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Los niños han descubierto a Dostoievski: Jacinta Bogavante reflexiona al respecto

A los niños ahora les gusta Dostoievski. Jacinta Bogavante se lo explicó a José Azeite.

OpiniónEl Economista

Sentada al borde de su cama, Jacinta Bogavante se levanta a las 6 de la madrugada para revisar si su diario merece alguna nueva entrada. Muchacha juiciosa, a Jacinta le gusta llevar registro de cada una de sus ideas, desde las brillantes hasta las ocurrencias. Eso a veces significa que tiene que levantarse de improviso a escribir. Esta mañana no sólo necesita registrar los pensamientos que le inflaman la mente sino que precisa comentarlas de inmediato con su in loco parentis, el afamado editor, escritor y crítico literario José Azeite.

—¡Padrino, padrino, despierta, tengo algo que me urge platicar contigo!

El afamado crítico duerme de revés, posición peligrosa para quien acaba de pasar una noche de whiskys con los muchachos de la tertulia de los sábados en la cantina Los cuatro ases, conocida como la guardería de maridos. Con la cabeza estallando, el impulso inicial de Azeite es mandar a callar a quien así lo molesta de un modo lépero, emocional.

—¡Pero qué ching…!

De inmediato se recompone. No dice groserías delante de su queridísima ahijada. Azeite se lleva los dedos índices a las sienes. ¿Qué hora es? ¿Cuánto he bebido? ¿Nos metieron en la cuenta una botella que no nos tomamos? Diantres.

—¿Qué pasa, Jacintita? ¿Volviste a soñar que le daban el Cervantes a Magnífico Togarashi? Terrible pesadilla, terrible. ¿Necesito un cordial de manzanilla?

—No, padrino, esto es más importante, urgente. ¿Te acuerdas que la semana pasada fui a la Feria del libro de Minería? No quisiste comentar…

Azeite interrumpe: “Esa feria ha caído en desgracia. Ya nadie serio va a Minería, Jacinta, hasta Taibo, ese amigo de Togarashi, decidió hacer su propia feria en el humilde Palacio Postal. Como denunció el escritor y editor de Cal y Arena Rafael Pérez Gay, ya es imposible para editoriales pequeñas e independientes tener un stand en Minería por los absurdos y onerosos precios que la UNAM amada cobra por centímetro cuadrado. Te dije que íbamos a boicotear, Jacinta, pero tú eres de arrebatos románticos, lo que, por otro lado, le queda a almas jóvenes e impresionables”.

Jacinta se impacienta siempre cuando Azeite se pone condescendiente.

—Padrino, escucha, lo que me levanta y me urge intercambiar contigo es esto: a los adolescentes ahora nos gusta Fiodor Dostoievski.

Azeite se detiene, alarmado.

—¡Cómo! ¿Pero qué pasó con las aventuras hechiceras de Harry Potter y el renacimiento de la mitología clásica en clave pop de los libros de Percy Jackson?

—Ay, padrino, vives en la caverna. Ahora lo cool son los clásicos de diecinueve, y a la cabeza de todos, el Dosto.

A Azeite le sigue reventando la cabeza pero está intrigado.

Jacinta: “Fuimos a Minería mi amigo Perico Togarashi y yo, él buscando libros de filosofía política en Akal y yo con ilusión de llegar al puesto de Alianza, mi editorial favorita, buscando…”

Azeite interrumpe: “Ya te he dicho, Jacintita, que no hagas confianzas con los Togarashi…”.

—Aguántame las carnitas, padrino, que esto es importante: iba a Alianza por Stepanchinkovo y sus habitantes, el libro de comedia de observación social de Dostoievski y cuál es mi sorpresa: ¡agotado! ¡Todo Dosto agotado! Apenas un ejemplar de Los demonios y nada más. Ni Noches blancas, ni El idiota, vamos, ni Crimen y castigo o las desventuras de los Karamázov. Agotado todo.

—Bueno, Jacintita querida, seguro llevan pocos ejemplares para los viejos lectores como yo…

—No, padrino, esto es lo increíble: quienes se llevaron los libros fueron adolescentes como Perico y yo, según nos dijo la encargada del puesto. Fueron por Crimen y castigo y acabaron llevándose todo lo que encontraron. Una locura, padrino, te digo.

Azeite se alarmó: ¿Pero es que los jovencitos pasan por una época de desesperación existencial?

—Lo hemos comentado en la secundaria, padrino. Ya sabes que mis compañeritas parecen más interesadas en estos géneros nuevos como el romantasy, el friends-to-enemies, el boy love y el dark romance, pero todo ha dado un giro raro en las últimas semanas, como que todos andamos más tristes, más melancólicos.

—¡Jacinta! ¿Pero qué escucho? Es labor de los jóvenes leer aventuras y romanticismo a tu edad: es la época del ensueño, de la obnubilación por el amor y el erotismo incipiente. ¡Dostoievski a los 13 años, por los dioses!

Jacinta se acomoda los anteojos en docto gesto.

—Padrino, es los de tu generación boomer piensa que los adolescentes somos medio idiotas. No todo es TikTok, o sí es, pero ya no sólo bailamos, también comentamos la situación mundial y lo que leemos, tenemos nuestra tertulia todos los días con amigos que están tan emocionados como nosotros. ¿Viste el hit que fue Cumbres borrascosas?

Al afamado crítico se le subieron los colores al rostro: cómo se dejó convencer por Jacinta de ver ese bodrio que le hizo revolverse incómodo más de una vez en su butaca. Qué bombonazo es Margot Robbie, su recuerdo le daría calor a cualquier soldado en una trinchera gélida.

Jacinta tiene que sacar a Azeite de su ensoñación momentánea: “Pues, padrino, Cumbres borrascosas también fue uno de los hits de Minería. En clase todos comentamos la película y a huevos de paloma que buscamos la novela”.

—Jacinta, esa boquita. Pero, explícame, entiendo el hechizo de Cumbres borrascosas sobre tu generación pero ¿Dostoievski? Como dicen los mozalbetes: ¿qué onda?

—Hay varias teorías, padrino. La más popular es que Pedro Pascal dijo que su libro preferido es Crimen y castigo. Todos queremos mucho a Pedro desde que fue The Mandalorian y por todas la películas que ha sacado, su forma de ser un hombre tierno e inteligente nos cae bien, padrino. Es una buena influencia, un hombre de una masculinidad noble y sin conflictos. Y aparte está guapo.

—Entiendo, entiendo, las figuras del momento siempre tienen influjo sobre los jóvenes. Pero es una influencia que no dura nada.

—En este caso sí ha durado, padrino, seguimos leyendo a Dostoievski y lo comentamos en todos lados, ese es un facto. Pero tengo otra teoría, padrino: a los escritores contemporáneos se les han perdido las ideas nuevas, como que ya no nos gustan tanto sus clichés, es como leer el mismo libro una y otra vez. Creo que hay una curiosidad lógica, padrino, por qué se escribió antes.

—Jacinta, esos autores nuevos son todos tontos de remate.

—Ay, no, padrino, quizá sus libros son tontos y comunes, pero ellos no lo son. Tú lo has dicho antes: los nuevos escritores son profesionales formados en escuelas de letras o de escritura creativa. Han leído un chingo, padrino, y muchos son fans de los folletines y las novelas del diecinueve. Se nota en lo que escriben.

—¡Folletines!

—Pues sí, padrino, finalmente tú me lo has dicho: hasta Dosto escribió para divertir.

Azeite asintió y pensó: “Sin duda he hecho una gran labor con esta niña, pero su sabiduría natural nunca dejará de complacerme”.

“A pesar de los días tristes y de guerra en el mundo, los niños siempre buscarán refugio en las ideas y la imaginación. Quizá Dostoievski, con su nostalgia e introversión, les da las palabras que necesitan para entender su tiempo”, piensa para sí Azeite.

—Padrino, te dejo para que sigas durmiendo la cruda. ¿Me prestas las biografía de Dosto que escribió el profe Joseph Frank? Tengo ganas de una lectura ligera para el fin de semana.

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