Este martes una fuerte explosión sacudió a la ciudad de Beirut, Líbano, de acuerdo con la Agencia Nacional de Noticias (ANN), el origen de la detonación provino de un depósito del puerto de Beirut.

Un incendio comenzó cerca de los silos de trigo del puerto, en un almacén que contenía explosivos incautados, lo cual provocó una fuerte detonación que pudo sentirse en toda la ciudad y sus suburbios.

La cadena libanesa LBCI detalló que la sustancia que explotó fue nitrato de amonio, utilizada como fertilizante y también para producir explosivos, que había sido confiscada a un buque un año atrás. La detonación de 2,750 toneladas de este compuesto causó al menos 73 muertos y 3,700 heridos.

Las escenas a distancia nos mostraron columnas de humo blanco y también de color rojizo que se elevaron sobre el área del puerto, enseguida las imágenes eran de personas heridas en el suelo, ensangrentadas y otras atrapadas bajo los escombros; además de cristales rotos, caída de techos, vehículos dañados, se trató de una destrucción generalizada que dejó impresionado a todo el mundo, pero ¿cuál es la explicación científica de que el efecto de esta explosión se haya sentido a kilómetros de distancia y con tantas afectaciones?

El centro de Beirut fue testigo de una explosión denominada “de medio aéreo abierto” y uno de los principales fenómenos que explica las consecuencias observadas este martes fue la presencia de una onda expansiva capaz de destruir muros, doblar el acero o matar a una persona.

La onda expansiva se trata de una frecuencia de choque que se produce cuando algo viaja muy rápido, incluso más que el sonido (343.2 metros por segundo en la atmósfera terrestre o 1,235 km/h a 20 °C de temperatura, con 50% de humedad y a nivel del mar). El efecto es muy parecido al que sentimos cuando nos acercarnos a un equipo de música lo suficientemente alto, pero con una consecuencia multiplicada.

El fluido que rodea las cosas, como el aire, es empujado por el objeto dejando un vacío que se llena con más fluido; al viajar tan rápido, al fluido no le da tiempo a rellenar el vacío y adaptarse a la perturbación, que es la onda que ha creado el empuje, como si fuera una ola. Al llegar esta onda, el aire se adapta de inmediato cambiando la presión y temperatura, aumentándola de manera violenta y generando las diversas consecuencias que pudimos ver a través de las imágenes.

Los seres vivos, existimos rodeados de fluidos y nuestra biología es muy delicada, pues estamos llenos de tejidos blandos, cuando la onda de choque nos alcanza con fuerza, lo primero que ocurre es que la presión de nuestros tejidos aumenta, reventándolos con diversas consecuencias.

nelly.toche@eleconomista.mx