De niño, Fratta era chaparrito, de cabello chino y siempre andaba sonriente, dejándose querer por las niñas y todo el mundo. Ahora sigue siendo chaparrito, ha logrado domar su cabellera y siempre anda sonriente, dejándose querer por las niñas, adolescentes, casaderas, divorciadas, viudas y todo el mundo.

De adolescente, Fratta quería ser músico, pero su maestra de guitarra se quejaba con sus amigos (los de él, no los de la maestra).

Nos decía, tiene un don natural, es el más talentoso de mis alumnos, pero también el más flojo. Yo le decía entonces: Fratta, vas a terminar cantando en los camiones y él me contestaba: y tú, recitando poemas en los quioscos.

Por fortuna nos equivocamos, pero nuestra flojera nos obligó, a la postre, a no tener jefes de trabajo, pues nuestros verdaderos jefes, nuestros padres, ambos exiliados políticos, idealistas y rojos, aún parecen orgullosos de nosotros, aunque no sabemos por qué-.

Fratta hizo, pues, su propia disquera independiente, en la que él es su único artista exclusivo, mientras que yo hice mi editorial, en la que si bien no soy su único escritor exclusivo, me gustaría serlo, ya que me he tenido que autorrechazar varios manuscritos en alardes de falsa modestia.

De jóvenes, el ahora arquitecto Rodrigo Rey Morán, José Alberto Areán actual director de la Orquesta Filarmónica de la ciudad de México , Rómulo García-García (él sí, me dicen, acabó cantando afuera de los restaurantes de La Condesa), Fratta (guitarra) y yo (maracas), formamos un grupo de boleros (de los románticos, no de los que dan grasa y cuentan chistes léperos), Las Cinco Deidades, quinteto de cuatro, pues el día de nuestro debut y despedida en el patio del colegio nunca llegó José Alberto, pero aun así, tras interpretar El reloj y Página blanca , nos aventaron tantas monedas que no sólo no nos descalabraron, sino que logramos juntar lo que no hubiéramos logrado en años en camiones y quioscos.

Por esa misma época, el ya entonces Director de Teatro, Rodrigo Johnson, nos invitó a varios amigos y a una amiga a montar una obra callejera para presentarla en el Festival Cervantino. Fratta iba de músico y se aventaba varias rolas del escocés Ian Scott Anderson, líder de Jethro Tull, sobre todo, en las que ejecuta la flauta transversa para juntar a la gente en tal o cual plaza y, así, al entrar en acción el resto de la compañía, tener un público cautivo. Fue tal el éxito de aquella puesta en escena que nos ganamos una primera plana en el Diario de Irapuato y logramos sobrevivir una semana sin más apoyo que las monedas y billetes que caían al interior del sombrero de copa de Rómulo.

A partir de esas fechas, Fratta formó varios grupos de rock, luego se contrataría con una de esas disqueras que sangran a sus artistas hasta que decidió tomar la libre y ser su propio jefe. De esta manera ha grabado siete CDs, cada uno mejor que el anterior, Romántico desliz (1993), Acústico desliz (1995), La espuma de los días (1998), Realidad (1999), Motel (2003), Fratta (2004) y Malafama (2008); vive bastante bien de los discos que vende, de los programas de televisión en los que participa y de sus conciertos en vivo.

¿Que qué tipo de música ofrece? Un jazz-pop exquisito, en el que cada canción es una historia para disfrutarla solos, solas o en pareja, como cuando uno se da el lujo de tomarse en casa un buen vaso de ron o whisky, y si no me cree, vaya a su tocada del próximo sábado 31 de agosto, a las 10 de la noche, en el Foro El Tejedor, que está la azotea de la Librería Péndulo de Álvaro Obregón 83, colonia Roma, en donde Fratta estará acompañado por el Sr. González en las percusiones y por Gustavo Jacob en la guitarra eléctrica.

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