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Opinión

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La izquierda perdida

Ezra Shabot | Línea directa

La geometría política ubica a la izquierda como aquella opción que prioriza la igualdad social por encima de cualquier otro principio. Así, la lucha por la democracia, la pluralidad y el reconocimiento del adversario como un sujeto legítimo, pasaron a un segundo plano frente a la idea suprema de igualar a la sociedad a cualquier costo.

Frente a una derecha cuyo objetivo es mantener el desarrollo económico propio del capitalismo, la izquierda abanderaba la causa de los pobres y oprimidos frente a una contraparte incapaz de solidarizarse con los abandonados y marginados de la sociedad. Esta visión maniquea simplificaba la complejidad de las relaciones entre clases sociales y conducía a un modelo totalitario sin la participación de eso que se definía como “pueblo”, y que no era más que la dictadura de un aparato de Estado en manos de una burocracia salvaje e ineficiente.

Incluso el propio proyecto socialdemócrata que intentó hacer compatible la justicia social y el desarrollo capitalista, fracasó ante la inviabilidad económica de un estado de bienestar que no pudo conciliar la productividad laboral con la generación de riqueza, ocasionando un estancamiento que aún hoy no se ha podido superar. Esa izquierda no ligada al totalitarismo soviético se fue diluyendo conforme la globalización aumentaba y los mercados castigaban a las economías improductivas.

Ante este escenario una parte de la izquierda retomó el discurso de los oprimidos, sin contar con instrumentos efectivos para aumentar la riqueza y simultáneamente redistribuir ingresos. Y así llegamos a la pasada Cumbre de Barcelona donde Sánchez, Sheinbaum, Lula y Petro pretenden reivindicar al “populismo progresista” como dique de contención contra lo que denominan la “ultraderecha” en ascenso, donde todo aquel que no comparta su concepción del mundo entra en esta ilegítima categoría.

Está izquierda populista retoma la tradición autoritaria de equiparar a la dictadura del proletariado con la “verdadera democracia”, con lo que todo aquello que cuestione al Estado es intolerable y debe ser reprimido. Se trata de eliminar la democracia liberal para sustituirla por un régimen que haga confluir la “revolución de los desposeídos” con las formas de una democracia sin contenidos.

En esta reconstrucción del progresismo autoritario, las diferencias entre la derecha y la izquierda populistas pasan a un segundo plano, mientras que sus afinidades vinculadas a la necesidad de permanecer en el poder indefinidamente, las ubican en un terreno común cuyo enemigo claramente identificado es la democracia liberal con pesos y contrapesos que son totalmente incompatibles con su objetivo de vida eterna.

La derrota de Orban en Hungría es una consecuencia de la falta de legitimidad de ese autoritarismo populista que no pudo cerrar todos los espacios por donde se coló la ciudadanía para deponerlo. Es lo que hay que buscar aquí para recuperar lo construido durante el periodo de la transición democrática que fue destruido a partir del 2018.

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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