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Botones de muestra

Miguel González Compeán | Columna invitada
En estos días de asueto y de descanso, han pasado cosas que asombran. La primera, tal vez más grave, es la autorización de la suprema corte para que la UIF pueda pedir la congelación de cuentas de empresas o personas físicas, sin que un juez lo ordene, como indica expresamente el artículo 14 de la constitución, que dice: “Nadie puede ser molestado en su propiedad o en su persona sin el debido proceso”. Es decir: si no existe una investigación y una autorización de un juez, no se pueden congelar las cuentas.
La cantinflas Estela Ríos ofreció un argumento a todas luces inconstitucional y contrario a los preceptos del derecho internacional y nacional. Dijo, recuerdo de memoria: el derecho de propiedad no es un derecho absoluto y tiene razón, el estado puede imponerle modalidades, pero no puede arrebatarla o confiscarla así no más. Necesita haber un juicio ante autoridad judicial.
La segunda pifia fue que dijo, vuelvo a recordar: además, muchos mexicanos los que no tienen no tienen cuenta bancaria. Yo no sé de dónde saca los datos, pero lo que si es cierto es que en México existen 70 millones de mexicanos que tienen una cuenta bancaria, es decir, la mayoría del país tiene una relación bancaria.
Tengo el placer de conocer a Federico Berrueto extraordinario reflexivo politólogo y empresario, que tuvo su empresa de encuestas, análisis político y “call center”. Su socio era un destacadísimo político e intelectual mexicano. Trabaje para los dos. Al llegar al poder AMLO, que tenía odios personales y, como era su estilo, venganzas que cumplir, AMLO le pidió a la UIF que se fuera contra ellos, les congelaron sus cuentas sin ninguna razón más que la venganza y la discrecionalidad del ejecutivo. En 10 días aclararon el asunto, pero y la UIF descongelo las cuentas, pero las consecuencias fueron devastadoras. La empresa perdió el 80% de su facturación, porque dependida de la credibilidad y la confiabilidad. Ese congelamiento les costó la quiebra de su empresa, la cuestión no acabó ahí. En una buena parte de los bancos mexicanos, quien ha pasado por un proceso dentro de la UIF se le suspende todo trato y no pueden tener más una cuenta en ese banco, así que además del daño en la facturación vino el daño de batallar para encontrar un nuevo depositario de sus operaciones. La destrucción de un negocio por competo. Ese es el riego y el error que la ministra Ríos propuso y logró en la corte, en obediencia y entrega al poder público en vez de tomar en cuenta el artículo 14 constitucional.
El otro botón digno de mención es la pelea contra la ONU. El comité -parte de la ONU, les guste o no- no acusa a nadie. No toma en cuenta sólo dos sexenios, toma hasta el presente, reconoce los esfuerzos, pero dados los números, los resultados y los números de muertes y desapariciones, dice que no siendo el gobierno quien sea culpable, si es culpable de una cosa: no actuar con fuerza y determinación, es decir: ser omisos y que eso los hace no cómplices objeto de señalamiento. En vez de usarlo para lanzar una política se inmola tratando de desmentirlo. El comité, entonces, sugiere a la Asamblea General del organismo que ofrezca ayuda a México para resolver el asunto.
A la presidente le molesta una cosa y sólo una: ser omisos convierte a la política de AMLO de abrazos y no balazos en la omisión que el mundo le va a señalar y, eso no puede tolerarlo, porque afecta la sacrosanta memoria de su mecenas y mentor. Nada más, pero nada menos, también.

