aquí: no hay que ser niño o adolescente para disfrutar de la literatura infantil o juvenil, ni esperar a que sea un día celebratorio para regalarles un libro.

Por eso, en las colaboraciones que inicio hoy en estas páginas se harán recomendaciones literarias que, si bien están dirigidas a un grupo de lectores en específico, también pueden servir de guía para cuando uno, como adulto, se detiene en la sección infantil de una librería y no sabe qué comprar.

La mentira hambrienta, noveleta o cuento largo de Guadalupe Alemán Lascurain, es un libro que ofrece a los pequeños lectores un buen rato de esparcimiento, no sólo porque se trata de una historia entretenida sino porque más de uno se sentirá identificado con Gil, el niño protagonista. El diseño y las ilustraciones de Mariana Zúñiga Torres -originales y frescas- enriquecen el texto y es difícil no querer pasar la hoja para ver qué sigue.

A grandes rasgos, La mentira hambrienta es la historia de Gil, el niño más mentiroso del mundo, al que se le aparece el licenciado Gordon C. Tasio (ballena con monóculo y bombín, encargado del Almacén Central de Mentiras) para llevárselo al Mundo de las Apariencias donde, en un plazo de cuatro horas, deberá deshacer -por haber sobrepasado el límite permitido- alguna de sus muchas mentiras si es que no quiere ser condenado a la esclavitud del mentiroso durante el resto de su vida.

El periplo de Gil por la Tierra de las Apariencias, donde todo y todos son mentiras, lo llevará a vivir situaciones tan extrañas y divertidas como hablar con letreros publicitarios, ser incluido en la puesta en escena de una telenovela mala, pasear con Yeti, el Abominable Hombre de las Nieves y paletero del lugar, volar sobre el Pájaro Peropero, avechucho lleno de excusas o caer adentro de una Medustia, ser gelatinoso, rosa y envolvente.

De dichas situaciones, Gil deberá salir bien librado sin su recurso más preciado y natural: la mentira. ¿Logrará pasar cuatro horas en ese extraño mundo sin decir otro de sus embustes?

El libro, ágil, ameno y sin moraleja, se sugiere para niños que ya se sienten seguros y cómodos con la lectura. Aun así, siempre es bueno que un adulto esté dispuesto a resolver las dudas que puedan surgir en el transcurso de la historia.

Todas las dificultades en la lectura son buenos pretextos que ayudan al niño a inferir significados, aprender nuevo vocabulario y a que busque la compañía y apoyo de un adulto para preguntarle. ¡Qué mejor manera de fomentar el gusto por las buenas historias!