Un estudio recientemente publicado por la revista médica The Lancet reveló que de 11 millones de muertes atribuibles a factores de riesgo alimentarios registradas en el mundo en el 2017, 8.5 millones fueron causadas por el consumo insuficiente de algunos alimentos.

El estudio Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study, que comprende datos de 195 países entre 1990 y el 2017, basado en los datos del Global Burden of Diseases 2017, explica que contrario al enfoque actual de las políticas públicas alimentarias, que parten del supuesto de que es la ingesta inmoderada de ciertos nutrimentos (sodio, azúcar y grasa) lo que produce el mayor porcentaje de Enfermedades No Transmisibles (ENT) asociadas a la alimentación, es la baja ingesta de alimentos naturales como granos enteros, frutas y verduras el factor de mayor riesgo.

Alto consumo de procesados

Sobre este reporte, Katia Yetzani García Maldonado, investigadora en Salud Alimentaria en El Poder del Consumidor AC, explica en entrevista que este documento nos habla de la transición alimentaria que estamos viviendo en México y en el mundo, “se trata de un cambio en la forma de alimentarnos que está trayendo grandes consecuencias a nuestra salud”.

Expresó que la disminución drástica del consumo de frutas, verduras y granos, que en el pasado era lo que hacía que nos nutriéramos, se ha contrapuesto a un incremento acelerado en el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados y que son los que en muchas ocasiones se relacionan con la presencia de obesidad, sobrepeso y sus complicaciones. “Al ser estos elementos los encargados de los principales problemas de salud pública a nivel global con graves consecuencias a la salud y los costos de los sistemas sanitarios, es muy atinado hablar de ello”.

Sobre las deducciones de este estudio, la especialista fijó su postura desde el Poder del Consumidor: “El estudio dice que los resultados contrastan con las políticas actuales. Nosotros creemos que no es así, pues al final todas estas políticas que se están manejando a nivel gubernamental nos hablan de buscar una visión integral. Una política sola en sí, no puede transformar ni cambiar el sistema alimentario, esto hay que verlo desde una visión sistémica”.

García Maldonado, nutrióloga con maestría en Salud Pública, afirma que hay políticas que deben continuar firmes e incluso con mejoras, pues, por ejemplo, el etiquetado es indispensable con el incremento de alimentos ultraprocesados. “Se sabe que alrededor de 30% de la energía alimentaria que consumimos en la dieta en México proviene de este tipo de alimentos, por eso es que esa parte se hace fundamental, pero no desvinculada con otras propuestas”.

Dijo que al trabajar el tema del etiquetado, también se fomenta el uso de alimentos naturales, pues está demostrado que con información suficiente se opta por dejar el consumo de ultraprocesados.

Agregó que en México, con la inclusión de frutas y verduras a la canasta básica, también se puede promover lo dicho por la publicación de The Lancet. “Anteriormente no se contemplaban alimentos frescos, ahora ya se está contemplando para que lleguen a todas las comunidades del país y a la vez se está buscando que sean producidos de manera local, esto busca incrementar y fomentar las buenas prácticas de alimentación. Todo esto genera un cúmulo de acciones necesarias con una visión integral y no desde una sola perspectiva”.

En el mismo sentido, el doctor Abelardo Ávila Curiel, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, coincidió con la especialista en que el problema es la suma de varios factores.

Agregó que en nuestro país faltarían además políticas más restrictivas, por ejemplo, para bebidas azucaradas, un sistema de vigilancia epidemiológica robusto, plantear en la consulta de primer contacto el tema de la alimentación para prevenir obesidad y evitar desnutrición en edades tempranas, entre otras muchas acciones. “El artículo de The Lancet, con toda la complejidad y comprensión del esquema, se queda corto ante la realidad nacional”.

Aunque reconoce un trabajo serio y colectivo, con un equipo muy amplio de investigadores prestigiados (130 colaboradores a nivel mundial), asegura que se trata de un artículo en el contexto mundial, con un predominio y una visión desde América del Norte.

Agregó que en México “tenemos una serie de elementos que potencian el problema de una manera intensa y que difícilmente ocurriría en otras latitudes”.

Explicó que en nuestro país han coincidido todos los mecanismos más extremos, con malas políticas agrícolas, fiscales, de salud y con un momento álgido hablando del Tratado de Libre Comercio no muy favorable para el tema, además con una absoluta decisión de no incidir en determinantes básicos como la publicidad dirigida a niños: “Se trata de una catarata de factores que se van sumando y que no podemos dejar de lado”.

Concluyó que el artículo tiene elementos muy valiosos para el plano de la alimentación de grupos objetivo; sin embargo, no podemos dejar de lado las características específicas de cada país: “En el fondo el artículo recoge la complejidad, pero en el momento en el que tiene que ir con acciones aplicables en todo el planeta, muchos países no tienen estos problemas de cuestiones históricas, culturales, legales, de sistema de salud, etcétera. Claro este grupo no tenía por qué considerar estas particularidades y sí ofrece una orientación muy importante del tipo de alimentación saludable en su conjunto”.

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