Durante los años 20 y 30 del siglo pasado, en la posguerra y los años consecutivos a la Gran Depresión en Estados Unidos, el coma de la industria de la construcción y el derrumbe del sector primario derivaron en insólitas tasas de desempleo en el país vecino del norte. Las políticas públicas de emergencia en favor de la recuperación obligaron a las empresas a aceptar la libertad de sindicación de los empleados.

A la par, México llevaba una marcha firme en la vía de la transformación cultural posrevolucionaria. El sindicalismo estaba más activo que nunca. Los intelectuales de la primera mitad de siglo fueron parte fundamental para alcanzar el estatus. Se establecía una nueva relación entre lo artístico y lo público. El arte que le hablaba directamente a la gente acerca de la vida nacional y la justicia social. El muralismo mexicano alcanzaba su ápice de la mano de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, principalmente.

Los artistas estadounidenses, por su parte, buscaban romper con el dominio estético europeo. Querían hacer frente a los paradigmas que afrontaba el país con un arte local y público. Con esa convicción, tanto artistas como mecenas propiciaron un cruce artístico para empaparse, in situ, del egregio muralismo mexicano. Numerosos artistas viajaron a nuestro país para codearse con los principales representantes del movimiento y éstos también volaron al norte, donde tuvieron extensas residencias artísticas, convivieron con artistas locales y ejecutaron murales, trabajos en caballete y grabados.

El arte que esto detonó es lo que el Whitney Museum of American Art, en Nueva York, mostrará, a partir del próximo 17 de febrero, con la exposición Vida americana: los muralistas mexicanos rehacen el arte estadounidense, 1925-1945, integrada por cerca de 200 obras de 60 artistas mexicanos y estadounidenses que dan testimonio del impacto del arte mexicano en los creadores vecinos, quienes, por fuerza de esta interacción, se hicieron de herramientas y técnicas para hablar de la historia de su nación y para manifestarse ante las injusticias económicas, sociales y raciales.

“Por un lado, los artistas estadounidenses estaban intentando liberarse del arte francés al que habían estando imitando. Buscaban un estilo. Y los mexicanos proponían uno que comenzaba a ser tan importante, vital y poderosos como el francés, pero se ocupaba de contar las historias con las que la gente conectaba. Eso resultó tan fascinante para los artistas estadounidenses que cambiaron totalmente su dirección”, compartió la curadora de la muestra, Barbara Haskell, para El Economista.

La muestra incluye murales, pinturas, grabados, fotografías y otras formas artísticas en las que el muralismo mexicano permeó de ambos lados de la frontera, desde reproducciones de los murales que Orozco ejecutó en esa nación, que motivaron el arte de creadores como Thomas Hart Benton o el artista afroamericano Charles White, quien halló en el arte mexicano una vía para la lucha de los derechos de la comunidad afroamericana, hasta el trabajo de Mitchell Siporin, quien trabajó en nuestro país con Diego Rivera; o el arte que Fletcher Martin y Philip Guston destilaron tras ser discípulos de Siqueiros, o la manera en la que éste influyó en el action painting de Jackson Pollock.

También se incluyen obras de artistas como Frida Kahlo, María Izquierdo, Lola Álvarez Bravo, Miguel Covarrubias y Rufino Tamayo, así como de los estadounidenses Elizabeth Catlett, Marion Greenwood, Isamu Noguchi, Thelma Johnson Streat y Aaron Douglas.

“Se contará una historia que sorprenderá a todos aquellos espectadores mexicanos que no tenían idea sobre el impacto que el arte mexicano tuvo sobre incuantificables artistas estadounidenses. Cuando aprecias las obras, una junto a la otra, y yuxtapones los ejemplos mexicanos con las obras de artistas en los que influyeron, no necesitas decir más, la historia se cuenta visualmente. En ese sentido, (la muestra) es prácticamente un ejercicio de diplomacia cultural. Necesitamos que el público mexicano venga a verla. Contar únicamente con audiencia estadounidense sería un error”, instó Haskell.

Whitney Museum of American Art

Con una nueva sede construida por el arquitecto italiano Renzo Piano e inaugurada en el 2015, el Whitney Museum es uno de los más importantes en Estados Unidos y posee una colección que actualmente asciende a cerca de 25,000 obras de arte de artistas vivos y del siglo XX, entre ellos, Alexander Calder, Andy Warhol, Jasper Johns, Jackson Pollock y Edward Hopper, quien donó cerca de 3,000 obras de su creación, convirtiendo así a este recinto en el poseedor del acervo más grande e importante de su obra.

El recinto es heredero de la colección creada en 1931 por la artista y mecenas Gertrude Vanderbilt Whitney, dedicada a la conservación de arte moderno y contemporáneo de Estados Unidos y el mundo.

Vida americana: los muralistas mexicanos rehacen el arte estadounidense, 1925-1945

Whitney Museum of American Art

Del 17 de febrero al 17 de mayo

https://whitney.org/

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