Como un homenaje al natalicio de Gabriel Vargas, 5 de febrero de 1915, creador de La Familia Burrón (que dejó de publicarse en el 2009) se presenta una entrevista-ficción con una de sus creaciones más destacadas, la bella Borola.

Juan Manuel Nieto, en Los Burrón, reflejo de muchísimas familias mexicanas, la describe así: Ella se jacta de ser de ‘la jai’(alta sociedad) y siempre trata de aparentar una posición superior a pesar de su vida humilde. Sin embargo, no es una persona realmente materialista. Su familia era de posición acomodada, pero al perder a sus padres se fue con su tía, Doña Cristeta, archimillonaria y extravagante mujer .

Ese es su origen y destino. A esa vida, la esbelta mujer renunció por el amor hacia su hombre de siempre, don Regino, estilista de El Rizo de Oro, a quien ama desde la infancia

– Gracias por su tiempo, señora Boro…

– ¡Nada de señora, soy madame Borole! Como me paso la vida en París, ya me acostumbré al trato que me dan en Europa.

– Oiga, su vestuario llama mi atención.

– No me mire con ojos de extrañeza, ni crea que soy anticuada. Yo fui la primera chica aquí en la capital que usé falda tan rabona, que enseñaba hasta lo que no.

– ¿Ahora que la economía en algunos países anda por los suelos, qué opinión le merece el tema, qué es lo que podemos hacer?

– Los mexicanos de ley se aguantan el hambre sin protestar, vean a toda la gente que pasa por la calle, se dobla de hambre, pero ni se queja.

– Puede ser, pero eso no cualquiera está en posibilidad de hacerlo.

– Claro que sí, el orgullo de ser mexicano es aguantarse todas las canijadas de los de arriba y de los comerciantes.

– Pareciera que para usted, es tan solo una cuestión de actitud , como dice la canción.

– Todo mundo lo sabe pero hay que morir con dignidad, sin gritar y sin que se le escapen a uno las lágrimas por la pobreza… por si no lo saben, nosotros descendemos de la raza de bronce, de hombres estoicos.

– Me sorprenden sus palabras... pero su familia también resiente los estragos económicos, ¿verdad?

– Echacatamente, mi chaparrito está pagando feamente el que los jóvenes y algunos viejos se dejen crecer el pelo a lo comanche, hasta los hombres.

– Poco se sabe de sus sentimientos porque siempre anda de buen humor, pero ¿cómo es en su vida íntima, qué nos puede compartir?

– A ustedes les consta que siempre he sido muy optimista; sin embargo, varias veces me la he pasado chillando debajo de las cobijas para que no me vean lagrimear mis hijos.

– ¿Por qué lo hace a solas, qué tiene de malo?

– Nosotras las madres tenemos la canija obligación de inyectarles entusiasmos a nuestros engorros, no hundirlos en la desesperación ante nuestra miseria… aquella mamá que abraza a sus bodoques y se sienta a llorar, es una mujer que merece el desprecio de los vecinos. Hay que inyectarles valor a los niños, aunque uno esté llorando por dentro.

Para cortar de tajo el triste ambiente que se empezaba a percibir, Borola pidió su segundo café capuchino con menta. La música de fondo llamó su atención y con ese aire de querer apantallar dice: A mi me gusta oír la música seria nada más por un rato, me entusiasma más oír la música moderna… Si no me equivoco, están tocando la chorrocientosava sinfonía del maestro Eleuterio Mazapán. ¡Qué manera de componer música, se las cargaba de a feo! .

Mintió, pero no se deseaba complicar la tarde, por eso no se le dijo nada. Lo que se escuchaba en realidad era el exquisito Adagio en sol menor de Albinoni, interpretado por el Conjunto Sinfónico Dash Quarts.

***

Sigue la charla.

– Hace varios meses nos enteramos que le gusta el circo.

– Para que te lo sepas, me gustaría formar parte de las chamacotas, que muy chocosas, desfilan en bikini. Me encanta ser admirada, que los de apipizca del sexo horroroso se claven en mí.

– ¿Se ha imaginado trabajar en uno?

– Sabes, lo que a mí me gustaría es irme sentada en la cabeza del elefante con poco ropa para lucir mis carnes.

– Pero no es fácil eso de andar viajando.

– Mmm, a mi me vuelve loca la vida de los saltimbanquis. Le lleva uno alegría a los habitantes de la capital y la semana siguiente ya están en otra ciudad echando maromas.

– Me sorprende otra vez, por lo que sabía usted es más bien una mujer de hogar.

– Yo siempre he sido muy atrevida, porque pienso que las mujeres que retan a la vida son las que triunfan, las que se van para arriba… Yo soy hija del siglo veintiuno, soy de la época de las computadoras y el Internet… Me gusta la libertad por completo, pasar sobre todas las conveniencias sociales.

**

El tiempo pasó y Borola comenzaba a notarse nerviosa. Fumó mucho, pero no sus cigarros hechos con papel periódico sino un puro que olía horrible, pero ella se sentía orgullosa.

– Usted suele estar enterada de todas las situaciones que implican vivir en una colonia popular, ¿que opinión le merece el tema de la droga, digo, sin querer menospreciar su statu quo?

– Esas malas costumbre se han extendido como una plaga, por todo el barrio se ven muchachos grandotes y chiquitos drogándose.

– ¿Por qué llama su atención el tema, si para las autoridades parece ser algo que no existe?

– Si estos niños a la edad que tiene ya son unos malasmañas, llegando a ser hombres, van a ser unos viciosos de horror.

– Con frecuencia hemos visto que interviene directamente para tratar de resolver problemas como éste, pero ¿no le resulta difícil, no creé que se expone demasiado?

– ¡Oh, por favor! Vivir en la miseria y no tener altercados peligrosos, es la muerte.

De pronto, Borola se levanta de la silla, toma su bolsa y se despide de mano. Se excusa, dice que tiene una cita con un productor que desea hacerle un documental.

* Todas las respuestas son citas textuales tomadas de varias revistas de La Familia Burrón.

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