La ingesta insuficiente de granos enteros, frutas y verduras es el mayor factor de riesgo para desarrollar Enfermedades No Transmisibles (ENT), asociadas a la dieta, y no el consumo excesivo de sodio, azúcares y grasas, es la conclusión de un estudio publicado en abril de 2019 por la revista médica The Lancet.

El estudio titulado Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017 encontró que de los 11 millones de muertes atribuibles a factores de riesgo alimentarios registradas en el mundo en 2017, 8.5 millones fueron causadas por el consumo insuficiente de algunos alimentos.

Contrario al enfoque actual de las políticas públicas alimentarias, que parten del supuesto que es la ingesta inmoderada de ciertos nutrimentos (el sodio, el azúcar y la grasa) lo que produce el mayor porcentaje de ENT asociadas a la alimentación, es la baja ingesta de alimentos naturales como granos enteros, frutas y verduras el factor de mayor riesgo.

Ejemplo de ello es el caso de la diabetes tipo 2, cuya aparición se asocia generalmente —dejando de lado otros factores como el genético— a un alto consumo de azúcares. Los hallazgos publicados en The Lancet señalan que las tasas de muertes y años de vida perdidos por discapacidad (DALYs, por sus iniciales en inglés) por este padecimiento son mucho mayores entre quienes tienen una dieta baja en granos que entre quienes presentan un consumo excesivo de azúcar.

Pero también una dieta baja en frutas y en nueces y semillas son factores precursores de la aparición de la diabetes tipo 2 aún mayores que la ingesta alta de azúcares, al igual que la de alimentos procesados.

En México, la diabetes afecta a 12 millones de mexicanos, lo que representa el 9.4% de la población; según datos del Consejo de la Federación Mexicana de Diabetes. El documento Acciones para enfrentar a la diabetes, realizado por la Academia Nacional de Medicina, cita entre los factores de riesgo de la diabetes mellitus tipo 2 una reducida “actividad física y un incremento en el consumo de grasas y de azúcares simples” en la dieta de ls mexicanos.

Entre las recomendaciones que hace el estudio publicado en The Lancet es que el enfoque empleado hasta ahora por las políticas públicas alimentarias debe cambiar de reducir el consumo de ciertos elementos, a incentivar una ingesta suficiente de granos enteros, frutas y verduras entre la población, a fin de prevenir la aparición de enfermedades no transmisibles asociadas a la dieta, como es el caso de la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o de neoplasias (cáncer, en caso de ser malignas).

En el caso de las muertes por enfermedades cardiovasculares cuyo padecimiento se atribuye a la dieta, si bien la incidencia de muertes por esta condición  por una dieta con alto consumo de sodio entre la población mundial es alta, es superada por el número de las muertes de quienes presentaron un insuficiente consumo de granos enteros. Si a esto se suman los altos rangos de muertes por enfermedades cardiovasculares atribuibles a la baja ingesta de frutas y a la de nueces y semillas, el resultado es que el mayor número de decesos se presentan por una baja ingesta de nutrientes necesarios, comparados con aquellos derivados de la ingesta moderada de ciertos nutrientes.

Entre los hallazgos del estudio, destacan los siguientes datos:

  • Entre el top 10 de factores que reducen años de vida, ocho son consumo insuficiente de elementos clave.
  • De los 3.5 millones de muertes por consumo excesivo de algún producto, más del 85% son atribuibles al sodio. La población está consumiendo 86% más del nivel óptimo de sodio.
  • Destacan tres factores de riesgo asociados a la dieta con un importante impacto en la salud: el consumo deficiente de frutas, el consumo excesivo de sodio y, encabezando la lista en la mayoría de los países, el consumo deficiente de granos enteros.
  • A nivel global, los factores asociados al consumo de carnes rojas, carnes procesadas y bebidas azucaradas se encuentran en los últimos lugares de la lista de factores de riesgo.

El estudio comprende datos de 195 países entre 1990 y 2017, basado en la base de datos del Global Burden of Diseases 2017, y fue financiado por la Fundación Bill & Melinda Gates, y contó con la participación directa de 130 colaboradores a nivel mundial.

“Este hallazgo resalta la necesidad urgente de esfuerzos globales coordinados para mejorar la calidad de la dieta humana. Dada la complejidad de los comportamientos dietéticos y la amplia gama de influencias en la dieta, mejorar la dieta requiere la colaboración activa de una variedad de actores en todo el sistema alimentario, junto con políticas dirigidas a múltiples sectores del sistema alimentario” concluye el estudio.

El reporte enfoca el problema a gran escala, pero predomina la visión de EU

En México, al comentar el informe publicado por la revista The Lancet, el doctor Abelardo Ávila Curiel, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y asesor de la Alianza por la Salud Alimentaria, opinó: “En él reconozco un trabajo serio y colectivo, con un equipo muy amplio de investigadores prestigiados”.

Añade que su gran virtud es reconocer un problema a gran escala y de un sistema complejo, pero señaló, “mi única reserva, que no es propiamente un defecto, es que se trata de un artículo en el contexto mundial, con un predominio y una visión desde América del Norte, para ver lo que está pasando con los sistemas alimentarios, los daños a la salud y al medio ambiente”.

Sin embargo, en México “tenemos una serie de elementos que potencian el problema de una manera intensa y que difícilmente ocurriría en otras latitudes”.

En entrevista para El Economista, Ávila Curiel explica que en nuestro país han coincidido todos los mecanismos más extremos, con malas políticas agrícolas, fiscales, de salud y con un momento álgido hablando del Tratado de Libre Comercio no muy favorable para el tema, además con una absoluta decisión de no incidir en determinantes básicos como la publicidad dirigida a niños. “En fin, se trata de una catarata de factores que se van sumando y que no podemos dejar de lado”.

Agregó que en nuestro país se han hecho diversos esfuerzos, con listados de causas que se van sumando todos de una manera sinérgica y que dan como resultado lo que tenemos: “Un país con la mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad”.

Concluye que el artículo tiene elementos muy valiosos para el plano de la alimentación de grupos objetivo; sin embargo, no podemos dejar de lado las características específicas de cada país y revisar qué es lo que está determinando el contexto nacional para que no podamos cumplir con las buenas prácticas de alimentación. (Con información de Nelly Toche)