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Opinión

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T-MEC: ¿es la industria automotriz un foco rojo?

Luis Miguel González | Caja Fuerte

Nos acostumbramos a hablar de la industria automotriz como símbolo de la exitosa integración económica de América del Norte. En estos días, debemos pensar en ella como ejemplo de los problemas de la revisión del T- MEC. “Es el único sector que tiene la capacidad de descarrilar la negociación del T-MEC”, le dijo al FT Juan Carlos Baker, exnegociador del acuerdo y uno de los mayores expertos en el tema.

Estados Unidos quiere cambios sustanciales en la forma en que funciona la industria automotriz en América del Norte. Los ajustes que exige son de tal magnitud que justifican que hablemos de renegociación del T-MEC y no de una simple revisión. Trump exige nuevas reglas del juego: quiere muchas cosas, entre ellas que los vehículos hechos en norteamérica tengan un mayor contenido estadounidense y quiere que México y Canadá se alineen más con Estados Unidos en la competencia con China.

Es parte del esfuerzo por reindustrializarse; es el reconocimiento de que la industria automotriz es un asunto de seguridad nacional y también algo que es simbólico pero también dolorosamente real. Ellos dejaron de ser la mayor potencia automotriz del mundo: China produce el doble de automóviles que Estados Unidos y se ha convertido en líder indiscutido en tecnología de autos eléctricos. Estados Unidos producía 45% de los automóviles del mundo en 1965. Ahora produce apenas 14 por ciento.

Para México, la negociación es extremadamente complicada. En cualquier momento, un tema de narcotráfico o migración puede convertirse en el argumento para imponer un arancel. Al mismo tiempo, si la estrategia del equipo que encabeza Marcelo Ebrard es no salirse de foco y tratar el tema en su dimensión económica-comercial, el reto es aceptar que lo que nos funcionó espectacularmente durante 30 años no servirá para las próximas tres décadas. El mundo de las automotrices cambió mucho y cambiará aún más. Muchas marcas centenarias viven una crisis profunda. Recién llegados como BYD se están comiendo el mundo.

La industria automotriz es 5% del PIB de México y responsable de más de un millón de puestos de trabajo bien pagados. Es también la industria que detonó la vida industrial y económica en muchos estados: VW, en Puebla; Nissan, en Aguascalientes; Ford, en Hermosillo; productoras de autopartes en Nuevo León, Coahuila, Estado de México...

Las formas y los modos de Trump son ofensivos, pero tiene un punto: la reorganización de la industria automotriz que se hizo con el TLCAN y luego con el T-MEC no fue suficiente para mantener la hegemonía automotriz de Estados Unidos. Le permitió a México convertirse en uno de los siete mayores productores del mundo pero no le dio a la industria automotriz estadounidense la “pócima de la vida eterna”. A ellos no les gusta ser el segundo lugar detrás de China, pero menos les gustan las razones por las que perdieron la posición de honor. El dragón aprovechó las oportunidades que dejó ir el Tío Sam. Es el siglo XXI vs el siglo XX. China desarrolló una estrategia para conquistar el mercado mundial, en donde los subsidios cuentan mucho, pero también la investigación y desarrollo. Los subsidios en el último lustro superan los 100,000 millones de dólares y les ha dado ventajas que por lo pronto son imbatibles. Es innovación a bajo costo, pero también lujo a los mercados que quieren y pueden pagarlo.

La relación con las automotrices de China es uno de los temas que no eran tan importantes en 2018, cuando se firmó el T-MEC. Ahora es clave y las divergencias entre los socios son notables. Estados Unidos no deja entrar marcas chinas y alega riesgos de seguridad. Canadá firmó hace unas semanas un acuerdo con China para permitir la entrada de 49,000 vehículos eléctricos hechos en China por año. México se convirtió en uno de los mercados más atractivos para los fabricantes chinos y hasta 2024 buscó atraer la instalación de fábricas de automóviles chinos en territorio mexicano. Por presión de Estados Unidos, ha cerrado la puerta a la fabricación en México y ha puesto aranceles de 50% a los vehículos chinos... el problema es que esto no ha sido suficiente para frenar la conquista de una parte del mercado mexicano que está entre 15% y 20 por ciento.

¿Las decisiones trumpianas resuelven o agravan el problema de competitividad y liderazgo de Estados Unidos? Todo indica que lo agravan, pero él y su equipo piensan que las cosas cambiarían si la “terapia” se lleva a un nivel más extremo. En su lógica, el T-MEC requiere una cirugía mayor en el capítulo automotriz. Para México es preocupante que algunas de las políticas que ha dictado la administración Trump se han hecho a pesar de las recomendaciones que han hecho los capitanes de los tres grandes de Detroit. Los aranceles y la sobrerregulación de la producción quitan competitividad a la industria norteamericana, pero para Trump lo más importante es que algo de lo que tienen México y Canadá se vaya para Estados Unidos. No le interesa crecer el pastel, cree que es más importante pelear por las rebanadas y agarrar las migajas.

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio. Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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