Enero puede parecer como un eterno lunes, pero para los cinéfilos mexicanos es un gran mes. Es en enero cuando empiezan a estrenarse las películas de la temporada de otoño de Hollywood, es decir, la temporada de las mejores películas estadounidenses, las que aspiran a premios y, francamente, las que más vale la pena ver en el año.

Este jueves se presentan las esperadas nominaciones al Óscar; pero, de manera independiente, aunque no se lleven nominación, varias de las cintas que ahora mismo están en cartelera figuran entre lo más interesante que se produjo en el 2015 en tierras hollywoodenses. Aquí tres de ellas:

Ser americano

El doctor Bennet Omalu sólo quiso dos cosas desde que era un niño en Nigeria, una es la consecuencia de la otra: ser el mejor en algo para así ser merecedor de la tierra dorada, llegar a Estados Unidos.

Omalu es médico, pero tiene una docena de títulos, se ha pasado la vida estudiando. Se dedica al trabajo forense en la ciudad de Pittsburgh. Y ahí, en la tierra de los Acereros, descubre algo que está matando a los jugadores de futbol americano a fuerza de darse golpes en la cabeza. Algo que lo hará enfrentarse a una gran institución americana: la NFL. Su sueño americano se enfrenta a su integridad como médico.

La verdad oculta (dirige Peter Landesman) cuenta la historia de Omalu. Will Smith interpreta al médico con soltura, aun cuando tiene que usar un acento (que no se lo oye nada falso) y un prostético facial. Es el regreso a las grandes ligas de Smith.

El genio es un cretino

Algo pasa con estos genios de la tecnología que los hace verdaderos cretinos. Al menos así es como ha decidido retratarlos Hollywood. Tal es el caso de Mark Zuckerberg en La red social (David Fincher, 2010) y ahora de Steve Jobs (no es casualidad que ambos guiones sean del mismo autor, Aaron Sorkin), obra conjunta de las mentes del guionista Sorkin y del director Danny Boyle.

La cinta encuentra a Jobs (Michael Fassbender, como siempre impecable), a lo largo de su vida, antes de las presentaciones espectaculares que solía hacer de sus creaciones. Jobs no sabe escribir una línea de código, no sabe hacer hardware, no es un genio de las ciencias computacionales. No, su trabajo es otro: la visión.

El guión de Sorkin es hiperverbal: una serie de diálogos, a veces más bien monólogos, en los que nos metemos a la mente de un egomaniaco que ni siquiera es capaz de sentir empatía por la hija que siempre se niega a reconocer (al parecer en la vida real sí lo hizo). Su sombra, la única persona que lo entiende es su asistente Joanna Hoffman (una Kate Winslet irreconocible y formidable), la mujer que lo acompañó por sus diversas aventuras.

La cinta toma el riesgo de parecer monotónica: Jobs no es humano. Hasta que llega el momento en el que el ser mitológico muestra otra cara. Esperen ese momento, vale todos los monólogos megalómanos. Es una posible nominación al guión de Sorkin y sería una injusticia que la actuación secundaria de Winslet se fuera sin nominación. Ya se llevó el Globo de Oro.

A ver quién les entiende

La gran apuesta (Adam McKay) podría haber sido una enorme película. Vivimos tiempos mareados en asuntos económicos y llevar esa confusión a la pantalla, de tal suerte que todos sepamos por qué el barco se hunde, sería un jonrón.

Ya lo hicieron de manera admirable J. C. Chandor con Margin Call y Martin Scorsese con El lobo de Wall Street. La gran apuesta podría haber completado la triada perfecta sobre el tema.

Pero no. La cinta, para esta reseñista inexplicable en la lista de lo mejor del año, es un viaje confuso y arrogante por la gran crisis hipotecaria del 2008. El director y el guionista tratan de explicarle a una audiencia que no tiene la obligación de entender de macroeconomía y lo hacen muy mal. Cuando hay un concepto complejo, hacen viñetas pedantes con celebridades del momento como si el público fuera tonto y sólo a través de la frivolidad pudiera acceder a temas importantes.

Eso sí, las actuaciones son muy buenas. Christian Bale interpreta a un fenómeno que tiene un entendimiento cuasimágico de las finanzas y que se da cuenta antes que nadie de la situación económica insostenible. Steve Carrell cada vez se arriesga más y aquí interpreta a un financiero que trata de mantenerse ajeno a sus sentimientos más íntimos.¿Alguna nominación? Quizá en el rubro de las actuaciones, el guión no se lo merece. De ninguna manera.

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