Los restauradores de los soportes de las tablas al óleo 'Adán y Eva', que el pintor renacentista alemán Alberto Durero pintó en 1507, y que se conservan en el Museo del Prado, anunciaron que la restauración de estas obras concluirá en octubre próximo.

El conservador del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, George Bisacca, y el restaurador de la obra, José de la Fuente, señalaron que lo más complicado de la restauración de ambas piezas fue eliminar la estructura engatillada que se colocó al reverso de los lienzos.

Los óleos de 209 centímetros de alto presentaban daños fundamentales derivados del engatillado, por lo que fueron retirados del lugar de su exhibición, desde hace más de un año, pero tras cuatro meses de arduo trabajo, ambos especialistas se mostraron satisfechos con los resultados.

Las obras continúan en el taller de restauración del Museo del Prado, donde otra de las especialistas, Maite Dávila, detalla las últimas capas de pintura para darle el acabado que le dio Durero hace 500 años.

Dávila, restauradora del Museo del Prado, señaló que desde el siglo XVIII se han realizado tres o cuatro intervenciones importantes, a estas piezas pictóricas que Durero (1471-1528) pintó después de su segundo viaje a Venecia, Italia, época en la que profundizó en el dominio del color y buscó, con un cálculo matemático, el ideal formal clásico.

Dijo que pese a algunas de estas intervenciones incluso han acabado por perjudicar más a las obras. 'Adán', con un soporte de sólo ocho milímetros, estaba en peor estado de conservación que 'Eva', que incluía un soporte de 17 milímetros y cuya restauración ha sido más sencilla.

Dávila añadió que lo más importante de la restauración fue recuperar los fondos de los lienzos hasta conseguir un brillo que procede de ambos óleos, a fin de que el espectador las aprecie mejor en su profundidad.

Ambas piezas pertenecieron al rey Rodolfo II, quien era muy aficionado a los cuadros de desnudos, pero durante la Guerra de los 30 años, los ejércitos suecos y sajones saquearon su castillo y entre ellas estas obras que en 1654 le fueron regaladas al rey español, Felipe IV.

En el siglo XVIII, el rey Carlos III ordenó que estos cuadros, junto a otros desnudos, fuesen quemados por su contenido supuestamente obsceno, pero por consejo de miembros de su corte, decidió finalmente que se trasladasen a la Academia de San Fernando para que sirvieran de ejemplos de enseñanza para los jóvenes artistas.

Esta medida se aprobó a condición de que dichos cuadros de desnudo se mantuviesen reunidos en una sala de acceso restringido.

En 1827 las dos obras de Durero pasaron al Museo del Prado, junto con otras más o menos eróticas. Sin embargo, dado que se trataba de desnudos se confinaron en una sala cerrada que sólo se visitaba con permisos especiales, y no fueron exhibidas públicamente hasta el año de 1833.

Son los primeros desnudos a tamaño natural en la pintura nórdica. El artista realizó un estudio en profundidad de la anatomía humana y demostró su gran habilidad como dibujante.

Las obras representan además, la culminación de las búsquedas de Durero del color absoluto y la belleza ideal; se pueden considerar, en su armonía abstracta, la síntesis del ideal de belleza del pintor.