(Este texto fue escrito entre la Navidad y el Año Nuevo. Mientras, alguien se hacía cargo de preparar los romeritos, de comprar los ingredientes para el bacalao, de ir a traer los bolillos de última hora, de lavar el baño y sacar la vajilla para los invitados. Aunque el autor de este texto hizo algo aquí y allá para colaborar en la celebración, la verdad es que fue obra de otras personas de la familia, especialmente las consideradas menos glamorosas.)

En Los muertos indóciles (2013), Cristina Rivera Garza comenzó a articular varias ideas, entre las que descuella la de escritura comunal. Se trata de textos que “sólo se pueden presentar como del nosotros, volviendo visible así la comunalidad que les da sentido, existencia”. La puesta en práctica de esa idea se ha vuelto cada vez más común entre autores y autoras que integran a sus obras las voces de personas desconocidas, de sus familiares, etcétera, haciendo así comunalidad.

Pero uno de los puntos interesantes de un libro de ensayo como Su cuerpo dejarán (2019), de Alejandra Eme Vázquez, es que pone en práctica esa idea de comunalidad para referirse a un tema harto distinto: el trabajo de los cuidados en el ámbito doméstico en México.

El libro es fruto de la experiencia personal de la autora, cuyas circunstancias la orillaron a dejar su puesto de maestra de escuela y aceptar el trabajo que le ofreció su familia: cuidar a la abuela. ¿Cuáles son los límites entre el trabajo y el afecto, entre el deber laboral y la confianza familiar? ¿Con qué índices de calidad se mide barrer y trapear, ir a comprar el mandado o cocinar una tinga de res? Los límites, los conflictos, los sufrimientos, los intensos universos íntimos de las personas que forman, parafraseando al libro, las “comunidades acotadas que soportan y hacen funcionar los macrosistemas en todas sus formas” son el tema de Su cuerpo dejarán.

Una cosa central del texto es su valor testimonial. A diferencia de lo que podría pensarse, no es un testimonio sufriente, como seguramente existen muchas otras historias, muy dolorosas. Ésta no es trágica. Pero es singular e irrepetible, como todas las demás que hay en México.

Es el testimonio individual de un gran texto, un texto social, cuya comunalidad estaría integrada por los testimonios de todas aquellas personas que hacen trabajos de cuidado, esfuerzos cotidianos, en los espacios privados en México. Y Su cuerpo dejarán empieza a articular ese necesario testimonio comunal de un trabajo tan importante como precario e invisible, y que parece ser hora de que ocupe el lugar social que merece.

(Si el trabajo en casa, remunerado o no, sostiene la vida mexicana todo el año, en fechas especiales —como Navidad o Año Nuevo—, éste incrementa porque el bacalao y los romeritos no se hacen solos. Reconocerlo sería un buen primer paso. Dignificarlo legal, económica y socialmente, sería lo justo. Que todas y todos contribuyamos sería lo mejor).