Blue Monk Jazz Bistro tuvo su última sesión el sábado. Había caras sonrientes, local lleno y una gran banda en el escenario. Por momentos parecía una fiesta, pero todos sabían que se trataba de un funeral: el punto final para un proyecto que nació en el 2003, en la colonia Cuahutémoc, y continuó desde el 2010 en Bahía de San Hipólito, atrás de la Torre Pemex.

Me preguntan qué es lo que sigue, no hay nada. Estoy muy cansada, me tomaré un sabático que quisiera fuera por cinco años , dijo micrófono en mano Yuko Fujino, una japonesa que apostó por ser una referencia en la escena del jazz y gastronómica de la ciudad de México y lo consiguió, aunque no logró la fórmula comercial necesaria para mantener vivo su sueño. Del 2003 al 2010 dio forma al Papabetos, que se convirtió en imprescindible referencia en el jazz de México hasta que cerró sus puertas.

Es difícil saber por qué el Blue Monk no funcionó. La comida era buenísima y a buen precio; la cartelera tenía a los mejores jazzistas de México, pero el público venía muy poco. Una vez tocó Héctor Infanzón y éramos menos de quince personas , comentaba Geert Rombault, un asiduo de los clubes de jazz, nativo de Bélgica. Es la primera vez que me toca verlo tan lleno .

Más de 100 personas colmaban el local, entre ellos algunos japoneses con cámara. Ocho o 10 personas afuera esperaban la oportunidad de entrar.

No tenían reservación. En el escenario estaba la Wet Paint Jazz Band, que comenzó con una versión de Bosques Noruegos de los Beatles.

El guitarrista de la banda, Roberto Betuco Arballo recogió el micrófono de Yoko Fujino, su esposa. Él es el más bohemio de la pareja y el sábado se notó. Él tocaba la guitarra y se daba tiempo para saludar a los amigos que se habían dado cita en el club. Ella entraba a la cocina e iba a la puerta. Miraba los platos, las mesas, los meseros… los clientes lamentaban el cierre en voz alta. Los propietarios mostraban ese relajamiento de quien está a punto de soltar una carga. En el aire estaba el recuerdo de la frase de la noche: La primera cosa que quiero comprar es un látigo.

Espero que me ayude para lograr que Roberto trabaje por mí . Todos rieron. Algunos de los mejores chistes se escuchan en los funerales.

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