Llevar al público mexicano obras de teatro extensas pero entretenidas además de inteligentes, ha sido por los últimos dos años el propósito de la renovada Compañía Nacional de Teatro (CNT), propósito con el que no desentona la puesta en escena Natán, el sabio del alemán Gotthold Ephraim Lessing, que concluye su breve temporada este fin de semana.

Se lo decimos de entrada, Natán es una obra extensa (dura tres horas con intermedio de 15 minutos) pero sin duda lo hará pensar y reír, se trata de una comedia de enredos llevada con buen ritmo y con una atmósfera visual y sonora bastante sutil, que le dejará un grato sabor de boca, tanto por los contenidos y temas que tienen plena y pertinente vigencia (temas como la intolerancia religiosa o la incapacidad de escuchar), así como por la forma en que se resuelve en el escenario y por los actores que realizan actuaciones muy a la altura de una compañía que quiere llevar la batuta en el plano nacional con buenos argumentos para hacerlo.

Stephanie Weiss y Luis de Tavira escriben una versión muy lograda de esta historia por la cadencia y cercanía del lenguaje más los guiños que se hacen a la cultura nacional (adaptando como debe ser, sin necesidad de respetar el momento histórico) incluso en el ámbito político y las constantes llamadas al espectador para que en el transcurso del espectáculo no pierda de vista echar a andar el intelecto.

También hay que mencionar al director Enrique Singer, quien distribuyó de manera lúdica los espacios y los planos en que aparecen los actores, caricaturizando sus movimientos para lograr un efecto cómico, que a algunos podrá chocar, pero que resulta eficaz.

La escenografía de Philippe Amand resulta sencilla y precisa para un cambio rápido de espacios: pocos objetos, la mayoría transportables, y placas de tela sobre marcos de madera que se deslizan de un lado a otro en dos planos: por el frente o por en medio del escenario y sobre los cuales se proyectan los ambientes en sintonía casi siempre con la sonorización: nubes, fuego, palmeras, telares, capiteles, etc.

Lo mejor y lo más halagüeño son los actores quienes tuvieron pocos ensayos y apenas unas cuantas corridas completas antes del estreno pero su trabajo y ensamblaje se ha perfeccionado con el paso de las funciones:

Ricardo Blume (Natán) es un portento que por si mismo debería arrastrarlo a usted a taquilla; Adriana Roel (Deya, nodriza de Recha) certera y ambivalente, una doble cara formidable; Rosenda Monteros (el Patriarca), excedida (parece que a los creativos les choca la falsa moralidad del cristianismo); Luis Rábago, (Saladino) discreto pero contundente; Arturo Beristáin (Al Hafi, un derviche) gracioso y destemplado; Héctor Loteen (el hermano lego), natural, verosímil y certero; Ylleni Pérez Vertri (princesa Sita, hermana de Saladino) seductora; Ana Isabel Esqueira (Rea, hija de Natán), en proceso de madurez, visualmente delicada, perfecta para el papel, y Claudio Lafarga (actor invitado que interpreta al templario), incontenible, serio y convincente, estupendo personaje no sólo por el actor sino por lo que representa: la ambivalencia, la debilidad del alma humana pero al mismo tiempo la firmeza del pundonor, la lealtad y el arrepentimiento.

Natán es un judío ejemplar, un gran negociador, un hombre de palabra, un conciliador, un padre amoroso y un comerciante generoso y humilde (este símbolo visto hoy con malicia nos parece bastante curioso: ¡un mercader altruista, qué cosa más rara!). La obra transcurre en Jerusalén durante la Tercera Cruzada, cuando en la ciudad santa convivían los jerarcas de las tres principales iglesias (Islam, Cristianismo, Judaísmo) en relativa paz, tiempos en los que además combatían los Caballeros de la Orden del Temple, los Templarios.

Lessing retoma del cuento sobre el judío Melquíades de El Decamerón de Boccaccio, referente a los tres anillos, y lo transforma en el punto de partida para su obra, en la que en síntesis propone que las tres grandes religiones judeocristianas son en esencia lo mismo, y lo que importa en el fondo es el amor que puede emerger en los corazones humanos sin importar de qué raza, color o religión sean.

Esta tesis, sin duda, convenció a Luis de Tavira y su CNT. Pero en esta obra se confirma, a nuestro parecer, que la CNT padece de dos carencias en su intento por formar al espectador nacional : la duración de las obras y la moraleja.

Primero: obras de tres a cuatro horas es un exceso por más excelsos que resulten los textos y maravillosas las actuaciones, tal vez habría que acercarse con menos prejuicio a la velocidad de nuestros tiempos; y segundo: es común que al final de las obras de la CNT aparezca un personaje (que es como la conciencia del creador) que se dirige con un monólogo de forma directa al público para conducir una reflexión que puede ser pertinente y objetiva pero que se siente aleccionante. En hora buena por ésta y próximas propuestas.

La anécdota

La historia comienza con el sonido y las imágenes proyectadas de fuego incandescente. Natán vuelve de un viaje de negocios en el que su hija adoptiva, Recha, ha sido salvada de la hoguera por un caballero de la Orden del Temple. Este cristiano es, a su vez, el único sobreviviente de un grupo de caballeros de su orden, muertos por los sarracenos. El sultán musulmán, Saladino, lo había perdonado por el inmenso parecido con su fallecido hermano, Assad. Tras salvar a Recha, el templario rechaza la gratitud de Natán, aduciendo que sólo cumplió con su deber.

Mientras tanto, Saladino, en bancarrota, planea hacerse con la inmensa fortuna de Natán. Para ello, lo hace llamar y le pregunta sobre cuál cree que es la religión verdadera. La malicia del Saladino del texto se atenúa en la versión escénica, de tal forma que la insidia del sultán es menos cínica. Pero Natán le contesta como los sabios de la tradición judeocristiana: con una parábola, la Parábola del Anillo (sí un poco parecida a la del Señor de los Anillos), en la que se dice que las tres religiones son como los tres hijos adorados de igual forma por un rey en la encrucijada de optar por su favorito. A partir de ahí, el Sultán y Natán se hacen amigos.

Por su parte, el caballero cristiano, venciendo sus propios prejuicios, se ha enamorado de Recha, y quiere desposarla, envalentando, ciego e impulsivo como es. Entonces, Natán recibe la propuesta de matrimonio con frialdad. Por otro lado, el templario se entera, por medio de Deya, de que Recha es hija adoptiva de Natán, y de que sus padres biológicos eran cristianos. Sabiendo esto, el caballero decide consultar al Patriarca de Jerusalén sobre el matrimonio. Aunque el templario le presenta el problema al patriarca como un asunto hipotético, el patriarca estalla en ira y, reclama que le traigan "ese judío" culpable de haber educado a una cristiana en una falsa religión, para mandarlo a la hoguera. Afortunadamente, un fraile piadoso y penitente lleva la noticia a Natán, y este se encuentra con un elemento revelador de la verdadera procedencia de su hija adoptiva, que será una sorpresa para todos y para el propio templario que la quiere mirar por siempre.

La historia del texto

Natán, el sabio fue presentada en 1783, unos años antes de la Revolución Francesa. Lessing es contemporáneo de Goethe, y estos referentes inmediatos no los podemos perder de vista, sobre todo, si agregamos que la versión de Natán, el sabio de Lessing no tuvo buen recibimiento y por tanto fue relegada al silencio pero en cambio la versión de su contemporáneo Schiller sí cuajó al grado de convertirse en un texto básico de la literatura alemana.

Como otras grandes obras, la historia particular del texto de Lessing registra sus propias batallas para sobrevivir pese al paso del tiempo y es muestra de la necedad de una obra que marcha contra la historia para al final vencer.

El texto de Lessing sobrevivió al ostracismo en el siglo XIX y sobrevivió al Holocausto de la primera mitad del XX, cuando el Reich la prohibió, y fue hasta la toma de Berlín por los Estados Unidos, en 1945, que Natán, el sabio se presentó en el mítico Teatro de Berlín, siendo la primera en representarse tras la guerra.

Ya en el siglo XXI, como ocurrió a Lisístrata, de Aristófanes (que aborda la estrategia de un grupo de mujeres griegas que se niegan a tener sexo con sus maridos hasta que concluya la guerra) ante la inminencia de la ofensiva yanki en Irak y en el marco de la caída de las Torres Gemelas de NY, Natán, el sabio también hizo como espuma en el mundo entero por su llamado a la tolerancia, motivo también por el que Edward Kemp decidió actualizarla en una versión de dos horas y media, y que ahora la CNT traduce en tres horas con esta importante puesta en escena.

Natán, el sabio

Sala de la Casa de la Compañía Nacional de Teatro (Francisco Sosa 159, Santa Catarina, Coyoacán)

Miércoles, Jueves y Viernes 19 hrs

Sábado 18 hrs

Domingo 17 hrs

Entrada gratuita. Cupo limitado.

Reservaciones: 56 58 41 08