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Opinión

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Los indicadores de Inegi, una historia diferente a la que cuenta el gobierno

Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico

Mientras la Secretaría de Hacienda y Crédito Público sostiene y orilla a la presidenta Sheinbaum a afirmar en su conferencia mañanera que el segundo semestre de 2026 traerá un repunte de la inversión pública y la inversión mixta, los indicadores que publica el Inegi cuentan una historia diferente: la de una economía estancada, sin impulso y con una base de confianza que se erosiona mes a mes. No hay que buscar fuentes alternativas ni recurrir a datos de organismos privados; basta con leer lo que dice la estadística oficial para advertir que el optimismo gubernamental no tiene sustento en los números.

El Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF) correspondiente a marzo de 2026, la cifra más reciente disponible, mostró una caída anual de 3.1%, con cifras desestacionalizadas, con ello, acumula 19 meses consecutivos mostrando retroceso. Lo más preocupante es que el componente de inversión privada mostró una caída de 4.6% anual, lo que nos indica claramente que por el lado de los inversionistas privados aún existen muchas dudas sobre la conveniencia de destinar recursos a la inversión en México.

Esa duda es consistente con los indicadores de percepción. En mayo de 2026, el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) se ubicó en 48.2 puntos, por debajo del umbral de optimismo de 50 puntos, con una baja anual de 0.5 puntos. Con este resultado, el indicador acumula 25 meses consecutivos con caídas anuales: toda la administración actual más cinco meses finales del gobierno anterior. La comparación histórica es significativa: el período más largo de caídas anuales consecutivas durante el gobierno de López Obrador duró 20 meses, de julio de 2019 a febrero de 2021, y eso incluyó once meses de pandemia. El pesimismo empresarial actual lo supera sin ese atenuante.

En la misma encuesta, el Indicador de Pedidos Manufactureros (IPM) de mayo se colocó en 49.2 puntos, por debajo del umbral de 50 puntos, es decir, las decisiones de los empresarios se ubican en terreno de contracción. Es la primera vez en 2026 que el IPM cae en terreno negativo, pero el dato tiene un agravante adicional: en 2025, el primer registro por debajo de 50 ocurrió en julio; este año, el pesimismo sobre las expectativas del sector manufacturero se está manifestando dos meses antes. Los directivos empresariales anticipan una contracción en su actividad, y lo están señalando con mayor anticipación que el año previo.

El desencanto no es exclusivo del sector corporativo. La confianza del consumidor, que mide la percepción de los hogares sobre su situación económica presente y sus expectativas a futuro, acumula 17 meses consecutivos de caídas anuales. En mayo de 2026, el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) se ubicó en 43.5 puntos, el nivel más bajo desde diciembre de 2022, con una contracción mensual de 7.3% respecto a mayo de 2025, la más pronunciada en seis meses, pero también la segunda más intensa de todo ese período de 17 meses. Todos sus componentes retrocedieron simultáneamente: la percepción sobre la situación económica del país en comparación con hace doce meses cayó 5.3 puntos anuales y tocó su menor nivel desde octubre de 2022; la expectativa sobre la situación del país para los próximos doce meses cayó a su punto más bajo desde agosto de 2020.

La conjunción de estos cuatro indicadores, inversión privada en contracción, confianza empresarial con 25 meses consecutivos de caídas anuales, pedidos manufactureros que anticipan ya desde mayo una contracción en el sector, y confianza del consumidor a la baja durante 17 meses seguidos, dibuja un panorama de desaliento que no es compatible con los escenarios optimistas que el gobierno proyecta para la segunda mitad del año; la desfavorable percepción de empresas y familias es un signo contundente que el gobierno no debe soslayar. Mientras ese desencanto siga presente, no habrá anuncio gubernamental que logre que la economía salga del atolladero en el que la metió la 4T con la reforma al Poder Judicial y el desmantelamiento institucional.

Los caminos de la vida

Previo a la reforma educativa del 2013, diversos senadores y diputados sostuvimos reuniones con los líderes de la CNTE, con el ánimo de encontrar algún punto con el que pudieran transitar con esa reforma. Obvio su posición era intransigente. A esas reuniones acudió puntualmente Mario Delgado, con la intención de apoyar las exigencias de la Coordinadora. Hoy que es secretario de Educación, ya no lo aceptan como interlocutor.

*El autor es economista.

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