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Cuando los antibióticos dejan de curar
Éctor Jaime Ramírez Barba | Columna Invitada
" Quiero escribir mi historia." Mallory Smith
Durante casi un siglo, los antibióticos han sido una de las grandes conquistas de la medicina moderna. Gracias a ellos, infecciones que antes eran sentencia de muerte pudieron tratarse; cirugías complejas se volvieron más seguras; las cesáreas, los trasplantes, la quimioterapia contra el cáncer y muchos procedimientos hospitalarios encontraron una red de protección frente a las infecciones.
Pero esa protección se está debilitando. La resistencia antimicrobiana es uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo. Ocurre cuando bacterias, virus, hongos o parásitos dejan de responder a los medicamentos diseñados para combatirlos. En palabras sencillas: los microbios aprenden a sobrevivir y los tratamientos pierden eficacia. Entonces una infección común puede prolongarse, complicarse, requerir medicamentos más caros, aumentar la estancia hospitalaria o, en los casos más graves, causar la muerte.
Este problema no es lejano ni abstracto. Afecta a niñas y niños, personas adultas mayores, pacientes hospitalizados, personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas, pacientes con cáncer, personas sometidas a cirugía y familias enteras que enfrentan infecciones cada vez más difíciles de tratar. También impacta al personal médico, que se ve con menos opciones terapéuticas frente a bacterias multirresistentes.
La resistencia antimicrobiana no se debe a una sola causa. Se alimenta del uso excesivo o inadecuado de antibióticos; de la automedicación; de recetas innecesarias para infecciones virales; de tratamientos incompletos; de infecciones asociadas a la atención hospitalaria; de malas prácticas de higiene; de la falta de acceso a diagnósticos oportunos; de productos apócrifos o de mala calidad; del uso inadecuado de antimicrobianos en animales y plantas; y de la contaminación del agua, el suelo y los alimentos.
Por eso, el enfoque debe ser integral. No basta con pedirle al paciente que no se automedique, aunque eso es indispensable. Tampoco basta con exigir mejores recetas, aunque la prescripción responsable es fundamental. La resistencia antimicrobiana es un fenómeno de salud humana, animal, vegetal y ambiental. Requiere una respuesta bajo el enfoque de “Una Salud”: si se usan mal los antimicrobianos en un hospital, en una granja, en una planta de alimentos o en el hogar, el riesgo puede terminar afectando a toda la comunidad.
Con esa visión presentamos una iniciativa para reformar y adicionar diversas disposiciones de la Ley General de Salud en materia de resistencia antimicrobiana. Su propósito es dotar de fuerza de ley a una política nacional permanente, coordinada y evaluable para prevenir y controlar este problema.
La propuesta establece que la prevención y el control de la resistencia antimicrobiana, así como de las infecciones asociadas a la atención de la salud, sean materia de la salubridad general. Esto es relevante porque sitúa el tema en el nivel que corresponde: como una prioridad nacional de salud pública, no como un asunto técnico aislado o dependiente de esfuerzos administrativos dispersos.
La iniciativa también propone que el Sistema Nacional de Salud tenga como objetivo coordinar y ejecutar las acciones de la Estrategia Nacional de Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana. Además, plantea que el Consejo de Salubridad General sea responsable de emitir y conducir dicha estrategia, así como de establecer mecanismos periódicos de seguimiento y evaluación.
Esta parte es esencial. México ya ha tenido avances, como la regulación de la venta de antibióticos con receta y la Estrategia Nacional de Acción contra la Resistencia a los Antimicrobianos. Pero el tamaño del reto exige pasar de los lineamientos y acuerdos a una arquitectura legal más sólida, con responsabilidades claras, coordinación entre la Federación y las entidades federativas, vigilancia, información, financiamiento y rendición de cuentas.
La reforma plantea acciones concretas: fortalecer la vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos; promover el uso adecuado de estos medicamentos; prevenir y controlar infecciones en unidades médicas y hospitalarias; mejorar la farmacovigilancia; garantizar acceso equitativo a medicamentos esenciales; incentivar la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos; impulsar diagnósticos rápidos, asequibles y precisos; y construir sistemas de información que permitan conocer con mayor claridad la situación de la resistencia antimicrobiana en México.
También incorpora un aspecto crucial: el monitoreo ambiental. La resistencia no vive sólo en los hospitales. Puede estar en el agua, el suelo, los alimentos y los animales. Por ello, si queremos enfrentarla en serio, necesitamos datos, vigilancia y coordinación con los sectores agrícola, pecuario, ambiental, académico, industrial y sanitario.
La iniciativa reconoce, además, la importancia de las campañas de concientización dirigidas a profesionales de la salud y a la población. El antibiótico no es un analgésico ni un remedio para cualquier malestar. No cura la gripa común cuando es viral. No debe compartirse. No debe suspenderse antes de tiempo. No debe comprarse sin indicación profesional. Cada uso innecesario abre una pequeña puerta a la resistencia.
Pero tampoco debemos simplificar el problema culpando sólo al paciente. Muchas personas se automedican porque no tienen acceso oportuno a consultas, diagnósticos o medicamentos de calidad. Otras reciben antibióticos sin confirmación adecuada porque el sistema no siempre cuenta con pruebas rápidas, laboratorios suficientes o protocolos claros. Combatir la resistencia antimicrobiana también implica fortalecer el acceso efectivo a los servicios de salud.
En el centro de esta discusión está la dignidad del paciente. Una madre que lleva a su hijo con fiebre merece un diagnóstico oportuno, no una receta automática. Un paciente hospitalizado merece medidas estrictas de prevención de infecciones. Una persona con sepsis merece que el sistema cuente con la capacidad de identificar el germen y tratarlo a tiempo. Un país entero merece que los antibióticos sigan funcionando cuando realmente se necesitan.
La resistencia antimicrobiana es una amenaza silenciosa porque no siempre se ve, pero sus consecuencias son contundentes. Puede convertir infecciones tratables en enfermedades graves. Puede encarecer la atención. Puede saturar hospitales. Puede realizar intervenciones más riesgosas que hoy damos por seguras. Y puede golpear con mayor fuerza a quienes ya viven en situación de vulnerabilidad.
Por eso legislar en esta materia no es un asunto secundario. Es proteger el futuro de la medicina. Es cuidar a las familias. Es anticiparnos antes de que la emergencia sea irreversible.
Los antibióticos son un bien común sanitario. Preservarlos exige ciencia, responsabilidad, regulación, presupuesto y conciencia social. Si queremos que sigan salvando vidas mañana, debemos usarlos bien hoy.
Referencias
[1] Éctor Jaime Ramírez Barba y el grupo parlamentario del Partido Acción Nacional. Iniciativa sobre resistencia antimicrobiana: https://gaceta.diputados.gob.mx/Gaceta/66/2026/abr/20260429-II-2.html#Iniciativa8.
Éctor Jaime Ramírez Barba (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de UNITE Parliamentarians Network for Global Health.
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