Según datos del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, este padecimiento es la segunda causa de muerte en el mundo; en el 2015 ocasionó 8.8 millones de defunciones, es decir, casi una de cada seis muertes en el mundo se debe a esta enfermedad.

Por ello, la investigación en este rubro se ha vuelto fundamental para la humanidad y hoy un nuevo estudio realizado por bioingenieros de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, abre nuevas posibilidades para su detección temprana. Ellos trabajan en la localización de tumores en formación y crecimiento. Se trata de un análisis de sangre que detecta el cáncer de manera precoz, sin necesidad de técnicas invasivas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la detección de cáncer en una fase avanzada y la falta de diagnóstico y tratamiento son problemas frecuentes. En el 2015, sólo 35% de los países de ingresos bajos informó que contaba con servicios de patología para atender a la población en general. El impacto económico del cáncer es sustancial y va en aumento. Según las estimaciones, el costo total atribuible a la enfermedad en el 2010 ascendió a 1.16 billones de dólares.

Por ello, esta investigación representa un gran avance pues, hasta ahora, los análisis de sangre pueden detectar el cáncer al identificar el ADN liberado por las células tumorales que mueren, sin embargo, no indican dónde reside el tumor.

Los resultados publicados en la revista Nature Genetics explican que cuando un tumor comienza a extenderse por una parte del cuerpo, compite con las células normales por los nutrientes y el espacio, matándolas en el proceso; el ADN de estas células moribundas acaba en el torrente sanguíneo y se puede usar para descubrir el tejido afectado.

Con ello, los investigadores descubrieron una nueva pista en la sangre que podía ayudar a detectar las células tumorales e identificar dónde se están desarrollando. El método utilizado por los especialistas encontró una firma de ADN concreta: los haplotipos de metilación CpG dentro de las moléculas de ADN.

Usando una métrica llamada carga de haplotipo metilación, se realizó el análisis de metilación de tejido específico en el nivel de bloque. También se identificaron subconjuntos de bloques informativos para la desconvolución de muestras heterogéneas. Finalmente, utilizando haplotipos de metilación, hemos demostrado la estimación cuantitativa de la carga tumoral y el tejido de origen de cartografía en la circulación de ADN libre de células de 59 pacientes con cáncer de pulmón o colorrectal , se lee en el documento publicado.

Kun Zhang, autor principal, aseguró que encontraron más de lo que buscaban: Fue por accidente. Buscábamos células cancerígenas para averiguar su origen, pero vimos también señales de otras células. Nos dimos cuenta de que si integrábamos los dos conjuntos de señales podíamos determinar la presencia o ausencia del tumor y dónde estaba creciendo .

Rumbo al ensayo clínico

El cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo. Según datos de la OMS, en el 2012 se registraron alrededor de 14 millones de nuevos casos, además se prevé que el número aumente aproximadamente en 70% en los próximos 20 años.

De ahí la necesidad de dar continuidad al estudio. Para poner en práctica el método, los investigadores crearon una base de datos con todos los patrones de metilación CpG de tejidos como el hígado, intestino, colon, pulmones, cerebro, riñón, bazo, páncreas o sangre.

El grupo también analizó muestras tumorales y de la sangre de pacientes enfermos del Centro de Cáncer Moores de la Universidad de California en San Diego, para tener identificados una serie de marcadores genéticos específicos de la enfermedad.

Analizaron las muestras de sangre de individuos con y sin tumores buscando señales de los marcadores cancerígenos y de los patrones de metilación de los tejidos. La prueba funciona como un proceso de autenticación dual. Se necesita la combinación de ambas señales para obtener una respuesta positiva.

Con todo y los avances que este estudio experimenta, aún falta llevarlo a una fase de ensayo clínico, por lo que el equipo es cauto, esto no es más que una prueba de concepto, necesitamos trabajar con oncólogos para optimizar y refinar el método antes de llevarlo a la fase del ensayo clínico , aseguró Zhang.

nelly.toche@eleconomista.mx