¿De qué hablamos cuando decimos persona? ¿Con qué sentidos podemos percibir su constitución? ¿Es posible intentar su definición con las armas de la poesía?

En el libro Persona (Almadía, 2019), la poeta Yolanda Segura abona con algunos cuestionamientos al respecto: “¿Una persona es una interfaz que piensa?”, “¿es el miedo un facto para definir a una persona?”, “¿a qué edad se comienza a ser persona?”. También cavila que “a veces decir persona es trazar una advertencia” y determina “salir a buscar a la persona fuera de la persona”.

Esas interrogaciones y reflexiones son extractos del libro que la autora queretana llama “artefacto”, una serie de textos con estrofas y versos prosísticos: “Un poema montado, armado con fragmentos de un libro de varios poemas. Es uno solo, largo, aunque no necesariamente cerrado o definido, que pone en tensión ese concepto que parece muy claro y estable de persona”.

Es un libro donde la distribución de los versos, la cercanía entre los espacios después de cada palabra, es trascendental, tanto como la distancia entre las letras que a veces parecen fundirse entre sí y a veces se estiran, como dando tensión física al texto sobre el papel.

“Investigué sobre la noción de persona, qué la definía, y me di cuenta que en realidad había muchas más preguntas disfrazadas de certezas. Eso me motivó a armarlo en este formato que tiene un montón de huecos, que tiene juegos, como esquemas, como si fuera un manual de lingüística o el test de una revista; para problematizar la idea de que un concepto tan importante, en realidad, no es un concepto estable y, sobre todo, pensar que no tiene por qué serlo; que es ese anquilosamiento el que nos puede llevar a lugares atroces.

“Al final (persona) es un concepto elástico que en diferentes momentos de la historia se ha ido moviendo para incluir a otros sujetos que no han sido considerados plenamente como personas”, argumenta.

Lo racional y lo emocional

El detonador de este ejercicio literario, coeditado con la Universidad Autónoma de Aguascalientes, explica la autora, ha sido la toma de las calles por distintos grupos sociales para el reclamo de derechos que se suponían garantizados (mujeres, comunidades LGBT+, razas, ejemplifica), pero que pocos han llegado a la práctica más allá del discurso.

“El discurso poético tiene mucho que aportar, en términos críticos, a la construcción del presente, y parece que no, porque todo el tiempo nos han dicho que la poesía se trata de emociones, porque justo pensar en las emociones es algo que ha estado muy negado en la teoría política, en el derecho e, incluso, en ciertos momentos de la filosofía. Pero esa separación entre la parte muy racional y la parte emocional es absolutamente artificial”.

Considerar que son los sujetos masculinos los poseedores de lo racional y los sujetos femeninos o feminizados los vinculados únicamente con la parte emocional, explica, provoca que las masculinidades se asuman como imposibilitadas a gestionar sus emociones.

“Es ahí donde aparece la violencia con muchísima fuerza y facilidad. Y es un buen momento para pensar en cómo hacemos para hacer una distribución mucho más equitativa del discurso emocional. Porque, justamente, el pensar en los afectos parece que implica resistirse a esa vorágine hiperproductiva, neoliberal y capitalista”, propone.

Con Persona como su artefacto para aportar a los movimientos sociales de los que habla, con énfasis en las luchas feministas en el país y la confrontación con el sistema patriarcal, la poeta considera que el momento que se vive es tan urgente como estimulante.

“Llegamos a este punto con nueve asesinadas al día y si no ponemos eso en el centro de la discusión no sé qué vamos a poner al centro. Me gusta pensar que una posibilidad es esa, insistiendo en no dividir emoción de razón.

“No sé si sea la única manera; no sé si nos llevará a buen puerto, pero creo que es un proceso donde habrá un montón de exabruptos de los grupos aludidos que van a incomodarse muchísimo. Pero también considero importante reconocer que la violencia que contesta a otra violencia no se puede poner en el mismo lugar”, destacó.

Segura concluyó que esas tensiones no hacen más que abonar a la criminalización de la protesta, aunque, “es preferible tener este momento difícil, en términos de confrontación, a que ni siquiera exista, porque si no existe, no hace posible transformar nada. Ya nos dimos tantas veces en la madre, y lo seguimos haciendo, que es urgente y muy necesario ver por qué está pasando, a pesar de y sobre todo por aquellos a los que el sistema como está en este momento les ha beneficiado”, finalizó la poeta que con este nuevo poemario se catapulta y consagra en el reflector.

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