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El nuevo andamiaje en Salud; de la voluntad a la certidumbre operativa
Óscar Flores | Columna Invitada
La política pública, cuando aspira a ser verdaderamente transformadora, no se agota en las páginas del Diario Oficial de la Federación; comienza allí. En los últimos meses, hemos sido testigos de la reingeniería más profunda y ambiciosa en la cadena de suministro del Sistema Nacional de Salud en la historia reciente de México. A diferencia de los bandazos administrativos del pasado, hoy se percibe un hilo conductor, una racionalidad económica que busca trascender la simple transacción de compraventa para instaurar una auténtica política industrial en el sector sanitario.
Es imperativo reconocer y celebrar los cimientos de este nuevo andamiaje. La consolidación de reglas para determinar el Contenido Nacional, la puesta en marcha del Sistema de Monitoreo al Cumplimiento del Abasto, el reconocimiento explícito a la Inversión Productiva, y la adopción de criterios de Sostenibilidad que favorecen a los proveedores con huella local frente a los importadores de oportunidad, son medidas que este espacio había delineado como urgentes.
El cambio de paradigma es evidente: el Estado mexicano ha dejado de actuar exclusivamente como un comprador guiado por el espejismo del precio más bajo —que varias veces derivó en desabasto y costos ocultos estratosféricos— para asumir su rol como un rector del mercado. Se busca premiar a quien genera empleo, a quien transfiere tecnología, a quien asume el riesgo de construir plantas e instalar capacidades logísticas en territorio nacional.
Sin embargo, el optimismo analítico nos obliga a encender las luces largas. Este aplaudible marco normativo es apenas el primer kilómetro de un maratón muy complejo. Haber trazado la cancha y definido las nuevas reglas del juego es un logro mayor, pero para que el ecosistema industrial (farmacéuticas, fabricantes de dispositivos médicos, operadores logísticos y de tecnología) despliegue los miles de millones de dólares en inversión que el país requiere, hace falta el ingrediente más elusivo en la relación público-privada: la certidumbre operativa.
La voluntad política, por loable que sea, no es un colateral aceptable en los comités de inversión globales. Existen zonas grises, "el diablo está en los detalles" de la implementación, que requieren aclaración inmediata para garantizar la viabilidad de quienes pretenden ser socios a largo plazo del Sistema Nacional de Salud.
En primer lugar, está la aritmética de la Inversión Productiva. El mensaje de que el gobierno favorecerá a quien invierta en México ha sido recibido con entusiasmo, pero la industria opera con modelos matemáticos, no con declaraciones de intenciones. ¿Cuál será el porcentaje exacto de impacto o el puntaje en la matriz de evaluación de una licitación para una empresa que construye una planta de manufactura frente a una que instala un Centro de Distribución regional? Si no se establecen tabuladores claros, ponderaciones específicas y reglas de desempate transparentes, corremos el riesgo de caer en la “discrecionalidad administrativa”. El evaluador de la compra pública no puede decidir, a ojo de buen cubero, cuánto vale el esfuerzo de un inversionista. La fórmula debe ser pública, predictible y blindada contra la subjetividad.
En segundo lugar, emerge un desafío mayúsculo en materia de ciberseguridad y protección de datos industriales. Para que una empresa pueda acreditar fehacientemente el grado de Contenido Nacional ante la autoridad, deberá desnudar su estructura de costos. Esto implica entregar al gobierno el desglose exacto de sus listas de materiales, los márgenes de sus proveedores de segundo y tercer nivel, y en muchos casos, detalles que pudieran rozar el secreto industrial.
¿Cuáles son los mecanismos de resguardo y encriptación de esta información ultrasensible? En un entorno donde las filtraciones de datos y los ciberataques a dependencias gubernamentales son un riesgo latente, el Estado debe garantizar que la información entregada para el cálculo del Contenido Nacional no terminará en manos de la competencia ni será utilizada para fines de extorsión comercial. La Secretaría de Economía y la Secretaría de Salud deben publicar, a la brevedad, los protocolos de gobernanza de datos y los Acuerdos de Confidencialidad (NDAs) estandarizados que protegerán el capital intelectual de los participantes.
Finalmente, debemos hablar del elefante en la habitación, el eslabón más débil de la cadena histórica de proveeduría en México: la certeza de cumplimiento de pagos.
El recientemente anunciado Sistema de Monitoreo al Cumplimiento del Abasto es una herramienta necesaria e inaplazable de rendición de cuentas hacia el proveedor. Generar "scorecards" públicos y constancias de cumplimiento que penalicen reputacional y administrativamente a quien no entrega a tiempo, es correcto y necesario. Pero el contrato debe ser bidireccional.
¿Dónde está el tablero de monitoreo público que obligue a las instituciones del Estado a pagar en los tiempos estipulados por la ley? De poco sirve que un laboratorio nacional invierta en líneas de producción sostenibles, cumpla con el 80% de contenido nacional y entregue el medicamento en el almacén con precisión suiza, si la factura entra en un limbo burocrático de 180 o 240 días para su liquidación.
La asimetría actual es insostenible. Exigir estándares de eficiencia de clase mundial al sector privado requiere un compromiso recíproco por parte de la tesorería pública. Favorecer a los proveedores locales frente a la importación transaccional es una estrategia brillante de soberanía sanitaria, pero el tejido industrial nacional, especialmente las pequeñas y medianas empresas que integran la cadena de valor de los grandes laboratorios, no tiene la espalda financiera para financiar el gasto corriente del gobierno. La certidumbre de pago es, en última instancia, la política de fomento industrial más efectiva.
Así que, el panorama es alentador en principio. Las autoridades actuales han demostrado un entendimiento profundo de que la salud pública y la economía industrial son engranes del mismo reloj. Han tenido el valor de cambiar las reglas para privilegiar el valor sobre el precio.
La primera mitad del partido se ha jugado con inteligencia estratégica. Ahora, el balón está en la cancha de la ejecución administrativa. Aclarar las métricas de inversión, blindar los secretos industriales y garantizar el flujo financiero son los pasos ineludibles para que el Sistema Nacional de Salud deje de ser un comprador impredecible y se consolide, de una vez por todas, como el gran motor del desarrollo biomédico y tecnológico de México. El diálogo técnico, franco y abierto entre la industria y la autoridad, será la llave maestra para afinar estos detalles.
Hoy cierro con una frase que se atribuye a Bertrand Russell: "Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre".
*El autor cuenta con 25 años de experiencia en el sector de la salud en México y Latinoamérica, fue socio fundador de una consultoría enfocada en el análisis de las políticas públicas en salud, salud digital y sostenibilidad. Y actualmente se dedica a la gestión de asuntos corporativos en materia de salud para la industria farmacéutica y la de dispositivos médicos.