Atestiguar el nacimiento de un volcán, nada más sublime, si nos atenemos a la definición kantiana del término.

Lo sublime es aquello tan impresionante, tan absolutamente sobrecogedor que supera las palabras y que sólo puede ser aprehendido a través del arte.

Sin duda Gerardo Murillo (1875-1964), el Dr. Atl, sabía de kantianismos. Lo sublime está atrapado en su serie de óleos sobre el nacimiento del Paricutín, el volcán que naciera hace 70 años en Michoacán y animó la imaginación de por sí pletórica del Dr. Atl. Al Paricutín le dedicó casi una década de su vida, y además le escribió el libro ¿Cómo nace y crece un volcán? Hombre del Renacimiento, Dr. Atl no sólo fue pintor, también fue activista político, periodista, científico aficionado y escritor de prosa y lírica.

En el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, dentro del Museo Colección Blaisten, se expone Dr. Atl, obras maestras, magna exposición que recorre completa la obra de uno de los personajes ineludibles del siglo XX mexicano. La exposición es verdaderamente magna, son casi 200 obras entre óleos (unas 100 piezas, todas fantásticas), dibujos, bocetos y apuntes.

La obra del Dr. Atl me recuerda al periodo azul de Picasso no ya en temas sino en técnicas y aproximación. Esos colores melancólicos mezclados con tremenda libertad con una paleta de fuego, sin duda, me llevan a las obras del joven Picasso. Pero más allá de comparaciones hechas a vuelapluma, la obra del Dr. Atl es de una gran originalidad.

Esos colores que me remiten a Picasso son producto de sus famosos Atl-colors, una suerte de pasta dura con la que se podía pintar encima de cualquier superficie.

Maestro de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, Dr. Atl había perdido presencia en nuestros museos. Esta es la primera gran retrospectiva del pintor en casi 25 años.

El recorrido es cronológico, empezando con los primeros escarceos, los ensayos del joven artista Gerardo Murillo cuando todavía no se había creado la personalidad recia y enigmática del Dr. Atl.

Después sigue obras de su madurez, muchos paisajes, su fascinación por los volcanes, los retratos de sus mujeres y varios autorretratos.

Muy creativa y poderosa resulta la última parte del recorrido, donde aparece el grueso de la obra del autor.

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