Pocas cosas causan tal melancolía como una obra a medio terminar. Más si la obra en cuestión es un edificio, y todavía más si el edificio es un museo. Los museos suelen ser espacios para el pasado o para el presente, rara vez evocan tanto al futuro como cuando están apenas construyéndose. O remodelándose, como es el caso del Museo Rufino Tamayo. El Tamayo es toda una institución de la escena artística defeña. Se fundó hace 30 años y hoy pasa por su primera remodelación magna. La buena noticia: el responsable de la nueva construcción es el mismo genio detrás del edificio original, el arquitecto Teodoro González de León.

Es una remodelación orgánica, en nada ajena a la obra original. El museo ha crecido como una planta, como si le salieran ramas , dice González de León respecto de la remodelación, conserva (el museo) el mismo espíritu estético .

Las obras en este momento han avanzado a 65%, que para siete meses de trabajo suena impresionante. Se espera que el museo reabra sus puertas para finales de agosto, exactamente a un año de iniciadas las obras.

La remodelación del museo extiende el área de exhibiciones en 40 por ciento. Serán casi 2,000 metros cuadrados los dedicados a la exposición de obras de arte. Las nuevas salas son amplísimas, perfectas, a decir de Consuelo Sáizar, presidenta del Conaculta, para mostrar esculturas y cuadros monumentales.

Además, el museo aumentó su espacio de servicios, montacargas y almacén de obras; se remodeló el auditorio, se creó una sala pública de documentación y una sala especial para los talleres infantiles, con lo que el Tamayo reafirma sus alcances educativos.

La señora Sáizar, junto con el arquitecto González de León, Teresa Vicencio (directora del INBA), Carmen Cuenca (directora del Tamayo) y David Cohen (presidente del patronato del Tamayo) acompañaron a los medios en el recorrido por las obras a medio concluir. La unión de estos personajes da cuenta de la colaboración entre las instituciones públicas y la Iniciativa Privada, 84 millones de pesos es la inversión total, dividida a partes iguales entre el INBA, el Conaculta y la Fundación Olga y Rufino Tamayo (es decir, el patronato del museo).

Al final del recorrido, pudimos ver la nueva fachada del Tamayo. Una enorme y preciosa terraza se abre hacia el Bosque de Chapultepec. Esa terraza será ocupada por el restaurante y la tienda, a los que se podrá acceder de modo independiente.

Con esa nueva cara, el Tamayo se abre al futuro y en eso no hay melancolía que puede valer.

concepcion.moreno@eleconomista.mx