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No es futbol. Es Antropología. Es Leibovitz.
Annie Leibovitz en el MNA.
La primera vez que entré al Museo Nacional de Antropología tenía yo creo que 6 años y no entendí nada. Volví los siguientes años, cada año, en excursión con el mismo colegio religioso — de esos que ya tienen su propia docuserie en HBO Max. Varias veces. La misma sala mexica, el mismo itinerario, el mismo guardia… algo fue quedando. Eso es lo que los grandes museos hacen: te depositan algo aunque no lo pidas.
Esta semana, ese museo —séptimo más visitado del mundo en 2025, con cinco millones de personas el año pasado— abrió sus salas a una artista viva, contemporánea, estadounidense. La exposición Fútbol 2026. Annie Leibovitz reúne dos proyectos de la fotógrafa en torno al deporte y una amplia muestra de su obra retratística, vigente del 9 de junio al 30 de agosto. No es una exposición de temporada. Es otra cosa.
El contexto importa: se prevé la llegada de 2.6 millones de visitantes a la Ciudad de México durante el torneo. Una fracción de ellos pasará por Chapultepec. Lo que encuentren en la Sala A1 no es decoración deportiva: es una de las fotógrafas más influyentes del siglo en uno de los recintos más importantes del planeta, con obra nueva hecha específicamente para este país.
Vale la pena notar que el corredor cultural del Mundial incluye 17 museos y 19 exposiciones — el Jumex con artistas internacionales, el Yancuic con 15,000 piezas de memorabilia, el Franz Mayer con historia del diseño mundialista. Todo ello valioso. Y sin embargo, la exposición más relevante del circuito no está en un museo de arte contemporáneo sino en el de Antropología. Eso solo ya dice algo sobre cómo México entiende su propia cultura.
Hay un antecedente que conviene recordar. En 1935, Cartier-Bresson expuso en Bellas Artes compartiendo sala con Manuel Álvarez Bravo, a quien había conocido un año antes a su llegada al país. México no fue solo el escenario del francés: fue el lugar donde su mirada se afiló. Me pregunto si Leibovitz le está haciendo algo parecido a este país — o si este país se lo está haciendo a ella.
Yo la vi por primera vez en Sydney, en 2010, en una retrospectiva que había recorrido el Brooklyn Museum, la National Portrait Gallery de Londres y la Maison Européenne de la Photographie. Fue una de esas exposiciones que se terminan en silencio. No por solemnidad, sino porque no hay nada que decir que mejore lo que se acaba de ver.
Lo que hace a Leibovitz distinta no es la fama sino la ética y la humanidad:
"Han pasado 40 años y me he interesado más en las personas y los retratos. Son héroes, hermanos de armas, poetas, un conjunto de seres humanos increíble", dijo esta semana.
Aspecto general de la exposición
En 1986 retrató los vestigios arqueológicos de Chichén Itzá, Tula y Teotihuacan para los carteles del Mundial. Monumentos, símbolos. Cuarenta años después viene por los rostros. Ese giro —de la piedra al ser humano— es el argumento central de esta exposición.
Ojalá salgamos de la sala con esa seguridad. No la de que una fotógrafa famosa nos visitó durante el Mundial. Sino la de que los mexicanos ya éramos suficientes antes de que llegara.