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La Cultura de la Paz, Mediación y Justicia Transicional
Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos.
Papa Francisco
En todo el país aumentan las tensiones en diversos ámbitos de interacción social que afectan a cada vez más personas, más familias, más poblados y prácticamente a todos los sectores de la sociedad con espirales de violencia que se traducen en amenazas, cobros de derecho de piso, despojos, secuestros, asesinatos, masacres, tráfico de personas y desplazamientos forzados que han dejado miles de víctimas. Además, tenemos la polarización que propicia cada día el Presidente.
En diciembre de 2006 el gobierno inició la “guerra contra el narcotráfico” para combatir a los cárteles de las drogas. En 2019 el Presidente declaró que se había acabado dicha guerra y que "buscaría la paz", tristemente la violencia generada por el crimen organizado aumenta y se trata de una de las vertientes más violentas y destructivas del tejido social.
Además de que las autoridades están obligadas a hacer cumplir la Ley, a evitar la impunidad del crimen organizado y a combatirlo, existen varias opciones que conviene aprovechar para detener el deterioro del tejido social y propiciar su restauración.
Una de esas vías es la justicia transicional que, conforme a lo definido por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Centro de Investigación y Docencia Económicas, consiste en las actividades, los mecanismos y los procesos, por medio de los cuales se busca atender las causas, las consecuencias y el legado de fenómenos de violencia de alto impacto a gran escala. Es una forma de justicia excepcional para identificar y reparar violaciones masivas a derechos humanos con el propósito de estabilizar el tejido social que haya estado sometido, en el caso de México, a amenazas, cobros de derecho de piso, despojos, secuestros, asesinatos, masacres, tráfico de personas y desplazamientos forzados, entre otras violaciones.
Luego de que las autoridades, en cumplimiento a sus obligaciones, apliquen la Ley a quienes cometen los delitos mencionados y con ello se propicie una disminución de la violencia, la justicia transicional podrá contribuir en la disminución de delitos de alto impacto. Para su definición y ejecución sería indispensable una política de orquestación, con la que se puedan potenciar recursos al crear sinergias. Pero no debe olvidarse que no puede haber justicia si persiste la impunidad y no puede haber verdad sin reparación.
En un programa de gran calado de justicia transicional la mediación puede significar un factor importante en las acciones que se emprendan, como parte de un conjunto de acciones y recursos coordinados por el Estado para restaurar el tejido social.
El apuntalamiento de la justicia transicional con la mediación le dará una mayor efectividad, en un marco de justicia restaurativa. En particular la mediación asociativa será de gran utilidad al impulsar un cambio de cultura, visualizar una nueva concepción para la gestión y resolución de los conflictos centrando la atención en el fortalecimiento de la cultura del diálogo como poder único de interpretación del mundo que nos rodea.
Como hemos sostenido a lo largo de esta serie en El Economista, la mediación es un movimiento humanizador y democratizante que impulsa la cultura de la paz y propicia de manera creciente la solución sana de conflictos. Donde hay mediación, no hay violencia.
Debemos reconocer que el ambiente de polarización prevaleciente ha transformado a las personas en agentes que contribuyen, desde sus respectivos espacios de influencia, a fortalecer la práctica del abordaje destructivo de los conflictos. Urge revertir esa tendencia.
Ello se debe, en mucho, a las posiciones radicales, el egocentrismo y la agresividad que forman parte del quehacer cotidiano del inquilino de Palacio Nacional que ha contagiado a cada vez más sectores de la sociedad. No es casual que la polarización que genera el Presidente se traduzca en cada vez más fuertes ataques de quienes se han visto forzados a responder las agresiones.
Sería conveniente evitar las distracciones y evasivas para abordar los serios problemas que afectan al país, como la pérdida de territorio por parte del Estado ante el crimen organizado, que empuja el desplazamiento forzado de comunidades; la aparente ausencia de estrategias gubernamentales de seguridad pública; los problemas de salud pública, como la falta de medicamentos, y la crisis económica.
Insistimos en que uno de los pilares para actuar con visión de futuro es la utilización del diálogo para superar la polarización. Así mismo, el aprovechamiento de la mediación y de la justicia transicional puede propiciar de manera creciente la solución sana de los conflictos que agobian a todos.
En México las acciones de justicia transicional que se han practicado no han sido generalizadas, se han dirigido a la atención de tragedias específicas que han conmocionado al país y a la comunidad internacional. Como ejemplo está la organización de una “Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia” para esclarecer el caso Ayotzinapa.
Para poder aprovechar de manera amplia la justicia transicional debemos centrarnos, por ejemplo, en las miles de víctimas que ha dejado el conflicto armado conocido como “guerra contra el narcotráfico” y la posterior baja de guardia del gobierno, así se podría empezar a construir la verdad, la reparación y la restauración del tejido social.
Son tiempos de acabar con las disputas y de recordar que todos tenemos derecho a una vida sin violencia. Hagamos de cada conflicto una oportunidad para ser mejores y en consecuencia para consolidar la concordia.
Cuando hay conflicto en cualquier ámbito de interacción social es que algo no está funcionando bien y requiere de ser corregido o cambiado. Con la mediación se facilita la transformación de la confrontación en un proceso de construcción en la que participan las partes en disputa.
Las acciones del presente, así como las ideas sobre el pasado y el futuro, son el material con el cual ha de propiciarse la transformación del conflicto. Ello, sin pretender modificar el pasado.
Nuestra pretensión es la consolidación y expansión de la mediación, que es justicia consensuada, es democracia y es diálogo, es un poderoso vehículo para recuperar la paz.
Muchos nos sentimos abandonados, en una especie de páramo de soledad. Sin embargo, no estamos solos y entre más unidos estemos, seremos más fuertes.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd