Qué espléndida es la colección del Museo Carillo Gil. Por su falta de unidad, por su capricho, pero sobre todo por el buen gusto de don Álvaro Carrillo Gil, coleccionista de cepa, conocedor del arte y mecenas durante décadas del arte mexicano. Nada más para comprobar el genio de su colección basta darse una vuelta por Tiempos Violentos, reinterpretación de la colección del Museo de Arte Carillo Gil.

Una reinterpretación de colección es, como su nombre indica, una nueva lectura, lograr un nuevo cosmos estético a partir de un acervo ya conocido. En este caso las curadoras (Alejandra Olvera, Sandra Zetina y Bertha Aguilar, alumnas de un seminario doctoral de donde salió la propuesta de la exposición) usaron como pretexto para unificar todas las obras el tema de la violencia. La violencia en el arte de las seis décadas de arte que conforman el acervo Carrillo Gil.

Tiempos Violentos abre, como cabría esperarse, con la violencia de la Revolución, por ese México reimaginado en parto doloroso por de David Alfaro Siqueiros (el Carrillo Gil, por cierto, está convertido en un verdadero templo al muralista. Con Siqueiros paisajista y ahora con Tiempos Violentos el museo ofrece una perspectiva interesantísima de la obra siqueirana). Con su inquietante Caín en Estados Unidos, en la que una multitud amorfa y sin cara parece estar a punto de desmembrar a un hombre de piel oscura, se marca el paso del recorrido por Tiempos Violentos. Hay todo una sección dedicada al Taller de la Gráfica Popular que abruma al visitante por su complejidad.

Pintura, dibujos, collage, fragmentos de archivo

Hay que decir que la exposición no se queda nada más en Siqueiros y Orozco, de quien también hay varias piezas. El recorrido salta en el tiempo para darnos varias piezas de arte contemporáneo mexicano. Pintura, dibujos, videoinstalaciones, collage, fragmentos de archivo, murales, en fin, todas las expresiones del arte moderno y contemporáneo.

Presenta la obra de artistas jóvenes como Carlos Amorales, que presenta una especie de maqueta abstracta de una ciudad donde los habitantes conviven todos los días con la violencia, Artemio, Magali Lara, Eduardo Abaroa; así como trabajos de artistas más veteranos como León Ferrari, Vicente Rojo y Manuel Felguérez.

Lo más interesante de Tiempos Violentos, más que las obras individuales, es la sensación final de que nuestro país siempre ha estado, de algún modo de otro, viviendo tiempos violentos. Inclusive los artistas que vivieron el pleno siglo XX, nuestra era más próspera económicamente hablando, conocen el terror de vivir bajo el peso de un gobierno monolítico, un terror latente que aparece en el arte con monstruosa claridad.

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