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Opinión

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Sobrevivir

Ezra Shabot | Línea directa

Harish, Israel

El único país del mundo cuya existencia misma se sigue poniendo en tela de juicio es Israel. No se trata de condenar a su gobierno, o de rechazar la manera en la que árabes y judíos coexisten en una relación compleja dentro de un Estado cuyo surgimiento fue producto de una aspiración nacional que tras es el exterminio de seis millones de judíos encontró en la Palestina británica la única posibilidad de supervivencia, sino de negar la legitimidad de un Estado judío en la región.

Tras la negativa árabe a aceptar dos Estados, uno judío y otro árabe en esa región, Israel surgió como un enclave occidental dentro de un mundo islámico incapaz de aceptar una sociedad plural y tolerante. El resto es únicamente la trágica historia de este desencuentro cultural, donde disputas territoriales y reclamos de agresiones mutuas tienen un denominador común: la ilegitimidad de la presencia judía en un espacio que es considerado únicamente como propiedad exclusiva de musulmanes y en donde ni los cristianos son aceptados como un grupo que puede ser tolerado en la región.

Los tratados de paz firmados en su momento entre Egipto y Jordania con Israel así como los hoy tambaleantes Acuerdos de Abraham, son en la práctica el reconocimiento de la imposibilidad práctica de desaparecer a Israel del Medio Oriente y no una aceptación plena de la presencia judía en la zona. Las dos oportunidades que hubiesen podido resolver las demandas de los árabes de Palestina de contar con un Estado propio,una con Rabin y otra con Barak, fueron saboteadas por el propio dirigente de la OLP Yasser Arafat quien no fue capaz de reconocer que Israel estaba ahí para quedarse y que la nación palestina no podría incluir los espacios territoriales donde se asienta el Estado judío.

Esta enorme frustración que derivó en el ascenso del fundamentalismo islámico financiado por Irán, se expandió en Líbano, Siria, Irak y Yemen a través de sus grupos armados chiitas como Hizbollah, Hamas y los huties, quienes a partir del 7 de octubre de 2023 desataron una ofensiva armada destinada al viejo objetivo de exterminar el Estado hebreo con todos sus habitantes incluidos.

Mientras tanto, la soberbia de un aspirante a dictador como Netanyahu ha servido perfectamente a la narrativa fundamentalista dominante en el movimiento palestino. Un primer ministro que encontró en Trump a un interlocutor que hoy lo deja abandonado a su suerte, demuestra la enorme torpeza con la que ha gobernado durante décadas convencido de que la superioridad militar israelí era suficiente para garantizar la seguridad de sus ciudadanos en todo momento.

Hoy, israelíes y palestinos viven la enorme tragedia de no poder compartir una misma tierra, y en donde el islam radicalizado y el extremismo judío encaramado en el gobierno de Netanyahu los impulsa a una confrontación permanente. Se trata de sobrevivir y de evitar a cualquier precio la destrucción mutua que hoy sigue siendo una amenaza real.

X: @ezshabot

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Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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