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Opinión

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Sobre el papel social empresarial

¿Qué ocurriría si las empresas respondiesen a algo más que la mera lógica del dinero? Habría mayor disposición para colocar los elementos people y planet por encima de la variable profit; se difundiría masivamente que la corrupción y las guerras son anti-valores; se promovería la conservación, buscando maneras de influir en las políticas públicas e invirtiendo en tecnologías limpias; se replantearían las prioridades económicas; se buscaría influir en el sistema político y se aprovecharía el sistema tecnológico. 

Tanto la cultura como los mercados despiertan lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. En este último sentido fomentan un individualismo extremo que diluye toda noción de solidaridad. Más allá de los aspectos material y natural, un efecto mucho más sutil de la empresa, pero igualmente poderoso, es el impacto moral.

Conforme la historia abrió las puertas a la libertad para emprender, millones de empresas construyeron un contexto mundial de abundancia relativa, aunque mal distribuida, caracterizado por el consumo hedonista y una idea individualista de éxito que dificulta generalizar el progreso, no tanto por falta de recursos como por su pésima redistribución desde las arcas públicas, así como la inviabilidad de generalizar los patrones capitalistas de vida y consumo.

En el mundo subsisten grandes carencias y desigualdades, así como actos generalizados de corrupción, amenazas naturales y económicas. Esta realidad coloca a las empresas como blanco de suspicacia o críticas, a veces fundadas, otras irracionales. Sostuvo Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, que el debate sobre el desarrollo debería centrarse en los valores cristianos del amor, el respeto y la solidaridad. 

Es patente que la falta de unidad de cualquier parte afecta al todo y la “destrucción creativa” del sistema amenaza con provocar su propia aniquilación. Esta es la verdadera “influencia del entorno” a la que las empresas responden, ávidas del bolsillo de los consumidores. El viejo sueño del progreso indefinido sólo puede ser retomado desde la moralización estructural del sistema. 

Movidas por el lucro, las empresas conforman un pujante sistema económico que a su vez impulsa, sin consciencia, un sistema social hedonista, individualista y ajeno al bien común. Ambos sistemas, el económico y el social, se alimentan mutuamente y terminan corrompiendo los entornos político y biofísico. 

Más que nunca resulta necesario diagnosticar hacia dónde nos conduce esta cultura post-moderna impulsada por el sistema-empresa, especialmente en un momento en el que despuntan las corporaciones de la nube, la des-materialización de la producción, el costo marginal cero y el crecimiento exponencial.

La pregunta de fondo es la medida en que las decisiones personales son realmente libres, bajo el yugo de una cultura individualista-egoísta fuera de control. Este diagnóstico conduce a repensar la ética como cimiento del ethos colectivo, alimentado por millones de empresas de manera semejante al viento que propaga incendios en los bosques, o desata tempestades en los océanos, pero que igualmente puede tornarse en brisa soleada y lluvia que alimenten una nueva era de prosperidad material y moral para la humanidad.

*El autor es profesor del área de Factor Humano en IPADE Business School.

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