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Opinión

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Putin-Trump: el amor no se oculta

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?

Michael Flynn fue designado por Donald Trump como asesor de seguridad nacional al inicio de su primer gobierno, enero de 2017. Duró 22 días en el cargo.

Informes de inteligencia revelaron encuentros de Flynn con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak. Detrás de sus interacciones se encontraba el apoyo que el presidente Putin le otorgó a Trump durante su campaña: información que perjudicó a la rival del republicano, Hillary Clinton.

Los 22 días marcaron al gobierno de Trump. Flynn reconoció que mintió al FBI al no revelar sus encuentros con el ruso, y Trump tomó venganza contra James Comey, director del FBI.

Ocho años después, los guiños de Trump a Putin ya no se realizan por debajo de la mesa ni a través de terceras personas. La alfombra roja en Alaska y la pervertida recepción a Zelenski en la Casa Blanca, el último viernes de febrero del año pasado, las observaron el mundo entero.

Ayer, Kirill Dmitrev, enviado de Putin a Florida, salió de su reunión con estadounidenses con un regalo de Trump para su amigo, el presidente ruso: le quita las sanciones petroleras para que haga su agosto en pleno mes de marzo.

Dmitrev redactó el plan de paz integrado por 28 puntos y se lo dio a Steve Witkoff para que se lo entregara a Trump. Ocurrió a finales de noviembre pasado. Trump presentó el plan como suyo. Fue un desastre. 

“Hablamos tanto de proyectos prometedores que pueden contribuir a la restauración de las relaciones ruso-estadounidenses, como de la actual situación de crisis en los mercados energéticos mundiales”, dijo ayer Dmitriev.

¿Qué hace Steve Witkoff, un especulador inmobiliario y sin experiencia diplomática, negociando conflictos bélicos en Moscú y Tel Aviv? ¿Es Irán una metáfora de su perfil mediocre?

En varias reuniones, Witkoff se hace acompañar por su hijo para estimar el Valor Presente Neto de varios proyectos inmobiliarios.

Fuera máscaras. A diferencia de su primer gobierno, Trump se da cuenta que le quedan tres años de gobierno y que no está dispuesto a esconder su admiración por Putin. Ya no está un James Comey y no requiere a un general como Michel Flynn para triangular información con Putin. Ahora tiene a Witkoff para consolidar su cercanía con Putin.

La explicación que ayer aportó el secretario del Tesoro para justificar la eliminación de las sanciones petroleras a Rusia fue algo más que cursi y ridícula.

La eliminación de las sanciones no se traducirá en “un beneficio financiero significativo al gobierno ruso, que obtiene la mayor parte de sus ingresos energéticos de los impuestos aplicados en el punto de extracción”.

Trump respeta a Putin como si fuera su padre. El nuevo orden global tiene una historia de amor.

Netflix ya tiene el material para una serie de televisión. Putin-Trump, el amor no se oculta.

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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